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sábado, 15 de diciembre de 2012

Animales en el corazón, nuevo libro de Mariano Estrada

  
Portada del libro. Foto Mariano Estrada


Animales en el corazón
Nuevo libro de Mariano Estrada en la editorial Obra Propia


Para adquirir el libro podéis entrar aquí:
http://www.obrapropia.com/Obras/1086/ANIMALES-EN-EL-CORAZON


Una mirada a las fuentes. A manera de prólogo

Para situar adecuadamente a los lectores, quiero decir un par de cosas. Primera: en el tiempo y lugar en que yo fui niño, la vida de las personas era inseparable de la vida de los animales. Segunda: la casa de mis padres era tan grande que los habitantes de la ciudad casi no pueden ni imaginarla.

martes, 3 de abril de 2012

Mixtura de paisajes



Paisaje de almendros y de olivos, Relleu, Alicante. Foto M. Estrada

Es verdad que los niños tendemos a creer
que todo es para siempre.
Por eso yo creía que los árboles
eran eternos, como las montañas,
pero he visto que no, que los mayores
despliegan mucho ingenio
para que todo se complique,
e incluso se confunda,
causando muchos males a la  naturaleza.

Fragmento del poema “Visión de la naturaleza”
Por y para los niños.

viernes, 9 de septiembre de 2011

¿Somos contradictorios?

Imagen tomada de internet sin ánimo de lucro


¿Somos contradictorios?

No es la primera vez, ni creo que sea la última, que una persona se define a sí misma con términos contradictorios. Yo lo he hecho así: Soy astilla de fuego / copo de nieve / pelo cano de hombre / risa de nene. Sin embargo, paradójicamente, a menudo me he expresado de manera absolutamente categórica, sin asomos de duda, con palabras contundentes y precisas, con ideas suficientes y acabadas.

Fue Walt Whitman, el autor de Hojas de hierba y poeta de la naturaleza y de la libertad, quien dejó este asunto muy claro: ¿Me contradigo? Muy bien, entonces me contradigo (Soy enorme, contengo multitudes). Que es un modo de darle la vuelta a las cosas, es decir, reconocer la contradicción en la que uno se desenvuelve todos los días, pero no como desdoro, sino como enriquecimiento o grandeza; no como denigración, sino como alabanza. Aglutinar es mejor que separar. Ser esto y aquello es mejor que ser esto o aquello.

Y aunque no aceptamos con gusto que nos lo echen a la cara, lo cierto es que somos un manojo de contradicciones. La naturaleza humana se empeña en afirmar lo que antes ha negado, a veces, incluso, negando al mismo tiempo que afirma. Donde ahora me afirmo / vuelvo a negarme / Y pendulo entre extremos / equidistantes. Porque, al fin y al cabo, la afirmación y la negación, ¿no son dos caras de una misma moneda? La razón nos dicta una cosa, pero el corazón no se atiene a razones, sino que va por libre ¿Por qué, si no, amamos a una persona cuando la razón nos está diciendo, a veces con meridiana claridad, que esa persona no nos conviene?

Sabemos que no es bueno excederse con el alcohol, pero nos excedemos. Sabemos que no es bueno fumar, pero fumamos. … ¿Por qué fumamos, señora Ministra? “¿Fu man chú?” “Yo chí ¿y chú?” Reconocemos que “No es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita”, pero todos nos empeñamos en acumular y rodearnos de un montón de servidumbres y de necesidades ¿No es verdad, queridos notarios y registradores? ¿No es verdad, agentes inmobiliarios, fabricantes de automóviles, propietarios de grandes almacenes y de pequeña bisutería? ¿No es verdad, productores de potingues interminables y de cosmética vana? ¿No es verdad, señores banqueros? ¿No sois vosotros beneficiarios de tanto atesoramiento con hipoteca?

En fin, no creo que sea necesario insistir en algo que parece tan obvio. Yo tiendo a creer que, en la intimidad de cada uno, todos hablamos catalán y comprendemos a Whitman. Dejo aquí una muestra explícita de que quien esto escribe reconoce sus contradicciones, si no en las discusiones acaloradas -en las que llegamos a ser excesivamente apodícticos-, sí en los reposados momentos que empleamos en escribir una reflexión o un poema. Éste, por ejemplo:

Flor y hueso

Del libro “Vientos de soledad” (1984)

Por una parte flor, por otra hueso,
a veces cocodrilo, otras venado,
mantengo entre lo seco y lo mojado,
un labio en el mordisco, otro en el beso.

Y voy, como la duda, libre y preso,
lo mismo a lo banal que a lo sagrado;
un paso de mi andar a cada lado
del linde entre la vida y el deceso.

Un ojo a la carencia, otro al exceso,
tan pronto libertad como candado,
lo espeso por aquí, allí lo adrado.

Que soy, como la vida, pluma y peso,
orgullo y humildad, virtud, pecado
y lobo en la mitad, mitad ganado.

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

sábado, 7 de agosto de 2010

Embestidas, mordiscos y picaduras

Rosa, en la huerta.  Muelas de los Caballeros


Embestidas, mordiscos y picaduras

A Rosa,
en cuya sangre se ceban los mosquitos.

Mira una vaca ¡qué susto!
¡qué miedo, mira una víbora!
Decidme, sustos y miedos:
¿quién desplumó a las gallinas?