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miércoles, 4 de julio de 2018

Palomas desprendidas de un alero de barro


Mariano Estrada, en la plaza de san Marcos, Venecia, sep. 1975


Palomas desprendidas de un alero de barro

Iban a volar incontenibles.
Para eso nacieron.
En vano las codiciaba la muerte.

Una de las cosas que quisiera conservar de por vida es la capacidad de sentir: condición que creo suficiente para andar por este mundo con el pecho descubierto, evitando no sólo las abulias e hipocondrías, sino también los estímulos bastardos o artificiales.

jueves, 15 de abril de 2010

Palomas desprendidas de un alero de barro


M. Estrada. Plaza de San Marcos. Venecia, 1975

Palomas desprendidas de un alero de barro

La palabras que dejo a continuación, en cursiva, pertenecen a un pequeño prólogo del libro “Palomas desprendidas de un alero de barro”, incluido en “Azumbres de la noche”. Fueron escritas en las proximidades del año noventa. No es un texto del que, formalmente, me sienta especialmente orgulloso, sino que tira más bien a normalito. Lo que sí me parece destacable es que, a pesar de haber cruzado yo la barrera de los sesenta años, hoy podría afirmar exactamente lo que en ellas se afirma. Y es que, para bien o para mal, hay cosas que uno no puede elegir, sino que, invocando una vez más a JL Borges, son ellas las que eligen por uno.