Dentro de los límites de la razón, la
poesía y la filosofía pueden tener sus puntos de encuentro. Sin embargo, allí
donde la razón no llega y la filosofía tiene que detenerse o dar saltos en la
oscuridad y el vacío, a la poesía le crecen las alas. El mundo irracional es muy rico y los poetas se suelen mostrar incontinentes.
-O sea que el campo de la poesía es la intuición…
-Sí, en una buena parte. Los poetas son esencialmente intuitivos. Cuando el
poeta se pone a razonar se hace un poco filósofo.
-¿Y para qué sirve entonces la poesía? En la práctica, digo. Es obvio que se
puede vivir con ella, pero ¿se puede vivir de ella?
-Esa es una pregunta un tanto retórica. Es evidente que la poesía no da de
comer. Pero sí puede darnos de beber, que es algo indispensable para acompañar
la comida. En ese sentido, la poesía es un alimento para el espíritu, además de
un agua fresca donde lavar los sufrimientos y las penalidades.
-¿Eso no es perder el tiempo? Y si es así, ¿por qué sigues escribiendo poesía?
-Porque el hecho de escribir poesía conlleva un compromiso con la vida que el
poeta no puede eludir y que puede llegar a ser duro, ya que la aspiración a la
belleza discurre por caminos de honestidad. Y ya sabemos que la poesía, además
de lo dicho anteriormente, es una persecución desaforada de la belleza.
-Comprendo. ¿Algo que añadir?
-Pues sí, quiero exponer que después
de tantos años de inmersión y maridaje lírico, uno se da cuenta de que, al
final, la poesía es una forma de entender y de afrontar la vida.
Ahora que los castillos se derrumban y los ciudadanos nos sentimos tan
defraudados, es el momento de proclamar que la poesía no defrauda jamás. Esto
quiere decir que hay que poner los ojos en horizontes más líricos y las manos
en realidades más nobles, más humanas, más justas, más honestas.
Mariano Estrada 21-03-2026

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