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martes, 2 de agosto de 2011

El futuro está en las rosas


Montiboli, Villajoyosa

Te hablaría del infierno, si supiera.
Pero yo, constante humo,
me he esparcido en el aire y
ya ves, ya ves...
Sólo se hablar de la rosa.


El futuro está en las rosas

El título de uno de mis blogs, “El futuro está en las rosas”, ha suscitado comentarios de diversa índole: unos aquiescentes y/o admirativos, otros irónicos y/o escépticos. Es a estos a los que yo, después de analizarlos e interiorizarlos, les he puesto el signo de interrogación: ¿se puede afirmar en serio que el futuro está en las rosas? ¿Quiere decir que vamos a ser todos jardineros, y aún jardineros del rey?  ¿Cómo se puede depositar el futuro en algo tan evanescente, delicado e improductivo? ¿Puede proponerse lo efímero como solución a los grandes problemas que nos aquejan, sin causar asombro ni risa? ¿No es una ligereza verbal, un atrevimiento desmesurado, una simpleza inaudita? ¿No es una frase retórica? ¿No es simplemente un signo de la estupidez humana, que se asienta en la falta de razón o en los delirios producidos por la locura? Y la locura, ¿no tiene algo que ver con el distanciamiento de la realidad, bien sea a través de los sueños, del misticismo o de la poesía?

sábado, 2 de julio de 2011

¿En qué me apoyaré?


Rosa



¿En qué me apoyaré?

¿En qué me apoyaré, mujer,
cuando el olvido prorrumpa en la memoria
y no haya un vendaval
que me alimente la brasa?

¿Adónde he de beber
si las arenas me pretenden
y el hontanar está seco?

¿De se llenarán mis pensamientos vacíos?

¿Y quién me escuchará
cuando mis labios ya no tengan preguntas?

¿Tal vez me dejarás a la intemperie
si no construyo otra casa?

¿Y cómo, cómo hacerlo?
¿Ignoras que el amor, si no es amor,
es fuego que destruye la madera?

Del libro "Azumbres de la noche"

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

sábado, 23 de abril de 2011

La rosa


El Montiboli, Villajoyosa

La rosa

En la clase había alumnos de varias profesiones y creencias. Todos eran mayores y trabajaban, al menos, ocho horas al día. Pero estaban allí porque querían mejorar el estatus, aunque algunos de ellos no supieran muy bien lo que era el estatus.
     -Maestro-dijo de pronto el soñador- quiero que nos hables de la rosa
     -¿Qué rosa, muchacho? –respondió el maestro un tanto escépticamente. Y añadió- ¿La del jardinero, que la cultiva? ¿La del revolucionario, que la persigue? ¿La del poeta, que la canta? ¿La del místico, que la espiritualiza? ¿La del transido por una espada de amor, que la convierte en una baba constante y objetivamente indigesta?