Panorámica de Muelas. Foto de Fernando Medrano, tomada desde El Piñedo
Alborada en Muelas de los Caballeros
¿Cómo no recordar aquellos amaneceres de Muelas, en los que la vida
afloraba del oscuro agujero de la noche? Los destellos rojizos de la
aurora, los humos incontinentes de las chimeneas, propagadores del
inicio de la actividad; los alargados flecos del ruido sobre aquel
silencio hondo que se resistía a languidecer, el pausado despertar de
los ganados con sus esquilas multiplicadas de latón y hueso, el canto de
los gallos, pertinaz, insobornable, repetido... Y, sobre todo ello, la
voz larga del bronce: los toques familiares de las campanas que,
puntualmente, se incorporaban a la vida de los vecinos con la misma
naturalidad que los primeros rayos del sol. Tocan a concejo, tocan a la
vecera, tocan a misa… Tocan a despertar.