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viernes, 11 de junio de 2021

Verbenas

 

Verbenas in the garden. Montiboli, Villajoyosa


Verbenas

No quiero que me mate
la realidad, que es aburrida y triste.
Prefiero la ilusión para burlar,

con señuelos de espuma,
al toro insobornable de la muerte.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Sustancia de un paisaje


El Charco, Villajoyosa. Foto M Estrada


Sustancia de un paisaje
El Charco, Villajoyosa

Miro la imagen que tengo ante los ojos y la veo más o menos bonita, pero no reproduce las sensaciones que tuve mientras contemplaba directamente el paisaje: los árboles, los arbustos, las hierbas, la orografía, el cielo, los colores, el mar. ¿Qué hay de aquella realidad en esta fotografía? Un tenue reflejo. Es como si se le hubiera ido la densidad, el pulso, la esencia, la sustancia.

sábado, 18 de febrero de 2012

Educación y poesía


Foto tomada de internet sin ánimo de lucro


Educación y poesía

Es cierto que la poesía es una aspiración a la belleza, pero también lo es que puede ir más allá, mucho más allá. ¿Que cómo fundamento está opinión? Veamos:

Un lejano día leí en Ortega y Gasset que la poesía es un medio para llegar al conocimiento. Cosa que entonces me sorprendió sobremanera, pero a lo largo de la vida he descubierto que esta afirmación no es en absoluto una ocurrencia gratuita.

Un poco antes –y nada importaría que fuera un poco después-, en el ensayo sobre Walt Whitman, había leído estas valientes afirmaciones de José Martí, el poeta que cultivó una rosa blanca:

¿Quién es es el ignorante que mantiene que la poesía no es indispensable a los pueblos? Hay gentes de tan corta vista mental, que creen que toda la fruta se acaba en la cáscara. La poesía, que congrega o disgrega, que fortifica o angustia, que apuntala o derriba las almas, que da o quita a los hombres la fe y el aliento, es más necesaria a los pueblos que la industria misma, pues ésta les proporciona el modo de subsistir, mientras que aquélla les da el deseo y la fuerza de la vida.

Por otra parte, en “Las palabras de la tribu”, José Ángel Valente afirma que “La poesía es, antes que cualquier otra cosa, un medio para alcanzar el conocimiento de la realidad”, que viene a ser coincidente con lo que había dicho Ortega.

Y como colofón a todo ello, un día se pusieron ante mis ojos estas sabias palabras de Nietzsche, el filósofo que pedía a martillazos la transmutación de los valores:

“Parece claramente que lo principal en el cielo y en la tierra es obedecer largo tiempo y en una misma dirección: a la larga resulta de ello algo por lo que vale la pena vivir en esta tierra, como por ejemplo la virtud, el arte, la música, la danza, la razón, el espíritu, algo que transfigura, algo refinado, loco o divino”

Y yo me pregunté: ¿o sea que se puede vivir sin maldades, sin patrañas, sin mentiras, sin estolideces, sin odio, sin subterfugios perversos, sin obscenidades, sin ostentación, sin lujos, sin prevaricación, sin cohecho, sin soberbia, sin mangarrufas, sin especulaciones, sin corrupción, sin pisar a los demás por el simple hecho de que están económicamente unos peldaños más abajo?

Claro que se puede. Pero esto hay que mamarlo ya en el primer aliento y seguirlo mamando hasta el último: en la casa, con unos buenos padres; en el colegio, con unos buenos maestros; en la universidad, con unos buenos profesores; en el aprendizaje, con unos buenos jefes. Y en la sociedad, con unos buenos gobernantes. ¿De qué otra forma se va a habitar el mundo del trabajo sin pensar exclusivamente en la zancadilla y el beneficio?

La educación no es solo una buena inversión, sino que es, sin duda, la inversión más rentable de todas cuantas se puedan realizar, tal vez la única que de verdad puede sacarnos no ya de la crisis económica que atravesamos, sino de la honda crisis moral que nos apabulla, nos acogota, nos hunde.

Y la educación empieza en el mismísimo nacimiento y llega hasta mismísima entrega del espíritu, tal como sugieren estos versos con los que yo quiero rendir, aquí y ahora, un humildísimo homenaje a mis padres, a mis maestros, a mis profesores, a mis filósofos y a mis poetas.

De la cuna más tierna a la mortaja,
cada grano es deudor de cada paja.

Un abrazo

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

Foto tomada de interner sin ánimo de lucro


jueves, 10 de junio de 2010

Sueños de ayer, realidad del presente.

Esta parejita está en el salón de mi casa. Cosas de Rosa


Sueños de ayer, realidad del presente.


Queridos amigos:

Ahora que en esta sociedad sin educación la enseñanza está en estado de ruina, quiero ofreceros un diálogo entre dos amigos que, después de haber sido jóvenes y revolucionarios allá por los 70, se separan, viven independientemente sus vidas y, pasados unos años, vuelven a encontrarse a solas con motivo de una larga excursión. Estas son algunas de las cosas que se dicen:


Sueños de ayer, realidad del presente.
Escrito en el año 2002
....

