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lunes, 30 de abril de 2012

Vino de Vidriales



Rosa, empinando los codos


Cuando en los viñedos
te miré a los ojos,
en las uvas verdes
maduraba el mosto.

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Vino de Vidriales

Cuando salimos a cenar por ahí, a Rosa le gusta acompañarse de un vino. El origen de esta costumbre, si así puede llamarse, no hay que buscarlo en una foto, pero es verdad que esta foto nos puede inducir a la sospecha.

Por otro lado, y sin que tenga nada que ver, en la casa de mis padres -que por entonces ya habían vendido  las viñas-, se consumía un vino de mesa que llegaba del Valle de Vidriales en pellejos. Dicho vino gozaba de cierta fama en la zona, donde era bien aceptado. Rosa lo tomó algunas veces en las comidas y yo, que soy astemio, le acabé escribiendo un pequeño poema…

El Valle de Vidriales se ubica en la provincia de Zamora y no está lejos de Muelas de los Caballeros, que es mi pueblo y el vuestro. Incluso se puede ir andando. Ahora bien, lo que se tarda no está cuantificado exactamente, depende del pueblo al que dirijas. Y también de lo que hayas bebido. Los garabatos pueden hacer los viajes eternos…

Por cierto, dependiendo del medio de transporte que se utilice, hay un pueblo cuyo nombre no puede ser pronunciado: Brime de Sog. Dicen que se para la burra.

Salud, Rosa: ese trago tiene ya 36 años. ¡Tanta vida y tantos recuerdos!

Un abrazo


Vino de Vidriales

-Vino de Vidriales
que a tragos bebí,
si el suelo era llano
¿por qué me caí?

-¿A quién le preguntas,
hermano infeliz;
yo soy una cuba,
un odre, un barril,
un jarro, una bota,
un trago sin fin...

-Ya sé que eres uva
de espléndida vid,
de atávica cepa,
de noble raíz.
Por eso, compadre,
me cabe decir:
Vuecencia, don Vino,
¿qué has hecho de mí?

Del libro “Trozos de cazuela compartida”

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

domingo, 29 de abril de 2012

Amar


 Foto tomada de internet sin ánimo de lucro

Amar

Caer en un preludio digital
y abandonarse del todo a la caricia.

Abrir el codicilo de la noche
y heredar la sombra.

sábado, 28 de abril de 2012

Mi corazón



Aldaba puerta calle en la casa de Muelas de los Caballeros. Foto M. Estrada


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Mi corazón

Mi corazón está atado
al aldabón de la puerta;
paciente como una mula,
callado como una piedra

¿A quién espera?

A nadie.
Tan sólo sueña.

Los fríos no lo entumecen,
los vientos no lo cimbrean.
Está montado en sus años
y no le duelen las piernas.

¿De qué se nutre?

Del aire.
De la más pura inclemencia.
De los templados calores
de la inocencia.

Mi corazón es el sueño
de una verdad de las buenas:
la juventud sin dinero,
la cuna, la adolescencia,
el hombre con la palabra
y no tan sólo la lengua.

Por eso tengo amarrado
mi corazón a la puerta.
Aquí viví con los hombres
una verdad sin caretas.

¿Y qué hay más cierto que el sueño
de una verdad que es eterna?

Del libro “Trozos de cazuela compartida”

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

Vega del Castillo: un camino de ensueño



Vega del Castillo, Zamora. Foto M. Estrada


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Vega del Castillo: un camino de ensueño

El camino

Con un extremo en las ruinas, cuyo nombre es un pueblo en abandono,  y otro en los rabiones de la virginidad, al primer puente del agua, hay una ajustada aproximación a lo que "naturalmente" podría definirse como belleza. La fundamenta un camino de silencios que se oculta en su variada vegetación, un ribazo de roble con pretensiones de infinitud y de selva y una fimbria de humeros que hacen arco al agua.



Vega del Castillo, Zamora. Foto F. Medrano

 La vega

En medio,  una vega de luz con abundantes hierbas, remedos de hortalizas, árboles frutales y  lindes tortuosos de un multiplicado minifundio. Algún malremendado espantapájaros sugiere la abundancia de este tipo de fauna: gorriones, mirlos, grajos, tordos, urracas, gayas, abubillas...  y la posibilidad de un encuentro con el poblador aborigen, ya de naturaleza milagrosa, pues casi lo ha extinguido la emigración y la muerte.




Vega del Castillo, Zamora. Foto M. Estrada 



Donde el camino se cruza con el río

Hace algunos años, a su paso por la ciudad de Zamora, el Duero era  un río contaminado y sucio. Parece que esto se ha terminado corrigiendo, al menos en parte. En la otra punta del agua, había un pequeño río que la ofrecía limpia y cristalina. Y así la sigue ofreciendo. De aquellos años data la descripción que hice del camino que lo bordea y que en determinado punto lo cruza.

