Amanecer en El Campello, Alicante. Foto de Javier Sánchez
La mañana
Porque después hay calor.
La mañana es un beso de ternura. Hay cristales de agua sobre las ramas de los árboles, hay vida en la luz que se derrama sobre las hojas y, poco a poco, va tomando cuerpo. Es decir, crece. Y su crecimiento va secando el rocío que, durante las últimas horas, había dado aliento a la yerba.
Porque después hay calor.
La mañana es un beso de ternura. Hay cristales de agua sobre las ramas de los árboles, hay vida en la luz que se derrama sobre las hojas y, poco a poco, va tomando cuerpo. Es decir, crece. Y su crecimiento va secando el rocío que, durante las últimas horas, había dado aliento a la yerba.