-Pero yo me refería a nosotros –siguió diciendo Isidro, después de inspeccionar con Antonio las pisadas de la discordia-, los que poníamos la sangre en el empeño y la fidelidad en los ideales; los que leíamos a Rilke y a Neruda, los que invertíamos en el amor y en el aprendizaje porque amábamos a un plazo muy largo...

-Eso es lo que acaso nos perdió, Isidro –replicó Antonio-. El plazo era tan largo que amábamos siempre en el futuro. Y el futuro no llega jamás, porque, si llega, ya es vulgar presente. Amemos, pues, en presente, y amemos de una forma directa, con precisión, con garantía, sin circunloquios estúpidos.

-¿Por ejemplo?- inquirió Isidro.

-Por ejemplo –contestó Antonio-: hay que bajar de las nubes, hay que desmitificar los ideales y las revoluciones, todas las revoluciones, incluidas las buenas, si es que existen. Hay que buscar donde es seguro que haya. Hay que apear de la mirada los candores y los romanticismos. Y en la vertiente puramente amorosa ¿qué quieres?: amemos con el poeta de Sevilla “lo que ellas tienen de hospitalario”...

-Déjalo, Antonio, déjalo, porque tanta claridad es ya dolor –respondió Isidro, tergiversando un hermoso verso del poeta Claudio Rodríguez.

-¿Ah, sí? Pues “no le toques ya más, que así es la rosa” –sentenció Antonio, por su parte, desde la reconocida autoridad de Juan Ramón Jiménez.

-¿Qué rosa, Antonio? ¿la del jardinero, que la cultiva? ¿la del revolucionario, que la persigue? ¿la del poeta, que la canta? ¿la del místico, que la espiritualiza? ¿la del transido por una espada de amor, que la convierte en una baba constante y objetivamente indigesta? Es cierto, las cosas son como son y ahora pintan bastos para nosotros, los que creímos en el amor y en las revoluciones, pero ¿debemos someternos a esta tiranía que ahora nos oprime, llenando los bolsillos de comodidad y la conciencia de vanos subterfugios? ¿Debemos ser mansos hasta el punto de aceptar una derrota sin condiciones? ¿Por qué hay que ser manso para heredar la tierra? ¿Y qué tierra es ésa, que no esté ya heredada por los ricos? ¿Será acaso la tumba, sobre la que, de todos modos, hay que pagar aranceles y peajes? ¿Será quizás el huerto que siempre hemos llenado de conquistas, aun cuando fueran imaginarias? ¡Imaginaria, el búcaro! ¿Será la indignidad, será el salvoconducto de un silencio comprado?

-Los sueños de este tiempo tienen una parcela común –sentenció Antonio-, se llaman adosados y colman con holgura las aspiraciones de las mayorías. Pero yo creo que eso es realmente una conquista.

-Sí, la conquista que sigue a la claudicación.

-¿La claudicación? No, Isidro, la praxis. Qué palabra ¿eh? –Antonio giró el cuello para mirar a los ojos a su compañero-. ¿Te acuerdas? Ahora resulta repelente: la praxis... Pero la gente no es tonta, sabe hasta donde puede llegar y, a partir de ahí, no quiere meterse en honduras ni en berenjenales. Y acaso tenga razón, porque, mira, Isidro, ¿de qué nos vale soñar toda la vida si en los apuntes del alba siempre se nos rompen los cántaros con los que, emulando a la lechera, reescribimos tercamente su famoso cuento?

-¿Y si no soñamos, qué hacemos, Antonio? ¿Nos cortamos la coleta, nos hacemos eunucos, bufones de la corte? ¿Entablamos una larga amistad con los nenúfares? ¿Nos entregamos al vicio? ¿Nos damos vaselina para allanarles el camino a los verdugos? A mí me clavaron otras lanzas que me hicieron otras heridas. Y algunas aún me sangran y me duelen, Antonio, ¡qué le vamos a hacer! Me duelen los oprobios y la esclavitud, me duele la miseria y el hambre, me duele la chavacanería de las televisiones, que se traslada irremisiblemente a la sociedad, me duelen los jóvenes sin lengua, sin lenguaje, me duelen las zancadillas, el beneficio que ofende a la razón y se acomoda impunemente en la usura, las corrupciones, el mamoneo, la deshumanización, la tiranía en el trabajo, el acoso, el abuso, la sumisión de los políticos a las multinacionales, el poder de las mafias y de las drogas...

Del libro Aguablanca: caminos de ida y vuelta (2002)

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
Blog http://paisajes.blogcindario.com/

miércoles, 12 de mayo de 2010

Amor: ¿realidad o sueño?

Rosa, en Muelas, cuando tenía 17 años

Amor: ¿realidad o sueño?

Pues veréis, un día ya lejano, que en cierto modo puede ser ayer mismo, se sentó a mi lado una joven de edad bien definida, pero escasa. En años, no más de diecisiete, si es que los años se computan por la tersura de la mirada, que era transparente a la vez que misteriosa. Hablamos durante largos minutos, acaso largos días y semanas, incluso largas centurias. Ya sabéis que cuando uno se enamora el tiempo se funde con la luz y todo se hace presente. Y en un momento concreto de la conversación, que no obstante era finita, me sentí empujado a decir: