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miércoles, 4 de julio de 2018

Palomas desprendidas de un alero de barro


Mariano Estrada, en la plaza de san Marcos, Venecia, sep. 1975


Palomas desprendidas de un alero de barro

Iban a volar incontenibles.
Para eso nacieron.
En vano las codiciaba la muerte.

Una de las cosas que quisiera conservar de por vida es la capacidad de sentir: condición que creo suficiente para andar por este mundo con el pecho descubierto, evitando no sólo las abulias e hipocondrías, sino también los estímulos bastardos o artificiales.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Del agua que somos a la gaseosa del vino


 El Charco, Villajoyosa. Foto MEstrada


Del agua que somos a la gaseosa del vino

-¿Por qué dijo el Señor: Polvo eres y en polvo te convertirás, si sabía muy bien que éramos agua?
-Bueno, los científicos están diciendo últimamente que estamos hechos de barro…
-¿Últimamente? Pues vaya novedad…
-Es que el barro se hace con tierra y con agua. Es decir, con polvo, con arcilla y con agua.
-¡No me digas! Y eso… ¿desde cuándo?

martes, 13 de agosto de 2013

La aldea




Justel, Zamora. Foto Mariano Estrada

Este poema fue escrito en 1972, pero su publicación no se produjo hasta 1984,  que es cuando publiqué mi primer libro, titulado Mitad de amor, dos cuartos de querencias. Estaba muy reciente la sangrante herida de la emigración, que yo reflejé de este modo sencillo.

La aldea

Se fueron los hombres,
dejaron la aldea.
Y queda un anciano
que vaga
las calles desiertas.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Del dolor de la muerte: van cayendo las hojas




Lago de Sanabria. Foto tomada en internet sin ánimo de lucro


Del dolor de la muerte: van cayendo las hojas

Fluye de lumbres recordadas
un sahumerio de amor, un vaho
dulce que brota en la ceniza...

Del dolor de la muerte

La relativización, la temperancia, el desapego... son algunas cosas que, a cambio de juventud, nos van dando los años. Desde ellas, y llegado el momento, se puede razonar el dolor de la muerte, aceptando con serenidad que nada es del todo.

domingo, 29 de abril de 2012

Amar


 Foto tomada de internet sin ánimo de lucro

Amar

Caer en un preludio digital
y abandonarse del todo a la caricia.

Abrir el codicilo de la noche
y heredar la sombra.

domingo, 15 de abril de 2012

El viaje



Rosa y Mariano, Italia 1975


Viejos tiempos, viejas fotos, viejos poemas…


Visita en Facebook la página “Propósitos adversos”


El viaje

1

Me subí a las alas
de mis pensamientos
para ir, sin rumbo,
donde fueran ellos.

Y ellos me llevaron,
en gozoso vuelo,
por llanuras anchas
del color del cielo.

Y por hondos valles
de arbolado denso,
y montañas altas
y un camino extenso.

El camino largo
que hay detrás de un beso,
con amor constante,
con abrazo eterno.


2

Para andar, al pairo,
por la mar del tiempo,
me subí a las alas
de mis pensamientos.

Ellos me llevaron
a tus ojos negros,
tú los has cerrado,
yo he quedado dentro.

¿Qué les digo ahora
si se van de nuevo?
¡Que regresen solos,
porque yo no vuelvo!

Me ha mordido el barro
y, a la vez, el viento.

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

miércoles, 16 de noviembre de 2011

El burro, el fuego, el carro, el barro… Y el olvido


 El burro

Foto de Fernando Medrano


El burro

Yo soy este que veis,
aturdido y sin carga.
Mi dueño es un anciano al que
-sin ruido ni aspavientos-
se llevará muy pronto la tristeza.
Después estaré solo
y seré totalmente innecesario.

jueves, 15 de abril de 2010

Palomas desprendidas de un alero de barro


M. Estrada. Plaza de San Marcos. Venecia, 1975

Palomas desprendidas de un alero de barro

La palabras que dejo a continuación, en cursiva, pertenecen a un pequeño prólogo del libro “Palomas desprendidas de un alero de barro”, incluido en “Azumbres de la noche”. Fueron escritas en las proximidades del año noventa. No es un texto del que, formalmente, me sienta especialmente orgulloso, sino que tira más bien a normalito. Lo que sí me parece destacable es que, a pesar de haber cruzado yo la barrera de los sesenta años, hoy podría afirmar exactamente lo que en ellas se afirma. Y es que, para bien o para mal, hay cosas que uno no puede elegir, sino que, invocando una vez más a JL Borges, son ellas las que eligen por uno.

sábado, 6 de febrero de 2010

Como barro

 

 Foto tomada de internet sin ánimo de lucro

Como barro 

Entre la poesía amorosa de Miguel Hernández, que es abundante y buena, hay un poema de marcado estilo gongorino que, con forma de octava real y fondo de pecado y de serpiente, a mí me ha llamado siempre la atención, especialmente por la contundencia de sus dos últimos versos, en los que -más allá de la alusión a determinadas supersticiones-, hay una altísima carga de sexualidad:

En tu angosto silbido está tu quid,
y, cohete, te elevas y te abates;
de la arena, del sol con más quilates,

lógica consecuencia de la vid.
Por mi dicha, a mi madre, con tu ardid,

en humanos hiciste entrar combates.
Dame, aunque se horroricen los gitanos,

veneno activo el más, de los manzanos.

En la última página del universal libro de la lírica, donde está escrita la poesía amorosa de los poetas de todos los tiempos, aparecen estos versos míos que muy escasamente llegan a formar un poema:
 

Fruta del frutero
no la quiero.
Yo la quiero del árbol, apetente,
con engaño mortal de la serpiente.

 

Con las debidas distancias en cuanto a la calidad de los respectivos ejemplares, la carga sexual es aproximadamente la misma. Y eso es justamente lo que a mí me interesa destacar para colgar el soneto que dejo a continuación, de cuya lectura se desprende que, en las relaciones amorosas, el barro es un elemento indispensable.

 COMO BARRO 

 Como barro te quiero, como arcilla,
sin tamiz ni remiendo ni censura;
con la esencia mortal o levadura
con que fue modelada la costilla.

 Te requiero mujer, no mantequilla
ni artificio de libro o de pintura.
Que te abunden en barro la cintura,
la cadera, los pechos, la rodilla.

Porque barro naciste, de semilla
que fue barro anterior en andadura
al barniz, al disfraz, a la cultura.

Y del barro tuviste la mancilla
que yo quiero ensanchar hasta la orilla
de la tierra final, la sepultura.

Del libro El cielo se hizo de amor (1986) 

 Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios