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martes, 28 de febrero de 2012

En el jardín



Foto tomada de internet sin ánimo de lucro

En el jardín, a la espera.

Textos previos

1.- En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente  (Khalil Gibran)

2.- Mi querida más fiel fue la esperanza
que me suele engañar y no me deja
(Ramón de Campoamor)

sábado, 25 de febrero de 2012

La corrupción en la España democrática



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Visita en Facebook la página “Propósitos adversos”


La corrupción en la España democrática

La corrupción es un tema que, desgraciadamente, vuelve a estar de moda en España.  Desde hace unos años, los casos de corrupción fluyen como ríos torrenciales, desbordando cautelas, descerrajando cajones, doblegando voluntades, ensuciando comportamientos y llenando bocas y manos. La más llamativa de todas ellas es la que,  ejercida por políticos en connivencia con empresarios, o al revés,  sale de los cochambrosos departamentos de la Administración. Y como esto es así en la mayoría de los países de nuestro entorno político, podríamos decir que la corrupción es ya sistémica, pero eso es materia de otro estudio.

Y digo que vuelve a estar de moda porque, en la España democrática, ya lo estuvo otra vez, en los primeros años noventa, coincidiendo con el final del mandato de Felipe González. Y no es que en los años intermedios no la haya habido –que la ha habido en cantidad-, es que en los dos momentos señalados ha sido tan descarada y tan grosera que, como digo, ha reventado aparatosamente las custodias, saliendo por grietas y rendijas, por puertas y ventanas.

O sea que la corrupción no es precisamente nueva en esta España nuestra, alegre y aún devota, pero sí se puede decir que ahora está extendida por todos y cada uno de sus confines, desde el más insignificante de los ayuntamientos hasta la más alta institución del Estado. No han hecho falta matanzas al uso para que muchas despensas patrias se hayan llenado de chorizos, como dicen algunos carteles de las manifestaciones callejeras desde el venturoso 15M.

Tan enorme ha sido y está siendo la corrupción que, de salir toda a la luz, temblarían los cimientos sobre los que se asienta la sociedad. De hecho, ya es bastante significativo que el ochenta y cinco por ciento de los españoles entiendan que está muy arraigada en España, si bien parece ser que esta circunstancia aún no se expresa convenientemente en las urnas. No obstante, que tengan cuidado los políticos, porque si un día se desborda del todo, puede que arda Troya. Que piensen, además, que ellos mismos son vistos como un problema por el 25 por ciento de los españoles. El tercero, tras el paro y la economía.

Y es que ya está bien, coño. Abres un periódico y allí está ella, apostada en cualquiera de sus páginas. Pones la radio y allí aparece también, convertida en un clamor incesante. Enchufas la televisión y su presencia es tan grande y tan continua que los ciudadanos tendríamos forzosamente que vomitar. No lo hacemos porque, aunque nuestros ojos la vean y nuestros oídos la oigan, nuestro espíritu ya apenas la siente. Tal es la piel con que la que nos ha protegido la costumbre. Porque eso es lo más triste de todo, que esta mala pécora se ha convertido ya en una costumbre…

 ¿Qué se puede hacer para erradicar esta plaga, que, además de a nuestro orgullo, afecta directamente a nuestro bolsillo? No sé, a mí se me ocurre que habría que imponer unos castigos mucho más severos. Y, por supuesto, hacer que éstos se cumplan a rajatabla, porque los castigos que ha habido hasta ahora invitan a los corruptos a seguir encaramados en la corrupción. Y, por si ello fuera poco, a seguirse riendo de nosotros… Pero tal vez la única forma de atajarla de veras, aunque eso requiere tiempo y voluntad, sea a través de la educación. Y ahí es donde los jóvenes tienen muchísimo de decir.

Por si a alguien le interesa, dejo aquí un artículo sobre este asunto que, bajo el título de “El perro social”, escribí en enero de 1997 y que fue publicado en el periódico Información de Alicante.


