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martes, 8 de mayo de 2012

Zamora



Zamora ciudad, panorámica desde el Duero. Foto M Estrada



Zamora,
trallazos tengo en el alma
de verte en sombra.
Por ti me corre la sangre
de noche en noche,
caliente y roja.

Por ti, Zamora.
Por tus racimos de piedra,
de trigo y uva,
de espino y mora.

Herido tengo el caballo
Por donde trota.

Zamora,
mi carne es tierra futura
de cerro y loma.
De surco amargo y sudado,
de barro y loza.

Te tengo aquí, donde suena
un canto estricto
de alondra.
Aquí, Zamora.
en los latidos del pecho,
en esa víscera honda.
En esa lágrima lenta
que de los rumios
me brota.

Zamora,
te río a trozos,
te lloro toda.
Te acercas tanto a mi ausencia
que por las noches me tocas.
Me oprimes con los dogales
y con las sogas.
Con los rastrillos que pinchan,
con las guadañas que cortan.

Rueda de carreta, casa de Tere Estrada. Foto M. Estrada

Zamora.
Carreta pausa de vacas,
costana rota.
Solana a charcos de lluvia
y rana verde que croa.

Y río y fuente y laguna.
Y secarral.
Y roca.

Lago de Sanabria. Foto M. Estrada

Zamora, lana de oveja,
paloma torca.
Serpiente de agua y leyenda:
¡me ahogas!
Me ahogas bajo tus yugos,
bajo tus hoces filosas.
Bajo las muelas de piedra
de las tahonas.

Mellado tengo el cuchillo
por donde corta.

Zamora,
a mí me pesa tu esencia
más que tu historia:
tu vida, tus labradores,
tus menesteres,
tus cosas.

Zamora, sudor de arado,
agreste surco de moza.
navaja y pan y tocino
que engorda.

Herido tengo el caballo
de lejanías, Zamora.
Con grillos y cabezadas,
atado a estaca y a soga.

Del libro Tierra conmovida (1987)

Este poema fue premiado en el concurso Ignacio Sardá, de Carbajales de Alba (Zamora) de 1986.

Panorámica de Muelas de los Caballeros, Zamora. Foto M. Estrada

sábado, 13 de agosto de 2011

Tanto abatimiento

Foto tomada de internet sin ánimo de lucro



Tanto Abatimiento


Yo llegué a la cita con la intención de que pasáramos una tarde en el cielo, pero el cielo había dispuesto que tú  te vistieras de tristeza. Te tomé de la mano y nos sentamos en un banco del parque. De frente estaba el mar y en las ramas frondosas de los árboles cantaban alegremente los pájaros. Tardaste mucho en hablar porque tenías el corazón ahogado en la garganta. Y cuando al fin quisiste hacerlo, las lágrimas te cayeron de los ojos en forma de lluvia interminable. La noche nos llegó, irremediablemente, cuando todo estaba encharcado. Pero eso fue después, el poema recorre únicamente los abatidos espacios del dolor, en los que solo había preguntas.

Un abrazo


Tanto abatimiento.


Tanto abatimiento
-que va contra el oráculo del dios-
¿a qué responde?

¿A qué responde esa mueca
            terriblemente volcada?
¿Quién ha sellado tus labios
            con esa laña de espino?
¿Qué influencia limita con tu ceño?

¿Sobre quién recae el crimen
de que tus ojos se hundan
          en este eclipse de vida?

Del libro “Azumbres de la noche”

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios