En estos años de crisis, yo he tenido a mi lado a un
personaje de ficción que es como el grillo de mi conciencia.: la abuela
precavida. Un día me llamó un amigo y me dijo que andaba muy desanimado por
el cariz que estaban tomando las cosas. ¿Qué cosas? Le pregunté. Y él me
respondió: no sé, las cosas en general, la vida. Sentí que lo decía con
desgarro. Colgué el teléfono, me hundí en el sofá y me quedé completamente
abstraído. La abuela precavida me dio un toque en el hombro y me espetó: mira,
hijo: si quieres
saber cómo va el mundo, intenta contestar a esta pregunta: ¿dónde está el
cariño a los mayores, el respeto a los maestros, la admiración por la bondad o
la sabiduría de las personas? Volví a la realidad, cogí de nuevo el teléfono, llamé a mi amigo y le
dije: escucha, tú y yo no podemos cambiar las cosas, pero sí podemos ayudar
a que cambien: corre a darle un abrazo a tu abuelo, que se encuentra muy solo,
siéntate a su lado y devuélvele un poco del cariño que él te ha dado a ti.
Y yo me fui a saldar una deuda de admiración que tenía reprimida en un rincón
de la sangre.
Mariano Estrada, del libro Huellas de admiración (2022)
viernes, 6 de febrero de 2026
Consejos de la abuela precavida
miércoles, 31 de diciembre de 2025
Feliz Año Nuevo 2026
Feliz Año Nuevo 2026
Con motivo de la inminente llegada del Año Nuevo, les acabo de decir a algunas personas queridas: “Que tengáis un Año Nuevo venturoso”, “Que vuestros días sean todos felices” “Que el Nuevo Año venga cargado de salud y de felicidad”. Y lo cierto es que, estos días, palabras semejantes salen con frecuencia de nuestros labios para expresar nuestros deseos de felicidad. ¿Pero qué es la felicidad?
Pues bien, la felicidad -concepto al que el filósofo Gustavo Bueno llama cáscara vacía si se separa de su contenido original, que es el metafísico-, es algo sobre lo que los filósofos, los parlanchines e incluso algunos científicos, no se cansan de debatir, pero nadie ha podido demostrar que, más allá de determinados momentos de eufórica alegría, la felicidad sea algo que exista realmente. Lo que sí está claro que existe es el camino, variado y múltiple, por el que los humanos salimos repetidamente a buscarla. Porque, eso sí, el empeño de la felicidad lo tenemos todos muy dentro.
Y es verdad que todos la buscamos con más o menos ahínco, pero uno ya tiene recorrido como para saber que de la felicidad a la desdicha apenas median dos pasos, dos minutos, dos segundos, una pequeña variación en el camino del viento” ...
Por otro lado, yo soy
consciente de que los sentimientos a menudo son dolorosos, pero no lo soy menos
de que, al dorso de un dolor, puede haber un pámpano de felicidad. Felicidad que
no siempre buscamos en el presente, sino que podemos usar nuestros recuerdos
para traerla de algún lugar lejano del pasado. Por ejemplo, de los paraísos
perdidos, que están grabados a fuego en la memoria. El hecho de
traerlos al presente no acarrea daño ninguno. Al contrario, creo que los buenos
recuerdos alegran mucho el espíritu. A mí me sirven para reforzarme en las
ideas de felicidad y de inocencia. Lo podría resumir en esta frase:
“La felicidad pasada es una
fuente de nostalgias que, por unos instantes, vuelven a ser felicidad”.
Las personas mayores –y todos lo somos en potencia- tenemos muy presente que el tiempo va achicando los espacios de la ilusión y que cuando estos se agoten se habrá agotado la vida. Y la esperanza de una vida mejor, ¿acaso no nos anima y nos consuela? No sé, a los habitantes de este mundo (a una buena parte, al menos) se nos hace muy difícil recrearnos en paraísos en los que nunca hemos vivido. Por el contrario, la nostalgia nos suele llevar a la niñez, ese refugio de felicidad en el que no ha logrado entrar el descrédito. El paisaje de la niñez es el paisaje del corazón. Cuando este paisaje se destroza, el corazón se hace un charco de lágrimas en el que se ahoga la felicidad.
