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martes, 16 de agosto de 2011

Placeres de verano: el catamarán de Pere

 Mariano, luciendo catamarán en el puerto de Villajoyosa (12-08-2011)


No me quites el mar
que el agua es vida. 


Placeres del verano: el catamarán de Pere


Mi amigo Pere Garcimartín trabaja en un banco, mejor dicho, en una caja. Y tampoco es del todo correcto, en realidad trabaja en la caja de un banco. Y más correcto aún sería decir que trabaja en dos cajas: una, la del dinero, otra, la de la vida, es decir, la que le protege de las pistolas en los eventuales casos de atraco,  una especie de urna de cristal donde discurren sus mañanas, estáticas y largas,  al compás fatigoso y dinámico de los clientes. Allí está hasta las tres, encajado en la soledad tumultuosa de quien, por imperativo laboral, recoge, reparte, cuenta y defiende el dinero. Ahora bien, cuando sale… ¡Ay, amigos! Cuando sale va derecho a la sal, que está en la mar, con la vida. La mar en femenino, claro, porque él tiene el alma marinera.
-A qué hora salimos, Pere?
-¿Te parece bien a las seis?
-Me parece muy bien.
-Pues no se hable más, a las seis. Entra por el parking del Club Náutico y allí estaré yo, a la derecha.

martes, 23 de noviembre de 2010

Una noche de amor

Foto tomada de internet sin ánimo de lucro

No es posible tener
una noche mejor
ni beber de unos labios
tantas copas de amor.

Son las copas de amor 
que en tu boca bebí, 
porque tú me las dabas 
en un beso sin fin.

Una noche de amor

Nunca he visto a nadie tan impresionado por un vestido rojo como el camarero que, antes de aquella cena íntima e inolvidable, nos sirvió dos martinis secos en la barra del bar. Es verdad que ella era más guapa que ninguna de cuantas habían contemplado sus ojos hasta entonces, y que su fulgurante aparición le pilló un tanto en la inopia. El hombre me había visto allí solo tanto tiempo que le vino a dar lástima de mí. De hecho, empezó a mirarme a hurtadillas y con cara de rumiar en sus adentros: “este panoli…”
-¿Puede darme fuego? –le dije, aprovechando una de esas miradas compasivas.
-Pues claro, muchacho –respondió-. ¿Esperas a alguien?
-Sí, a una chica.