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domingo, 8 de julio de 2012

El fuego y sus metáforas



Hace ya unos años


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El fuego y sus metáforas


Cuando yo era un pipiolín de ojos inocentes y de cara amorosamente risueña, me decían que si jugaba con el fuego me mearía en la cama. Luego supe que la cama era un buen lugar para jugar con el fuego. Claro que, entre estos dos momentos de la vida -en los que pude darme cuenta de que el fuego necesita del aire, o sea, del pulmón-, en algún lugar recóndito de mi inquisitivo cerebro se habían introducido la metáfora y el fuelle. El fuelle, imprescindible hasta hace poco en las hogueras del mundo, ha sido relegado por la modernidad y sus reconversiones a un elemento decorativo. Y la metáfora… Bueno, la metáfora es precisamente lo que a mí me ha permitido jugar con el fuego sin temor a los diluvios de la noche ni a sus ríos consecuentes y multiplicados ni a sus monumentales y variadas mojaduras.


El soplo

Si metiéndome en tus venas
germinara el fuego,
¿qué haría yo, sino bucear en tu sangre?

Y si es fuego de sol
lo que tu frente acaricia,
heme aquí, palabra tras palabra,
lamiéndote la piel hasta el incendio.

Pero... ¿qué viento te mueve
                         y hacia dónde?
¿En qué lugar desnudas tu paloma de agua?
¿Quién se asoma contigo
al soñado balcón de la caricia?

¡¡Nadie!!

¿Nadie?

¿Y qué ha de hacer un fuelle como yo
sino soplar en el vientre de la leña?
¿No es acaso la leña
       un fuego encendido en el futuro?

Del libro “Azumbres de la noche”

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios