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martes, 13 de julio de 2021

Feliz cumple, Patricia

 

Patricia y Martina, en los entornos del Puig Campana

 

Feliz cumple, Patricia.

He elegido esta foto para felicitarte, porque me conmueve la felicidad que expresan vuestros ojos, vuestras sonrisas, vuestras caras iluminadas y hasta vuestros simpáticos bastones. Los caminos de la vida, igual que los senderos del monte, hay que merecerlos despacio, para que dejen huella en el alma. Y así, sin darte cuenta, llegará un día en el que veas claramente que el paisaje de la niñez es el paisaje del corazón.

lunes, 14 de octubre de 2019

Fotografía de un amigo que ha muerto



Fernando Medrano, haciendo lo que más le gustaba

Fotografía de un amigo que ha muerto

A mi querido amigo Fernando Medrano, 
que no tenía miedo a morir, sino a morir sufriendo.

Me lo dijo la última vez que nos vimos en su casa, este mismo verano, donde tuvimos una conversación agradable, serena y desnuda. Yo quería saber de su estado de ánimo, de sus pensamientos íntimos, de sus ocupaciones y preocupaciones. Y él no tenía inconveniente en llevarme por los terrenos pantanosos de sus cánceres, que eran dos, por sus accidentados paseos en bicicleta, por sus intimidades personales y familiares, por la luminosidad de sus fotografías. Digo luminosidad porque era ahí, enseñándomelas, donde más se le iluminaban los ojos y le resplandecía la cara.

lunes, 7 de junio de 2010

Marinero en Villajoyosa

Mariano Estrada, años 1973-1974, en el mar de Villajoyosa

Marinero en Villajoyosa

Quién iba a decirme a mí, niño de lengua castellana con ribetes astur-galaico-leoneses, que en Madrid, tras años de Retiro y Manzanares, iba a encontrarme con el mar. Sí, sí, concretamente con el mar de Villajoyosa. Y más que con el mar, con el puerto. Y más que con el puerto, con la barca de un amigo. “Háblame del mar, marinero / dime si es verdad lo que dicen de él” Y, en realidad, con la barca del cuñado de un amigo, que yo imaginaba grande, como el puerto, como el mar, como las ganas que yo tenía de ponerme a barlovento y orientar los ojos a proa…Como la gran imaginación de este amigo que, con el toque mágico de la palabra y la gesticulación, elevó un pequeño barco a la categoría de la Pinta, la Niña, la Santa María y poco le faltó para convertirlo en Titanic o Potemkin. O al menos en Bergantín, aquel bajel pirata de dos cañones por banda / viento en popa a toda vela… Se llama Luís Bomant. No el barco, el amigo.

miércoles, 19 de mayo de 2010

El corazón de los hombres


Ver PPS de Mar:
http://cid-b9547652472c3167.skydrive.live.com/self.aspx/.Documents/Mar%5E_Elcoraz%c3%b3ndeloshombres%5E_C.pps


El corazón de los hombres


El corazón de los hombres
tiene una arteria obstruida:
la de la sangre más densa,
la del amor y la vida.

La que en los tragos amargos
curaba siempre la herida.
Y estaba abierta a los sueños
y estaba abierta a la risa.

El corazón de los hombres
es una víscera esquiva,
quizá una fuente de mármol
con una arteria obstruida.

La del amor y la sangre,
la de la sangre y la vida.

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
Blog http://paisajes.blogcindario.com/
Poemas recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios

martes, 29 de diciembre de 2009

Mi vida contigo

Dani y Lisi, en las fuentes de Polop de la Marina

Mi vida contigo

Tal vez fue el año 52 cuando yo empecé a ir a la escuela. Desde esa perspectiva y, como tantos otros hombres que un día fueron niños, podría decir con Machado: mi infancia son recuerdos de un pueblo de Zamora… En mi caso, no obstante, eso es sólo en parte verdad, ya que una verdad más rotunda exigiría la inclusión de tres pueblos distintos, bien es cierto que todos de Zamora: Justel, Muelas de los Caballeros y Quintanilla. Y aún quedaría en el aire una cuestión que no es en absoluto baladí: la de saber exactamente hasta dónde llegaba entonces la niñez y dónde empezaba la adolescencia. Podía darse el caso, como se dio realmente, de que mi niñez terminara de transcurrir en un pueblo León, y, para más INRI, en un internado de dominicos, donde las niñas no podían entrar y sólo estaban vagamente en los sueños.