Charo y el burrito Platero, Muelas de los Caballeros, Zamora, 1965
Platero y una niña sin dientes
Cuando yo era un muchacho barbipungente y mi hermana pequeña
era realmente pequeña, nació un burrito en las cuadras de la casa familiar al que
bautizamos con un nombre famoso: Platero. No le pedimos permiso a Juan Ramón
porque el apellido no iba a ser Jiménez, sino Estrada. Creció con mucho mimo,
se sentía uno más de la familia, jugaba con nosotros y creo que a veces se reía
porque a mi hermana le faltaban dos dientes. Pero, claro, mi hermana se reía también porque Platero
tenía las orejas muy grandes. Así que estaban en paz. Ella le abrazaba y él se
dejaba abrazar y recibía gustosamente sus mimos. Era presumido y tenía el pelo
sedoso, como la lana de los corderos lactantes, como la piel de los
albaricoques en los atardeceres de la primavera.