El perro social

      "La befa que soportó Don Quijote / fue un estrago de la corrupción / no una frivolidad de la Justicia"

Siempre he creído que los jóvenes eran los únicos que, por causas de desafección material y cierto altruismo del alma, estaban en disposición de invertir esos valores de la Sociedad que, amenazados por la polilla o sostenidos por el dinero, están en permanente alcanfor. Me refiero a los valores adocenados, caducos, artificiales o prostituidos que, con la anuencia correspondiente, van criando polvo sobre sus fechas  de caducidad, bien que un polvo diverso. Valores que prosiguen ahí, como  reliquias inmóviles de un tiempo anclado en sí mismo,  dispuestos a ejercer no ya su condición de atrabiliarios perros del hortelano, sino a perpetuar su vacuidad parasitaria a costa de las almas en pena (ignorantes, engañados, crédulos, devotos), sirviendo de paraguas al poder y  arropados por pragmáticas manadas de pescadores a río revuelto.

Lo que pasa es que los jóvenes, de un día para otro, se hacen radicalmente mayores y, quizás con menos traumas de los debidos, registran una metamorfosis verdaderamente kafkiana; es decir, vermicular, oscura, fulminante, teratológica.... De este modo, convirtiendo a  las víctimas en verdugos, el perro de la Sociedad -tan fiero y tan fiel como impagable-, se va renovando a sí mismo y ésta tiene siempre defendida la casa. Pocos son los que, emulando al Caballero de la Triste Figura, en vez de procurarse baratarias de corrupción y apoltronamiento, se alían con el brazo de la Justicia, que es razón de razones, para vencer a gigantes descomunales en beneficio de la Humanidad. Mucho me temo que, dando por perdida la guerra, hayamos aceptado la subyugación voluntaria y resignada a unos  endemoniados molinos que, con sus obradores de hambre y sus golosinas de pan, van tapando los poros de la transpiración a través de los que debiera enriquecernos la vida.

No obstante, y a pesar de esa pobreza de espíritu en la que hemos visto sumirse a sucesivas generaciones, incluida la del 68, yo sigo viendo en los jóvenes una gran capacidad de desprendimiento, una fuerte dosis de sinceridad y un alto nivel de altruismo. Por lo que sigue estando en sus manos la subversión potencial de los referidos valores: tanto los que duermen bajo un polvo ideológico y anacrónico, como  aquellos que gravitan sobre capas  de dorada  impermeabilidad. Lástima que en el ámbito social de los adultos, que es la tierra de su obligado destino, no existan las acequias adecuadas para canalizar esos flujos de autenticidad y de vida. Y lo que es peor aún, que esos flujos inviertan su tendencia  y, “ad maiorem Dei gloriam”, acaben siendo las aspas del más desaforado egoísmo.

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

jueves, 23 de febrero de 2012

El llanto



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El llanto

Tengo que decir que el exhibido en este soneto no es un llanto mío, puesto que nunca he disfrutado de una fe semejante a la que en él se describe y, por tanto, tampoco he podido perderla de forma tan dramática ni de otra forma ninguna. Sí me reconozco, en cambio, en su estrambote, al menos parcialmente. De hecho, en mis inicios literarios tenía la costumbre, ciertamente extraña, de asesinar mis escritos con un hacha de frivolidad, cuidando, eso sí, de que fuera una frivolidad categórica. Y no entiendo por qué, la verdad, a no ser que los considerara inmaduros, yo, que era un mocito inocentón y barbipungente, al que la vida no le había dado aún la oportunidad de crecer y muchísimo menos de multiplicarse.

sábado, 18 de febrero de 2012

Educación y poesía


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Educación y poesía

Es cierto que la poesía es una aspiración a la belleza, pero también lo es que puede ir más allá, mucho más allá. ¿Que cómo fundamento está opinión? Veamos:

Un lejano día leí en Ortega y Gasset que la poesía es un medio para llegar al conocimiento. Cosa que entonces me sorprendió sobremanera, pero a lo largo de la vida he descubierto que esta afirmación no es en absoluto una ocurrencia gratuita.

