Foto de Fernando Medrano
…Que duele andar con el
tronco
de viento en viento,
llorando,
llevar el agua en los ojos,
morir de sed en los labios…
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Sentí la soledad
Sentí la soledad, estaba solo.
Tomé
una compañera.
Con
ella se templó mi corazón
y,
de su mano,
nací
a una dicha plena.
De
pronto comprendí la eternidad,
lloré
de amor ¡qué gozo!,
lloré
de cosas buenas.
Pero
un día volvió la soledad,
la
casa era muy grande,
nosotros
tan solo una pareja.
Entonces
nos miramos y, al hacerlo,
tuvimos
descendencia.
Un
hijo y una hija: ¡Bendición!
Un
macho y una hembra.
Y
ya la soledad, que nos conoce,
apenas
nos visita
y
en poco nos molesta.
Pues
somos en la casa cuatro almas
que
suman muy a gusto cuatrocientas.
Y
al ser la soledad tan absorbente,
si
nadie le hace caso, se va ella.
Del
libro “Vientos de soledad” (1984)