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sábado, 28 de marzo de 2026

Del amor y la guerra: a 84 años de la muerte de Miguel Hernández

 

               Miguel Hernández y Josefina Manresa, foto tomada de internet sin ánimo de lucro

 

Del amor y la guerra: a 84 años de la muerte de Miguel Hernández

He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.
                               Fragmento de “Canción del esposo soldado”

Queridos amigos:

Hoy hace 84 años que murió el poeta de "Viento del pueblo", que es un canto de libertad, y de las "Nanas de la cebolla", que es un canto de amor. Y al poeta del amor no le gustaban precisamente las guerras:

Tristes guerras
si no es de amor la empresa.
Tristes, tristes.

Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes, tristes.

Tristes hombres,
si no mueren de amores.
Tristes, tristes.


Sin embargo, y ya que no podía evitarlas, pedía ir a ellas por un sentido del deber que, relegando y desgarrando sus sentimientos, antepuso a los besos y a las palabras:

Déjame que me vaya.
madre, a la guerra.
Déjame, blanca hermana,
novia morena.

¡Déjame!

Y después de dejarme
junto a las balas,
mándame a la trinchera,
besos y cartas.

¡Mándame!


No sabía el poeta de “El rayo que no cesa” que, ochenta y cuatro años después, el rayo que no cesa es justamente el triste rayo de las guerras.
 
*El poema “Tristes guerras” pertenece al “Cancionero y romancero de ausencias”. El poema “Déjame que me vaya”, de “Poemas sueltos”, es una letrilla de una canción de guerra. Ambos de Miguel Hernández.

Coda
Finalmente, en el año 1977 yo le dediqué el poema que dejo a continuación. Es mi pequeño y perenne homenaje.

VERSOS
A Miguel Hernández

Trozos de cárcel y pueblo,
filos de reja y espada...
¡Cuánto es el luto del hierro
tras las paredes de España!

Uno es el santo: lo negro;
una es la seña: la patria.
Dos es la sangre del pueblo,
tres es el pueblo que sangra.

¡Qué vas a hacer, compañero,
sino llorar por España!

Llora, Miguel, llora versos,
porque los versos son armas;
porque las armas...¡Secreto!
¡Que no lo sepa el que manda!

¡Cuánta razón es un preso
que hasta la muerte lo callan!
¿Hasta la muerte? Ya muerto
van a ponerte una guardia

¡Ojo al cajón, carcelero!
¡Ojo al cajón de las almas!

- ¡Alto a las sombras! ¿Quién vive?
- Un pelotón de palabras

- Digan el santo
- Lo eterno

- Digan la seña
- ¿No basta?

Leva, Levante, los vientos:
luto, cuchillo y espada.
Toro de amor, alza el cuello;
plántale al tigre la cara.

Mariano Estrada 
Del libro “Mitad de amor, dos cuartos de querencias” (1984)

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