El Charco, Villajoyosa
Hay sueños que florecen en
febrero
Hacía un día espléndido y
caluroso. Llevaba más de dos horas caminando y estaba un poco cansado. Me
recosté sobre el tronco de un olivo que olía a eternidad. Me quedé traspuesto,
soñé… Veía un campo de almendros con algún que otro olivo, tal vez con la
memoria de algún que otro olivo. El suelo estaba cubierto de hierba y era
verde, o era más verde que marrón o que gris. En todo caso, era un suelo
hermoso que me daba a entender que había llovido bastante, no aquel día, sino
unos días atrás. La lluvia sucede siempre en el pasado, dijo Borges, incluso
cuando te está mojando en presente.


