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martes, 30 de noviembre de 2021

Elegancia

 

Rosa en Kiev, sep. 2005

Elegancia

Mientras tú te dirigías al lavabo, un amigo me dijo entre admiraciones elocuentes: “¡qué elegante es Rosa!”. Yo le dije que sí, naturalmente. ¿Cómo negar esa evidencia? Fue en la cafetería Miami, de Villajoyosa, en 1975. Treinta y cuatro años después, en la cafetería Brisa, aprovechando otra ausencia de lavabo, una pareja de amigos incidió así en el elogio: “Lo que más me gusta de Rosa es la elegancia”. –dijo él-.  “Completamente de acuerdo” –apostilló ella-. Yo asentí con gusto  y añadí: “Lo mejor de todo es que en su porte no hay ninguna impostura”. Y es que, lo miremos como lo miremos, en la vida hay ciertas cosas que no se pueden comprar. La elegancia es una de ellas. Tú la recibiste en un lote, con la bondad, la honestidad y la belleza. Y todo lo que te dieron en agraz, a mí me llegó un día maduro, obsecuente y sazonado. Así subí al olimpo de los elegidos.

Mariano Estrada, del libro Rosa entre las rosas: cuarenta años de amor (2014)


martes, 25 de junio de 2019

En 1975, las bodas aún iban precedidas de la petición de mano


Rosa, 13 de septiembre de 1975


En 1975, las bodas aún iban precedidas de la petición de mano

La petición

Habíamos decidido ir a hablar con tus padres y estábamos un poco nerviosos. Íbamos a decirles que nos queríamos casar. Y a pedirles permiso para hacerlo, naturalmente. ¿Por qué naturalmente? Porque solo tenías 17 años. El 13 de septiembre de 1975, día fijado para la boda, faltarían 7 días para que cumplieras los 18. “Nos queremos casar” –les dije, cogiéndote de la mano-. A lo que tu madre contestó, después de unos segundos: “Es que mi hija es tan joven”… Se abrió un pequeño paréntesis de silencio. Nos miramos. Pero tu padre acudió en nuestro socorro: “No es tan joven, no es tan joven. Con 18 años se sabe perfectamente lo que se quiere”. Tu madre se rio complacida y nos bendijo. El futuro había empezado a correr. Nosotros ya le habíamos puesto las ruedas, pero ellos le soltaron el freno y le dieron un empujón.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Un desfile en el Montiboli, con estilo y con elegancia


 Rosa, 1990

Un desfile en el Montiboli, con estilo y con elegancia
Desfile *  Muchas veces  me has dicho que ya desde pequeña querías ser modelo.  Y está claro que no te faltaban hechuras. Al contrario, tenías unas hechuras magníficas. Tal vez te faltaban tres o cuatro centímetros, aunque no sé si eso hubiera sido un impedimento para ejercer tan delicada profesión. Cuando tenías 26 años te propusieron participar en un desfile en el hotel Montiboli, de Villajoyosa, lo que hiciste con muchísimo gusto. Y también con muchísimo éxito. A mí me decían después que se me caía la baba mirándote, cosa que no voy a negar. Afortunadamente, han quedado unas preciosas fotografías para que pueda entenderse que a cualquiera en mi lugar se le hubiera caído. Han pasado más de treinta años, pero en las fotos se percibe claramente que las pasarelas se te hubieran dado muy bien.  Sin embargo,  tú sabes de sobra que la vida no suele complacernos en todo. Y en este caso, ¿cómo te había de complacer si tus empujones laborales  no iban precisamente en esa dirección ni en ese sentido? Aún sigues diciendo que te hubiera gustado ser modelo, pero, claro, también dices a veces que no sabes si vas a dejar de fumar y llevas 28 años sin hacerlo. Recuerda que lo dejamos el mismo día. Era un 9 de octubre. Habíamos ido a Orxeta, a comer con unos amigos.