
Almendros en flor. Foto tomada en El Charco, Villajoyosa
Queridos amigos: os vuelvo a mandar este poema, que es viejo reviejo (fue publicado en 1986), porque la inefable y queridísima Mar lo ha recreado a la manera que solo ella sabe. He incluido el enlace en la entrada de San Valentín, que si no recuerdo mal suele ser los 14 de febrero de cada año, sea o no bisiesto. Supongo que a los enamorados les dará lo mismo el 14 de febrero que el 25 de mayo. Es más, el 25 de mayo se sentirán más proclives a echarse en los brazos de cupido, porque la primavera altera todas las sangres, incluida la de los pájaros. Son innumerables los que estoy oyendo cantar a través de la ventana. Ellos se sienten libres para gozar y se posan en los ficus, en el hibisco, en las palmeras, en las adelfas, en los almendros, en las buganvillas, en el limonero, en el ciprés de punta redonda y ocho metros de altura que parte de la base del salón y sobrepasa holgadamente el techo del dormitorio. A menudo se posa allí una tórtola para mirar al horizonte, a la montaña o al mar. Y se queda un rato quieta, esperando a ese tórtolo llamado Valentín, con el que va a tener el primer amor de su vida.
Y es que las cosas no han cambiado tanto como parece.
Un abrazo
Ver PPS de Mar
http://cid-b9547652472c3167.office.live.com/self.aspx/.Documents/Mar%5E_Elprimeramor%5E_C-.pps
Día de San Valentín. El primer amor
Queridos amigos:
De sobra sabemos que el día de San Valentín es sobre todo un negocio, pero nosotros somos ingenuos todavía y vamos a seguir creyendo que, de verdad, hoy es el día de los enamorados.
Only sólo.
Os propongo que dejéis, como comentario, un poema que, de una u otra forma, haya hecho tilín en vuestro corazón.
Yo empiezo la serie con este soneto que rescato de las cavernas del olvido: lo escribí hace muchos años y se refiere a una época en la que yo era un capullo sin abrir y me quedé completamente colgado de una flor hermosa que exhibía ante mis ojos toda la exuberancia del mundo. Y toda la ingenuidad.
Un abrazo
EL PRIMER AMOR
A la sombra de un árbol florecido,
anterior a la fruta o al pecado,
me propuse morir, aunque he vivido,
además de vivir enamorado.
Por los ojos al cielo fui llevado
con amor que en la tierra no ha crecido,
y en la tierra caí, sin haber sido
ni labriego ni reja del arado.
En el polvo me vi comunicado
a la flor de una tierra con ombligo
que madura en el vientre lo sembrado.
Pero quise morir envenenado
a la sombra de un árbol florecido
que apuntaba un amor aún no probado.
Del libro “El cielo se hizo de amor”
Mariano Estrada
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