
Un instante, una noche.
Fotografía de Oleg Boyko de Ukraine
A través del recuerdo, recupero una noche no excesivamente lejana. Y sin sentir exactamente lo mismo, he vuelto a tener un sentimiento agradable. Sucedió así:
Es poco más de medianoche. La lluvia ha dejado en el suelo la fragancia de la tierra mojada. El silencio es total, con la salvedad de las olas interiores, que rompen contra los altos acantilados del espíritu. Se diría que son golpes del corazón y que hay mareas de sangre, por fortuna jubilosa. Uno ya tiene recorrido como para saber que de la felicidad a la desdicha apenas median dos pasos, dos minutos, una pequeña variación en el camino del viento... Lo que acaso no pueda adquirirse nunca, a pesar de los intentos, es la fortaleza de espíritu como para “aceptar con ánimo parejo la derrota y las palmas”, por expresarlo con palabras de Borges.