Un poco antes –y nada importaría que fuera un poco después-, en el ensayo sobre Walt Whitman, había leído estas valientes afirmaciones de José Martí, el poeta que cultivó una rosa blanca:

¿Quién es es el ignorante que mantiene que la poesía no es indispensable a los pueblos? Hay gentes de tan corta vista mental, que creen que toda la fruta se acaba en la cáscara. La poesía, que congrega o disgrega, que fortifica o angustia, que apuntala o derriba las almas, que da o quita a los hombres la fe y el aliento, es más necesaria a los pueblos que la industria misma, pues ésta les proporciona el modo de subsistir, mientras que aquélla les da el deseo y la fuerza de la vida.

Por otra parte, en “Las palabras de la tribu”, José Ángel Valente afirma que “La poesía es, antes que cualquier otra cosa, un medio para alcanzar el conocimiento de la realidad”, que viene a ser coincidente con lo que había dicho Ortega.

Y como colofón a todo ello, un día se pusieron ante mis ojos estas sabias palabras de Nietzsche, el filósofo que pedía a martillazos la transmutación de los valores:

“Parece claramente que lo principal en el cielo y en la tierra es obedecer largo tiempo y en una misma dirección: a la larga resulta de ello algo por lo que vale la pena vivir en esta tierra, como por ejemplo la virtud, el arte, la música, la danza, la razón, el espíritu, algo que transfigura, algo refinado, loco o divino”

Y yo me pregunté: ¿o sea que se puede vivir sin maldades, sin patrañas, sin mentiras, sin estolideces, sin odio, sin subterfugios perversos, sin obscenidades, sin ostentación, sin lujos, sin prevaricación, sin cohecho, sin soberbia, sin mangarrufas, sin especulaciones, sin corrupción, sin pisar a los demás por el simple hecho de que están económicamente unos peldaños más abajo?

Claro que se puede. Pero esto hay que mamarlo ya en el primer aliento y seguirlo mamando hasta el último: en la casa, con unos buenos padres; en el colegio, con unos buenos maestros; en la universidad, con unos buenos profesores; en el aprendizaje, con unos buenos jefes. Y en la sociedad, con unos buenos gobernantes. ¿De qué otra forma se va a habitar el mundo del trabajo sin pensar exclusivamente en la zancadilla y el beneficio?

La educación no es solo una buena inversión, sino que es, sin duda, la inversión más rentable de todas cuantas se puedan realizar, tal vez la única que de verdad puede sacarnos no ya de la crisis económica que atravesamos, sino de la honda crisis moral que nos apabulla, nos acogota, nos hunde.

Y la educación empieza en el mismísimo nacimiento y llega hasta mismísima entrega del espíritu, tal como sugieren estos versos con los que yo quiero rendir, aquí y ahora, un humildísimo homenaje a mis padres, a mis maestros, a mis profesores, a mis filósofos y a mis poetas.

De la cuna más tierna a la mortaja,
cada grano es deudor de cada paja.

Un abrazo

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

Foto tomada de interner sin ánimo de lucro


jueves, 16 de febrero de 2012

El día después del 14

Foto tomada de internet sin ánimo de lucro


El día después del 14 

¿Cómo se te ha quedado el cuerpo tras el día de los enamorados?
-Con agujetas
-De tanto hacer el amor, supongo
-Bueno, tampoco conviene exagerar
-¿Cuántas veces lo hiciste?
-Ocho, más o menos
-Y además jugaste al fútbol, aseguras.
-Exactamente.
-Y diste un largo paseo por la montaña
-Así es, unos diez kilómetros en total
-Pues no se entiende bien lo de las agujetas
-¿No debería tenerlas?
-¿A tu edad? En absoluto
-Ya, lo que pasa es que a última hora también salí a llevar la bolsa de la basura.
-Y, claro, esos cien metros lisos fueron ya la puntilla.
-No, la puntilla es que me encontré con la Pili.
-¿Y…?
-Bueno, ya sabes lo que a ésta le gusta nadar.
-No me digas que os fuisteis a la playa.
-¿A la playa? ¿Sabes cuántos kilómetros de costa tiene Villajoyosa?
-Unos doce, en números redondos.
-Pues los hicimos todos a nado. Y aun dos veces.
-Ya, y llegasteis a Benidorm y os metisteis en una discoteca.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque aún estás empapado de sudor ¿No ves que atufas?
-Sí, bueno, pero eso no es de bailar.
-¿Ah, no? ¿De qué es, entonces?
-Es que al final no había taxis y  tuvimos que venirnos corriendo…
-Ya, ¿y ahora que vas a hacer?
-Nada, unos abdominales antes de meterme en la ducha
-Y a dormir todo el día, claro.
-Eso quisiera yo, pero hoy es viernes y a las ocho engancho con el ladrillo…
-Joder, tío, vas a romperte en el andamio
-No lo quiera Dios, que esta noche hay juerga flamenca…