Si despojáramos la Navidad de la infinita parafernalia que la sostiene, encontraríamos un árbol en cada plaza que le diera cobijo a nuestras canciones, nuestras palabras, nuestros abrazos, nuestras alegrías y penas, nuestros afectos, nuestra generosidad, nuestra risa… Lo que tenemos, en cambio, es un desorbitado derroche de lucecitas que deslumbran con impudor los embobados ojos de la soledad.
El mejor de los deseos que podemos tener para que se cumpla en el año 2026, es que terminen todas las guerras que hay actualmente en el mundo. Y, por supuesto, que no empiece ninguna nueva. Eso acercaría la felicidad a muchísimas personas y, desde luego, evitaría millones de desgracias. Y, lo que es peor, millones de muertes.
En todo caso, Feliz año Nuevo a todos
Mariano Estrada, 31-12-2025
miércoles, 24 de diciembre de 2025
Feliz Navidad. Bon Nadal
¡Feliz Navidad! ¡Bon Nadal!
En estas dos palabras
se encierran un montón de significados
y de conceptos: amor, paz, felicidad, cariño, familia, juguetes,
regalos, niños,
turrones, invierno, frío, nieve, lumbre, alegría, fiesta… Pero hay algo
que
este año apreciamos especialmente por encima de todas esas cosas: ¡La
salud! Cuidémosla durante todos estos días de celebración en beneficio
de nuestro propio
futuro. La buena salud es, sin duda, lo que más nos conviene, el regalo
más
grande que les podemos hacer a nuestros niños. Porque la Navidad y el
futuro,
aunque sean en parte nuestros, son sobre todo de nuestros niños.
Mariano Estrada
jueves, 18 de diciembre de 2025
Curiosidades micológicas
Curiosidades micológicas
No hace muchos años, en la Comarca de la Carballeda zamorana (En Cuenca no lo sé) solo
se cogía un tipo de seta: el cucurril o cucumillo (Macrolepiota procera)
Y únicamente para el consumo personal o familiar. En la actualidad, el de las
setas es un negocio floreciente, aunque hay años en los que la sequía lo deja
completamente mustio. En cuanto a las variedades, que son muchas, las más
solicitadas y abundantes son, además del cucumillo: el boletus, el champiñón y
el níscalo.
Entre las setas no comestibles, abundan los “pedos de lobo” (Geastrum,
Lycoperdum, Calvatia, )… que en algunos lugares reciben el nombre de
cacaforras… Por cierto, nunca he tenido claro si los lobos, cuando bufan por la
retaguardia, espolvorean. Pero si no lo hacen, ¿a santo de qué ese nombre? Por
lo que a mí se refiere, prefiero llamarlas cacaforras, porque es un nombre
sonoro y porque así se llamaban cuando yo jugaba con ellas de niño. ¿Has dicho
jugaba? Sí, son como pequeños balones de fútbol que, al irles dando patadas por
prados y praderas, explotan y se derraman en un polvo marrón (esporas) que, a
lo que parece, tiene ciertas analogías con los pedos reales de los lobos. Y
digo yo: además de aire, ¿qué otra cosa llevan los pedos de los lobos para que
puedan ser detectados por el ojo humano? ¿Alguien ha visto alguna vez un pedo
real de lobo?
Mariano Estrada
miércoles, 10 de diciembre de 2025
La voz
Los días te duelen,
Del libro Mitad de amor, dos cuartos de querencias (1984)
lunes, 8 de diciembre de 2025
Luna de Nochebuena. Un poema de Mariano Estrada recitado por Esther Abellán
Este poema es como El tamborilero de Raphael. Lo cuelgo todos los años por Navidad
Por el hueco estrecho
de la chimenea,
se coló la luna
de la Nochebuena.
Esparció sus rayos
por la casa entera,
pero nadie había
que pudiera verla.
Recaló en los cuartos,
traspasó las puertas;
pero no vio nada,
nada, sino pena.
Polvo en los escaños,
polvo en la alacena,
polvo en la tarima
del hogar sin leña.
Y la luna triste
de la Nochebuena
preguntó a las cosas
la razón cuál era.
Pero ¡ay! las cosas,
tan calladas ellas,
se quedaron mudas
tras su polvoriencia.
En la luz difusa
de la aurora, mientras,
se perdió la luna
de la Nochebuena.
Y quedó en la casa
su constante piedra;
fría, como siempre;
sola, pero bella.
Mariano Estrada.
Del libro Tierra conmovida (1987)
Incluido en la Antología poética publicada recientemente (2025)
sábado, 29 de noviembre de 2025
Fecundidad

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