Montiboli, Villajoyosa
Te hablaría del infierno, si supiera.
Pero yo, constante humo,
me he esparcido en el aire y
ya ves, ya ves...
Sólo se hablar de la rosa.
Pero yo, constante humo,
me he esparcido en el aire y
ya ves, ya ves...
Sólo se hablar de la rosa.
El futuro está en las rosas
El título de uno de mis blogs, “El futuro está en las rosas”, ha suscitado comentarios de diversa índole: unos aquiescentes y/o admirativos, otros irónicos y/o escépticos. Es a estos a los que yo, después de analizarlos e interiorizarlos, les he puesto el signo de interrogación: ¿se puede afirmar en serio que el futuro está en las rosas? ¿Quiere decir que vamos a ser todos jardineros, y aún jardineros del rey? ¿Cómo se puede depositar el futuro en algo tan evanescente, delicado e improductivo? ¿Puede proponerse lo efímero como solución a los grandes problemas que nos aquejan, sin causar asombro ni risa? ¿No es una ligereza verbal, un atrevimiento desmesurado, una simpleza inaudita? ¿No es una frase retórica? ¿No es simplemente un signo de la estupidez humana, que se asienta en la falta de razón o en los delirios producidos por la locura? Y la locura, ¿no tiene algo que ver con el distanciamiento de la realidad, bien sea a través de los sueños, del misticismo o de la poesía?