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

lunes, 13 de febrero de 2012

Enamorados, 14, Poeminos Lunáticos




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Enamorados, 14, Poeminos Lunáticos

Soy el novio de la luna,
me la he llevado a la cama
y la he tenido en los brazos
toda la noche, hasta el alba.

Enamorados, 14, Poeminos Lunáticos


En los tiempos en que yo era estudiante en Madrid, allá por los primeros años setenta, frecuentaba una cafetería de nombre Santa Marta (1) cuyo encargado vivía en la creencia de que los poetas eran seres lunáticos. Alguno de mis amigos, por otra parte, le había soplado a la oreja que yo tenía tratos con la lírica, lo que era una verdad cogida muy por los pelos. El caso es que, a partir de ese momento, cada vez que yo me acercaba a la cafetería, tanto si iba solo como acompañado, él alzaba los brazos y, mirando hacia mí, exclamaba a voz en grito: “Ay luna, luna, luna”. Lo cual se repetía un día y otro, semana tras semana, mes tras mes, e incluso año tras año… (Lo que él no supo nunca es que, a cuenta de esta historia, pero vista de otro modo y por otros ojos, un empleado a sus órdenes me regalaba todos los días el desayuno).

A nadie debe extrañarle, por tanto, y menos a mí mismo, el hecho de que ahora tenga un rinconcito en mi alma, ya que finalmente le acabé escribiendo un poema. A la luna, digo, no al encargado, aunque posiblemente lo mereciera tanto o más que ella “Ay luna, luna, luna”. Y su subordinado también, pero, en su caso, además de un poema, se hubiera merecido un desayuno con diamantes. En Tiffany’s. Lo que pasa es que a menudo las cosas son más complejas de lo que parece y el poema “La luna” se lo acabé dedicando años más tarde a Federico García Lorca, que no era encargado de cafetería ni benefactor de estudiantes desdinerados, sino el poeta que de verdad había metido a la luna en sus versos, porque era suya una parte. Cierto que una luna mirada por los niños y perseguida por los gitanos, y no la luna olvidada que yo vi una noche en Baeza, en las preciosas callejuelas que hay detrás de la catedral… La luna que puede verse aquí:

 
Naturalmente, a lo largo de los años que desde entonces han ido cayendo sobre mí, que no son mancos ni pocos, le he escrito a la luna algunos otros poemas. Es decir, le he escrito algunos poemas, en otros sólo la he nombrado como de pasada. Unos poemas que, mejores o peores, hasta hoy no han hallado varón para entregarse a él en una noche loca ni oportunidad para salir a la luz casta del día. Hoy los dejo aquí para que se diviertan con vosotros, ya que doy por supuesto que, una vez publicados, los poemas tienen vida propia. Y después de tantos años, supongo que tendrán muchas ganas de divertirse…

La luna estaba esta noche
muy solitaria en el cielo.
Yo la bajé con mis ojos
para acercarla a tus besos.

Un abrazo

(1).- La cafetería Santa Marta estaba en la gasolinera de la Autopista de Barajas en su cruce con la calle Arturo Soria.


Luna de papel


Se sabe que la luna se ha formado
con trozos de papel enamorado.

A veces tosco, a veces arrugado,
a veces ricamente perfumado.

Pero lleno de lágrimas espesas,
de súplicas, de besos, de promesas.

O sea que la luna, amigos míos,
es un campo de tinta y desvaríos.

Un monte de papel y de ilusión
con letras del color del corazón.

                                          Foto tomada de internet sin ánimo de lucro


Noche sin luna

Por donde saltan los gatos
me deslicé de rodillas.
la noche andaba sin luna
y, más aún, sin bombillas.

La luz quedaba por dentro,
tras la ventana encendida;
y dentro tú, como novia
para el amor ofrecida.

Pero los ojos de un gato,
acaso sólo imaginan
cuando las noches sin luna
tampoco tienen bombillas.

Con una luz solitaria,
que ciegan bien las cortinas,
un gato, por más que quiera,
no puede ver, sólo mira.

Final para salvar el honor:

Entre las luces del alba,
la sombra se desleía;
dejaba el gato tu casa,
entraba el hombre en la mía.

Foto Mariano Estrada


Púas de luna

La luna va tras las púas
de una alambrada de espino.
Quiere exponerse a la sangre,
quiere ofrecerse al mordisco.

Y es que se siente muy sola
en el espacio infinito.
Y le da miedo la altura,
y le da miedo el olvido.

Quisiera ser una estrella
de rayos menos altivos,
para abrazarse a la vida
con el amor de los vivos.

Posdata:

Pero los vivos de ahora
tienen los brazos raídos,
porque el amor se hizo carne
y la han vendido por kilos.

De la serie “Poeminos”

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

sábado, 11 de febrero de 2012

COMENTARIO de Juan Manuel Díaz Álvarez al poema LA LUNA


Juan Manuel Díaz Álvarez y Mariano Estrada, León, octubre 2007


COMENTARIO de Juan Manuel Díaz Álvarez al poema LA LUNA

Queridos amigos:

Allá por los años sesenta, en la fría paramera leonesa -donde se ubica el municipio de La Virgen del Camino-, Juan Manuel Díaz Álvarez y yo compartimos colegio y proximidad. Quiero decir que la cercanía entre las letras D y E,  iniciales de nuestros respectivos apellidos, hizo que no solo compartiéramos los amplios territorios del internado en el que transcurría literalmente la vida de unos quinientos aspirantes a la Orden de Predicadores, sino también el íntimo espacio de una clase de treinta alumnos. En nuestro caso, además, compartíamos el sagrado templo de la amistad que se profesan los niños y los adolescentes.

Pues bien, hace apenas cinco años, algunos de aquellos compañeros tuvieron la feliz ocurrencia de realizar un encuentro de antiguos alumnos, que finalmente se celebró con un éxito formidable en octubre del 2007. Previamente, y al objeto de ir preparando el terreno, a alguien le vino la idea de hacer un Blog, en el que nos íbamos redescubriendo después de no habernos visto, en algunos casos,  durante la friolera de 40 años o más. (http://antiguosalumnosdominicos.blogia.com/ )

Juan Manuel Díaz Álvarez y yo, que nos habíamos encontrado unos años antes por Internet -y también por casualidad-, éramos de los que participábamos con entusiasmo en las tareas blogueras del reencuentro.

Todo esto lo digo solamente para contextualizar una frase lapidaria con la que un día, encabezando un espléndido texto sobre sus peripecias vitales,  se descolgó el ex alumno Juan Manuel Díaz Álvarez en dicho blog. La frase era ésta:

Yo nací en el paradigma de la ruralidad”.

Sin embargo, poca importancia tendría dicha frase para nuestros actuales intereses de no ser por lo que en estos últimos días ha ocurrido. Más o menos esto: Juan Manuel Díaz Álvarez, que tiene una amplia formación humanista culminada con una licenciatura en Filosofía y una vida dedicada a la enseñanza -de la que se declara servidor vocacional-, ha hecho una rigurosa disección, que él llama “comentario”, de mi poema “La luna”, que es, probablemente,  el que ha resultado más mediático de cuantos he escrito.

Naturalmente, una vez leído tan minucioso análisis del poema, lo primero que me vino a las mientes fue publicarlo en uno de mis blogs, para lo cual le pedí el correspondiente permiso, además de una foto y unos leves datos biográficos. Y aquí es donde la frase adquiere el verdadero sentido, que es el sentido de la autenticidad de una afirmación tan categórica.

Éstos son los datos que me envió:

A modo de biografía

Si me preguntas quién avivó mi amor por la literatura, te respondo sin titubeos: las vacas. Tres, concretamente: La Cachorra, la Cordera y la Pinta.

Yo, como cualquier niño de la Asturias rural profunda, viví los años de posguerra aportando trabajo infantil a la exigua economía familiar. Los niños éramos necesarios para las tareas simples: “coger les castañes” “ermesar les ablanes”, “esparder la herba”, “dir por agua…” y “llindiar les vaques”.

Desde los siete u ocho años pasé muchas horas en el “prau” con nuestras tres vacas. Horas lánguidas, pausadas, que demandaban alguna ocupación compatible. Y la encontré en la lectura. Circunstancias providenciales me permitieron acceder a algunos libros prestados por alguien que siempre gozará de mi gratitud. Entre ellos, “Las mil mejores poesías de la lengua castellana”. Leí con avidez infantil y memoricé muchos poemas que aún puedo recitar literalmente.

Lo que vino después fue producto de la contingencia individual. Largos años de internado en centros de frailes Dominicos contribuyeron a  una formación académica que finalicé en la Universidad de Valencia, con la licenciatura en filosofía.

Mi vida profesional estuvo siempre ligada a la enseñanza. Fui, entre otras cosas, “jornalero de la gramática”. Y por encima de todo, siempre quise ser “maestro”. Porque “El Director dirige, el profesor explica y sólo el maestro enseña”.

 Ahora, jubilado, tengo el temor de no haberlo conseguido.

Juan Manuel Díaz Álvarez


COMENTARIO AL POEMA “LA LUNA”, de MARIANO ESTRADA

1.- No es casualidad que el autor dedique este romance a Federico García Lorca. La luna atrajo singularmente al poeta granadino. Y protagoniza varias de sus composiciones líricas, a veces transmutada en originalísimas prosopopeyas y otras convertida en metáforas, símiles o antítesis de la lírica lorquiana.
Pero el objeto de este comentario no son los poemas que Lorca dedica a la luna, sino este romance que el poeta Mariano Estrada dedica, por admiración o por simpatía, a su colega García Lorca y que también tiene a la luna como protagonista.

2.- Empecemos por la forma. El poeta, Mariano Estrada, elige en esta ocasión el romance como cauce de su expresión lírica. A primera vista sorprende esta elección, porque el romance canaliza preferentemente temáticas realistas, surgidas de la épica caballeresca.
¿Hay aquí incoherencia formal? No. La evolución de los géneros literarios rompió los rígidos moldes históricos para enriquecer las formas. Por eso es muy pertinente la dedicatoria.

3.- Este poema se estructura en cuarenta versos, agrupados en diez estrofas. En las tres primeras el poeta, remedando el tono juglaresco, asevera enfáticamente el tema medular de la composición: la soledad, por abandono,  de la luna. Y lo hace mediante dos recursos retóricos que consiguen transmitir al lector sus argumentos: la anáfora,  mantenida mediante la reiteración de un adverbio temporal (ya…) y las impactantes antítesis “besos/sangre, puñales/amores”.
Con estas tres primeras estrofas estamos ya situados en el escenario del abandono, de la soledad, del olvido de alguien o de algo muy apreciado para el poeta y para nosotros mismos, luminaria “antes” de nuestros sueños y objeto de nuestros amores (“la cubren de besos”) y de nuestros odios (“la bañan con sangre”, “le clavan puñales”)

4.- En un sorprendente cambio de tono, utilizando un  apóstrofe inquisitivo, denuncia a los culpables: los poetas que han dejada a la luna sin versos y los amantes que la privaron del amor. Es esta estrofa, la cuarta, con su rotundo tono increpante, la clave que nos permite entender los versos anteriores y posteriores.
 
