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sábado, 1 de mayo de 2021

La Alforja, un poema dedicado a Rosa

Rosa con Patricia y Daniel, en Madrid
 

Con este poema quiero felicitar a Rosa, a Patricia y, en general, a todas las madres.

Yo no te quiero en ti sola:
te quiero en tu descendencia.
                      Miguel Hernández

La alforja

A Rosa

Éramos jóvenes aún
y los misterios de la vida
no nos habían sido

del todo desvelados.

La rutina caía
sin excesiva gravedad
sobre nuestras conciencias

y quedaban espacios
para la ensoñación,

el beso, la ternura…

Y reíamos juntos
porque al rosal de nuestros días
no le había brotado ningún pétalo

con los labios resquebrajados.

Tú eras la flor interminable
y esplendorosa,
sobre la cual

no se había posado nunca
el lacerante peso del dolor

ni la sombra implacable de la angustia.

Pero es verdad que entonces
éramos jóvenes desenfadados

y, como tales,
gozábamos abiertamente

de un amor sin trastienda
ni rozaduras.
 

La memoria está intacta
y mis carnes, abiertas y dolidas,
se estremecen aún con el recuerdo.

Con esta alforja te amo en el presente.
Y con las gotas

que quedan de mi sangre.

Mariano Estrada, 02-05-2021

domingo, 22 de marzo de 2020

Modelos de convivencia


Martina en Muelas, agosto 2019

Modelos de convivencia

Hoy quiero hablarte, Martina,
de las casas de los pueblos,
donde habitaba el amor
y ahora habita el recuerdo.

Las personas convivían
con animales diversos,
organizados en grupos
y algunas veces revueltos.

martes, 8 de noviembre de 2016

Muerte y dolor. Recuerdo y despedida

Foto de Fernando Medrano

Muerte y dolor
Recuerdo y despedida

Hoy, martes día 8 de noviembre de 2016, hace 22 años que murió mi madre. El dolor se ha diluido en el tiempo, pero el recuerdo es imborrable y permanece en la memoria y en el corazón.

El sábado pasado, día 5 de noviembre, murió Consuelo Corrales García, hermana de mi mujer. Ayer, día 7, toda la familia la ha despedido entre lágrimas, abrazos y manifestaciones profundas de dolor. Su recuerdo permanecerá siempre entre nosotros.

Sirva este poema para recordar a mi madre y para despedir a Consuelo.

Te digo amor

Te digo amor
y estoy diciendo otoño:
ocaso, lluvias, árboles desnudos...

Y no me pesa el labio por decir
amor y estar diciendo muerte.

martes, 10 de enero de 2012

A pesar de la Distancia No quiero olvidarte.


Foto tomada de internet sin ánimo de lucro

A pesar de la Distancia No quiero olvidarte.

Distancia

¿Cómo librarte de un abrazo
que no ocupa lugar
y se sustenta en el recuerdo?

miércoles, 30 de junio de 2010

Aún tengo el amor

Rio Fontirín, Muelas de los Caballeros (Zamora)

Ver PPS de Mar

http://cid-b9547652472c3167.office.live.com/self.aspx/.Documents/Mar%5E_Auntengoelamor1.pps


Aún tengo el amor


Yo tengo en el recuerdo la pureza
del verso, de la rosa, del rocío;
yo puedo regresar al mismo río,
tener en el hogar la misma pieza.

Yo tengo en un rincón de la cabeza
el fuego del amor, que fue tan mío;
el beso, la pasión, el desvarío,
los pasos que se dan con ligereza.

Yo tengo un corazón en la corteza,
un vuelco en la razón hacia el vacío
del tiempo, que no acaba, que no empieza.

Yo tengo en el recuerdo la certeza
del sol, de los calores del estío,
del rojo de la sangre y la cereza.

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
Del libro “El Cielo se hizo de amor”, 1986

viernes, 18 de diciembre de 2009

Hálitos. La Navidad del recuerdo














Casa familiar, en Muelas de los Caballeros (Zamora)



Hálitos. La Navidad del recuerdo

Para mí, las auténticas Navidades son las del recuerdo imborrable de la niñez: una casa cuya forma no han logrado cambiar las rehabilitaciones, una cocina caldeada por un fuego bajo de leña y por el profuso calor de una familia humilde, amante y numerosa; unos escaños oscuros de madera para sentarse al fuego; el hogar, donde se calentaban las palabras y la risa y la comida de la familia, incluidos los animales; la duermevela de los gatos en los entornos del resplandor de las llamaradas; las brasas rojizas y acogedoras en que éstas acababan convirtiéndose, la campana gigante que sujetaba el calor en sus paredes íntimas, el humo que ennegrecía las caramilleras y multiplicaba el hollín de la chimenea: la misma chimenea por la que años después se coló la Luna para encontrar una doliente soledad desperdigada.