El texto termina en dicho punto y con este párrafo.

“…Pero volviendo al camino, allí, donde hace puente al agua, ésta pasa tan limpia y transparente que, apaciguados los labios y  los pies, absorto en su contemplación y abandonado en sus esquilas de inocencia, uno casi se olvida de los sapos insufribles de su obligado destino, que en primer lugar es Negro y después llega a ser Duero o enfermedad”.

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

viernes, 27 de abril de 2012

La busca


Río Fontirín, Muelas de los Caballeros, Zamora



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La busca

Me adentré para buscarme
por el monte,
por el río,
por el valle.

Pero el alma me topaba
con el campo
reducido
de la sala.

La ciudad estaba abajo,
con cemento,
con ladrillo,
con asfalto.

Y las nubes, más arriba,
con hollines,
con polvillos,
con cenizas.

Regresé con un manojo
de tristeza,
de dolores
de rastrojo.

¿De rastrojo? ¡Qué alegría!
Huele a mieses,
huele a campo
todavía.

Retomé, pues, el camino,
por el valle,
por el monte,
por el río.

Qué frescura la del agua,
esa noche
que dormido
la soñaba.

Pero el sueño me mentía:
era un grifo
del lavabo
que corría.

Y salí, sin encontrarme,
al asfalto
de la vida,
de la calle.

Era ya la amanecida,
en los ojos,
en la calle,
en la vida.

Del libro “Tierra conmovida”

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

Charo y Mariano, Cascadas de Sotillos, San Ciprián, Zamora



jueves, 26 de abril de 2012

Sin palabras



Foto de Mariano Estrada


Ver PPS de Mar:

 Ver PPS de Victoria Vasilof


Sin palabras

Éste es un poema de la serie “Poecanciones” que, sin habérmelo propuesto,  salió a la luz con una pátina vieja. Y ahí sigue, lleno de amor y endecasílabos. Si hubiera que ponerle una nota, no se la pondría muy alta, precisamente, pero alguien me ha dicho que es un poema bellísimo… ¿A qué atenernos, entonces? No sé, creo que la virtud sigue estando en el medio, como casi siempre. Además, ¿por qué hay que ponerle una nota? Lo que procede es ponerlo a funcionar, que es lo que trato de hacer en este instante, ofreciéndolo en bandeja a los posibles lectores. Que ellos lo crucifiquen o lo bendigan. Y, si así les apetece, que lo arrojen a las sombras de la eternidad o a los derrumbaderos del ciberespacio. Como dijo Borges: ¿habrá suerte mejor que la ceniza / de que está hecho el olvido?

Un abrazo

Sin palabras

Tú pretendes que suenen las campanas
y que todo mi amor se diga en verso.
Pero yo soy un hombre enamorado
que sofoca en la tierra sus incendios.

Yo te digo palabras al oído
y te expreso emociones con los gestos.
Pero no sé cantar los atributos
que tú tienes a miles por el cuerpo.

¿Cómo hablar de la grieta de esos labios?
¿Qué decir de la brasa de esos pechos?
Mis palabras se hunden en tus ojos
y naufragan en sombras mar adentro.

Mi deseo es romperte de un abrazo,
mi camino es seguirte hasta el infierno,
mi obsesión es el fuego de esa boca
en la que arde la leña de mis besos.

Yo te quiero a rabiar y te lo digo
en la forma más simple de este verbo,
pero sobran palabras para amarte
y después repartirnos el silencio.

De la serie “Poecanciones”

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

¿A quién le pediré que me sostenga?



Rosa, en Aosta, Italia

¿A quién le pediré que me sostenga?

¿A quién le pediré que me sostenga
si tú, que eres amor, me das de lado?
¿Adónde habrá otro hielo más helado?
¿Adónde más silencio en tanta lengua?

martes, 24 de abril de 2012

Principio



Villajoyosa, El Charco


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Principio

Te me ofreces abierta
de corazón, desnuda
de oropeles y de disfraces.

Con palabras explícitas,
que trascienden la mera
formalidad hospitalaria,
me propones la orilla
del mar, como principio
de un pausado conocimiento.

Principio que deriva
hacia una noche espléndida,
con un murmullo de olas
que nos envuelve y acaricia,
unas cuantas estrellas
que derraman su luz en nuestros rostros,
unas manos nerviosas
que se conmueven con el roce
liviano de la piel y del deseo,
y un temblor contenido
que anuncia interminables terremotos
para el tiempo de la celebración
                             gozosa de la carne.

La cual ocurrirá en la madrugada
del día destinado
a la contemplación
mientras la luz se deposita
sobre un amanecer de acantilados.

 Del libro "Amores colaterales"

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios