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jueves, 23 de febrero de 2012

El llanto



Foto tomada de internet sin ánimo de lucro

El llanto

Tengo que decir que el exhibido en este soneto no es un llanto mío, puesto que nunca he disfrutado de una fe semejante a la que en él se describe y, por tanto, tampoco he podido perderla de forma tan dramática ni de otra forma ninguna. Sí me reconozco, en cambio, en su estrambote, al menos parcialmente. De hecho, en mis inicios literarios tenía la costumbre, ciertamente extraña, de asesinar mis escritos con un hacha de frivolidad, cuidando, eso sí, de que fuera una frivolidad categórica. Y no entiendo por qué, la verdad, a no ser que los considerara inmaduros, yo, que era un mocito inocentón y barbipungente, al que la vida no le había dado aún la oportunidad de crecer y muchísimo menos de multiplicarse.

Mis años en un colegio de frailes no hicieron otra cosa que retrasar mi adolescencia y, una vez en el mundo, tuve que andar con Prust “En busca del tiempo perdido” y, muy particularmente,  “A la sombra de las muchachas en flor”, porque lo cierto es que estaba un tanto en la higuera y no me había enterado muy bien de los Planes de Desarrollo de aquel ministro de Franco llamado López Rodó e ignoraba que se podía uno besar en la boca… del metro o tocarse en el culo… de los cines.

Supongo que habrá alguien que vea justificaciones en el subconsciente y otras freudicosas por el estilo. Pero no, mis crímenes se daban siempre de  cara, bajo el uso de todas mis facultades y alevosías. Lo cual es aún más raro, si cabe, porque yo no he podido nunca soportar las mutilaciones del  conocimiento, aunque éste se haya adquirido con sopas y tocino,  apoyándose en un ábaco del 36 o en el famoso catón de la posguerra.

Así, pues, ignoro a quién corresponde este llanto de fe morotumbada, es decir, alicaída,  teniendo que atribuirlo a un personaje ficticio. ¿Producto de mi imaginación? Seguramente, ya que es bastante improbable que lo sea yo de la suya.
Es cierto que conozco a algunas personas que tienen esa fe que yo jamás he tenido, pero, al margen del respeto que me merecen y  que yo declaro aquí sin ambages -si bien no les arriendo la ganancia-,  no tengo consciencia de haberlas utilizado como modelo.

Un abrazo
  

El llanto

Por tanta fe callada y desoída
quebré la ley de Dios y, en el quebranto,
sentí cambiar la fe por desencanto
y vi que la verdad era mentira.

Lloré sin dramatismos y sin ira,
sin rabia, sin histeria, sin espanto;
lloré con soledad, lloré con llanto
que tiene la esperanza ya perdida.

Rondó la eternidad, yo no sé cuánto
lloré con esa lágrima vencida
que llora más de muerte que de herida.

Y ya dejaba el mundo pero, en tanto,
un guardia se me opuso a la salida:
“Si tienes llanto aún, aún tienes vida”.
  
Así que en el sinfín de esta bañera
estoy haciendo aguas y... a la espera.

Del libro “El Limón hespérico”

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

8 comentarios:

  1. Triste espera que leida de tu pluma (teclado) se siente hermosa, aún siendo terrible.
    Precioso, harto de sentimiento y sensibilidad.
    Hoy estoy algo "sensiblona" y facil de emocionar... me gusta ese "Si tienes llanto aún, aún tienes vida".
    Gracias por emocionarme.
    Saludos

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  2. Hola, María: de esos días tenemos todos. Y creo que hasta pueden venirnos bien, aunque solo sea para compararlos con los otros. Claro que no es conveniente que sean muchos ni fuertes. De lo contrario nos amargan la vida.
    Ah, y ya sabes que hay que pasarlos. De nada vale que yo te diga: venga, María, ánimo...
    Eso sí, te mando un fuerte abrazo para que vayas calentando motores...

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    Respuestas
    1. Gracias Mariano, ya pasó. Solo fué un día de "aquellos".
      Me llegó el abrazo y me hizo bien.
      Mas gracias y te dejo otro abrazo

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  3. Llorar con llanto es le mejor que se puede hacer y sentir en un momento determinado.
    Despues de esto viene un gran alivio en no se donde.
    Esta hermoso Mariano.
    Un Fuerte abrazo.
    Diana león.

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  4. Hola, Diana:
    Efectivamente, el llanto suele ser purgativo. Digamos que es un mecanismo para desahogar ocasionalmente el dolor, tanto física como espiritualmente.
    Otra cosa es cuando el llanto se convierte en costumbre, porque entonces no vale para nada y puede llegar a ser miserable.
    Gracias y un abrazo

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  5. El llanto como costumbre

    Aguaceros y torrentes,
    olas, mares, marejadas,
    corapenas ventricadas
    ojifuentes.

    ¡Cuántos lloros, cuán potentes!
    ¡Cuántas penas aguacaras!
    ¡Cuan llovizno-lacrimadas
    son las gentes!

    Mariano Estrada

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  6. ¡Cuánta carga escatológica, metafísica y psicoanalítica en este soneto y su estrambote...! Nos has brindado, amigo, una excelente meditación para este inicio de cuaresma ¿a propósito, quizá?. En todo caso todo un acierto, útil para la reconsideración de cuestiones últimas. Sólo con el estrambote (genial) tengo para bastante tiempo.
    Un fuerte abrazo.
    Santos

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  7. Hola, Santos: siempre que se tocan cuestiones de fe aparecen esas cargas a las que te refieres. Porque aparece los terrenos pantanosos e inseguros, los tintineos, las delicuescencias, las sombras. De hecho, el estrambote abre un campo de dudas, aunque el autor lo haya vestido de una cierta ironía.
    El soneto es viejo. Ya lo era al escribir el preámbulo, que también lo es.
    Gracias y un abrazo

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