Mariano en Londres, 1979
Hay nombres tan raros que parece que pidan explicación,
como Cornelio o Convertida. No creo que el mío esté entre ellos, pero lo cierto
es que un día las explicaciones le salieron por sí solas sin rascar demasiado, antes incluso
de que los interrogantes se hubieran asomado al paradigma.
Este texto fue escrito para la celebración
de un encuentro masivo de antiguos alumnos. Pero salvada esta cuestión por
medio de los preliminares, el artículo se vuelve intemporal, tanto al menos como
el nombre que profusamente explica. ¿Explica o complica? No sé, depende de los
pies que quieras buscarle al gato.
