Foto tomada de internet sin ánimo de lucro
El llanto
Tengo que decir que el exhibido en este soneto no es un
llanto mío, puesto que nunca he disfrutado de una fe semejante a la que en él
se describe y, por tanto, tampoco he podido perderla de forma tan dramática ni
de otra forma ninguna. Sí me reconozco, en cambio, en su estrambote, al menos
parcialmente. De hecho, en mis inicios literarios tenía la costumbre,
ciertamente extraña, de asesinar mis escritos con un hacha de frivolidad,
cuidando, eso sí, de que fuera una frivolidad categórica. Y no entiendo por
qué, la verdad, a no ser que los considerara inmaduros, yo, que era un mocito
inocentón y barbipungente, al que la vida no le había dado aún la oportunidad
de crecer y muchísimo menos de multiplicarse.
