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jueves, 23 de febrero de 2012

El llanto



Foto tomada de internet sin ánimo de lucro

El llanto

Tengo que decir que el exhibido en este soneto no es un llanto mío, puesto que nunca he disfrutado de una fe semejante a la que en él se describe y, por tanto, tampoco he podido perderla de forma tan dramática ni de otra forma ninguna. Sí me reconozco, en cambio, en su estrambote, al menos parcialmente. De hecho, en mis inicios literarios tenía la costumbre, ciertamente extraña, de asesinar mis escritos con un hacha de frivolidad, cuidando, eso sí, de que fuera una frivolidad categórica. Y no entiendo por qué, la verdad, a no ser que los considerara inmaduros, yo, que era un mocito inocentón y barbipungente, al que la vida no le había dado aún la oportunidad de crecer y muchísimo menos de multiplicarse.