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miércoles, 2 de mayo de 2012

Platero y una niña sin dientes. Y dos más.


 
Charo y el burrito Platero, Muelas de los Caballeros, Zamora, 1965

Platero y una niña sin dientes

Cuando yo era un muchacho barbipungente y mi hermana pequeña era realmente pequeña, nació un burrito en las cuadras de la casa familiar al que bautizamos con un nombre famoso: Platero. No le pedimos permiso a Juan Ramón porque el apellido no iba a ser Jiménez, sino Estrada. Creció con mucho mimo, se sentía uno más de la familia, jugaba con nosotros y creo que a veces se reía porque a mi hermana le faltaban dos dientes. Pero, claro,  mi hermana se reía también porque Platero tenía las orejas muy grandes. Así que estaban en paz. Ella le abrazaba y él se dejaba abrazar y recibía gustosamente sus mimos. Era presumido y tenía el pelo sedoso, como la lana de los corderos lactantes, como la piel de los albaricoques en los atardeceres de la primavera.