María y Daniel, mis padres
¡FELICIDADES A TODAS
LAS MADRES!
Porque son depositarias de un amor puro y duradero.
Cuando mi madre murió quedaron vacíos todos los rincones de la casa, pero en mi alma se multiplicaron los recuerdos. Con ellos escribí un libro que se titula “Hojas lentas de otoño”. Estábamos a ocho de noviembre de 1994. Las hojas caían con tanta lentitud que han pasado 31 años y no han tocado el suelo. Lo harán cuando nosotros, sus hijos, nos reunamos con ella.
Un poema del libro
Regreso al amor
Desde esta larga calle,
que cuenta las distancias
por miriámetros o constelaciones,
y al ritmo de esta luz
que contrapone a la razón
sus trenes de ida y vuelta,
yo regreso al calor
de una paciente casa.
Allí, junto a los claros
espejos de la lumbre,
participo del ámbito
querido de un hogar humilde.
Y vuelvo a los escaños del amor,
a los silencios de ceniza,
las trébedes, el llar,
los vértigos alados de la rueca...
Así retorno al vino
de la conversación, el beso
del tiempo y de la sangre,
quizás la concordancia
plena del alma y el espacio.
Y cabalgo en las íntimas querencias
que, al dorso del dolor,
ignoran las espadas de la muerte.
Mariano Estrada
Del libro Hojas lentas de otoño (1995)
Premio Ciudad de Torrevieja 1997

