Una historia de amor, dedicado a Manuel de la Calva, del Dúo Dinámico
En realidad, este poema lo escribí para Ramón Arcusa,
pero hoy se lo dedico a Manolo, su compañero del alma, porque, aunque sea de
una forma tangencial, es Manolo el que aparece en la historia en la que el
poema se fundamenta. Historia que escribí unos años después de haber escrito el
poema, pero el poema, a su vez, fue escrito pensando en esta historia. ¿Complicado?
No, solo hay que seguir con orden los pasos.
Por cierto, se trata de una historia
real y yo era uno de los dos protagonistas. Bueno, la verdad es que la protagonista
era ella, la chica que me había anulado la voluntad y me había llenado de luces
el corazón. Yo era el perrito enamorado que, cogido a su cintura, se proclamaba
feliz y meneaba gustosamente la cola.
Tanto el poema como la historia
están recogidos en el libro Poecanciones de amor, escrito en el año 2004,
publicado en el 2013 y presentado en el colegio Virgen del Camino, León, donde
estudié de niño y adolencente.
Anécdota en el Benidorm Palace:
Un día, visitando en el camerino a la
familia dinámica, le ofrecí el libro a Manolo. Y este lo abríó justamente por
la página en la que el camarero me decía: “Eso es, Manolo, te pareces a Manolo”.
Él se sorprendió, naturalmente. Y yo también. Si lo hubiera repetido cien veces,
no le hubiera vuelto a salir. Hay cosas que salen por casualidad, y esta fue
una de ellas.
Leed, leed la historia…
La historia es esta:
Nunca he visto a nadie tan impresionado por un vestido
rojo como el camarero que, antes de aquella cena íntima e inolvidable, nos
sirvió dos martinis secos en la barra del bar. Es verdad que ella era más guapa
que ninguna de cuantas habían contemplado sus ojos hasta entonces, y que su
fulgurante aparición le pilló un tanto en la inopia. El hombre me había visto
allí solo tanto tiempo que le vino a dar lástima de mí. De hecho, empezó a
mirarme a hurtadillas y con cara de rumiar en sus adentros: “este panoli…”
- ¿Puede darme fuego? –le dije,
aprovechando una de esas miradas compasivas.
-Pues claro, muchacho –respondió-.
¿Esperas a alguien?
-Sí, a una chica.
- ¿Y cómo estás seguro de que
vendrá, si llevas de plantón cerca de una hora?
-Porque hemos quedado, simplemente.
-Pues yo no la esperaría ni un
minuto más.
-¿De veras?
-De veras.
- ¿En ningún caso?
-En ninguno. Vamos, tendría que ser
Raquel Welch. No habrás quedado con ella, ¿verdad?
-Evidentemente, no.
-Lo suponía.
- ¿Cómo dice?
-Digo que Raquel Welch solo hay una
en el mundo. Bueno, hay dos. La otra se llama Úrsula Andress. Pero tampoco
habrás quedado con Úrsula Andess, ¿a que no?
-Tampoco, aunque a ésta, al menos,
se le parece.
-Ya, y tú eres el doble de James
Dean, por lo que intuyo.
-Exactamente. ¿Y cómo lo ha intuido?
-Porque en diez años que llevo en
este local no he tenido ocasión de ver a muchos guapos famosos, si descontamos
a Alfredo Landa. El primero eres tú, ya ves. Pero no te pareces a James Dean,
precisamente, sino a uno del Dúo Dinámico. ¿Cómo se llama?
-Manolo.
-Eso es, Manolo. Te pareces a
Manolo…
Ese fue el momento en el que ella
hizo su entrada con majestad, y fue también entonces cuando al camarero se le
tiñeron los ojos de un rojo sublime. Y no sólo por el vestido que llevaba, que
era largo y caído, como las ramas de un sauce en primavera, sino también por
los golpes atropellados que le enviaba su excitado corazón.
Tras las primeras impresiones, y al tiempo que dejábamos el bar para dirigirnos
al restaurante, se las ingenió para descargar en mis oídos esta rendida
confidencia:
-Rectifico, chaval, yo también la
hubiera esperado. Y no una hora de nada, como tú, sino toda una eternidad.
La frase es apropiada para
satisfacer la vanidad durante todo un curso completo. Sin embargo, yo estaba
tan aturdido por el amor que, de haberse derrumbado el restaurante, hubiera
emergido ileso entre los cascotes. Con ella a mi lado, por supuesto. Enamorados
y juntos para siempre.
El poema:
Una noche de amor
Una cita. Las diez. Un restaurante.
Un rincón en el fondo. Una balada.
Y nosotros sentados a una mesa
con dos velas, dos copas, dos miradas.
Ofreciendo los ojos a los ojos
hicimos que la noche se llenara
de burbujas de vino y de silencio,
de sonrisas en labios de manzana,
de erupciones de piel interminables
y bocas en ausencia de palabras.
Salimos a bailar y al abrazarnos
lo hicimos con la fuerza de las brasas.
Como juego de manos, mil caricias,
como hiedras del cuerpo, dos tenazas,
y por hilo de amor un sentimiento
sin resquicios ni grietas ni distancias.
Desgranando los besos como espigas
recorrimos la noche hasta gastarla.
Una luna muy alta nos bendijo
y empujó nuestros cuerpos hacia el alba.
Mariano Estrada.
Del libro Poecanciones de amor (2013)
Superlativamente hermoso el poema, Mariano, y no menos interesante lo que lo rodea, como cuento que viene al caso. Un abrazo. Victoria
ResponderEliminarMuchas gracias, Victoria. Si el poema es hermoso es porque fue hermosa la historia que lo rodea. Por eso la cuento. Me alegro de que te guste.
ResponderEliminarLa anécdota también fue real. Después del concierto hablé una media hora con Manolo y me animó a que escribiera un Thriller.
Un fuerte abrazo