El recuerdo
Los hombres, aunque provistos de elementales memorias, a veces evocamos el
pasado con una intensidad meridiana. Por ejemplo, encontramos a un amigo de la
universidad y durante unos instantes rememoramos nuestra antigua, numerosa y
azacaneada aventura. Hablamos con irrefrenable emoción y nos reímos con
auténtico gozo. Luego solemos decir, casi inevitablemente:
-Parece que fue ayer, ¿eh?
-¿Ayer? Parece que fuera ahora mismo.
-Sí, se diría que aún lo estoy viendo.
Uno de esos fuertes recuerdos, que en principio no parece perturbador ni
comprometido, desde hace algún tiempo me viene a visitar a menudo. Y lo hace
con tanta intensidad que, sin apenas complicidad de mi parte, me ocupa la
cabeza como si esta fuera enteramente su casa. El recuerdo es este:
