Escultura de Igor Mitoraj, en el Giardino di Boboli, en Florencia. Tomada de internet sin ánimo de lucro
Arrugas: el optimismo necesario
Desde que publiqué este artículo, el día uno de julio del 2007, mi body ha registrado unas cuantas nuevas arrugas. Pero es el proceso natural, no veo en ello problema ninguno. Lo que sí me ha llamado la atención y me preocupa seriamente es el envejecimiento que ha experimentado la sociedad en su conjunto, porque lo suyo no son arrugas, sino socavones, resquebrajamientos y grietas. Estamos embadurnados por un barro rígido y reseco que necesita una urgente lubricación. Y lo peor de todo es que el único remedio que se nos ha ocurrido hasta ahora es la aplicación de cosméticos, los cuales, naturalmente, no sólo se han mostrado inservibles, sino también contraproducentes. Estamos adocenados y gordos y sebosos, pero no toleramos el único alimento que le devolvería la tersura a nuestro ser, en su dimensión global de persona: un primer plato de renuncia a lo accesorio, un segundo plato de amor, de generosidad y de entrega y un postre de ancha espiritualidad. Todo ello rociado con unas gotas de aroma de jazmín, de miel de abeja, de sal de mar, de poesía… Mientras esto no ocurra, la sociedad seguirá haciéndose vieja, además de desdichada e inmensamente triste.