5.- Y así, increpados y denunciados los culpables, vuelve al lamento inicial en las estrofas quinta y sexta. Constata en ellas la desafección de la luna, que “ya no es de nadie”, e incluso la propia pérdida de identidad “ni es luna, la luna que ahora nos sale”. Y en los siguientes versos, utilizando nuevamente la anáfora con el adverbio modal “solo”, describe con cinco brillantes metáforas qué es ahora la luna: “un círculo errante, un castillo arrumbado, un recuerdo distante, una historia en un libro, una estatua en un parque”. Son metáforas rotundas que impregnan la sensibilidad del lector y dejan en su retina la desazón, el disgusto y la intranquilidad.

6.- ¿Hay remedio para tan gran mal? El poeta nos lo deja entrever en la séptima estrofa con tres sencillas aseveraciones: Volverá a ser luna
si aman los corazones,
si vuelan los pensamientos
y si cantan los poetas.

7.- En la octava estrofa, con una increpación directa en segunda persona del singular, reprocha al “lunero” (poeta o amante), el abandono de lo que fue suyo,  de algo que perteneció a su propia intimidad. El verbo “metiste” consigue trasladarnos la relación de intimidad que tiempo atrás hubo entre el “lunero” y la luna. Se justifica la creación del vocablo “lunero”  para establecer la relación de sustancialidad entre ambos.

8.- En la novena estrofa vuelve el poeta a situarse en la posición de quien asevera lo irremediable. Constata el continuo cambio de personas y valores, de miradas y de formas.
 Pero que cambien los hombres, las miradas y las formas del amor no nos conduce a un fatalismo irremediable.

9.- Porque en la última estrofa, grandiosa, pletórica, el poeta abre la puerta a la esperanza formulando en tres pinceladas, tres versos impactantes, lo que realmente es la luna:
Porque la luna es mirarse:
asesinar con los ojos
hasta el dolor de la sangre.
Los dos últimos versos tienen algo de enigma y siembran en el lector cierta inquietud e incluso angustia. ¿Cómo pueden Interpretarse? Solo desde lo dicho anteriormente. Mirarse, asesinar con los ojos, es una apelación a lo humano, al sentimiento, a la vuelta a esa sensibilidad ahora perdida que tenía por objeto a la luna, símbolo eterno del amor y de la poesía. Y es tan grande  el abandono y el olvido que el poeta detecta que sólo el dolor más profundo, el de la propia sangre, nos puede devolver el bien perdido.

10- Este poema está incluido en un libro titulado “El Cielo se hizo de Amor”. Es una pequeña joya cuya lectura fue para mí un  honor y un  placer y que recomiendo vivamente a cualquier persona amante de la buena poesía.
En el prólogo, Mariano Estrada, su autor, en admirable prosa poética nos da las claves para entender este poema y el resto de los que integran la obra:
“El día que se calle el amor habrá un terrible silencio. O acaso empiecen a oírse los tambores sordos del vacío, de la noche recurrente y repetida y ciega, de la jungla inabarcable, la soledad frente a Dios, la nada. Por fortuna, el amor es una sabia que se renueva y, mezclada en el barro, siempre habrá una gota que resista los embates de los tiempos secos. Una lágrima, una risa, una mirada... Esas cosas nos salvarán de la química o la muerte”.

Juan Manuel Díaz Álvarez




LA LUNA, de Mariano Estrada

A Federico García Lorca



Ya nadie mira a la luna,
la luna ya no es de nadie;
ya no la cubren de besos,
ya no la bañan con sangre.

Ni ya le escriben poemas,
ni ya le clavan puñales;
ya no hay tragedias de amores,
ya no hay amor, no hay amantes.

Ya pasa sola la luna,
ya pasa sola, sin nadie;
ya no amontona secretos
ni alumbra sueños, como antes.

¿Adónde fuisteis, poetas,
adónde fuisteis, amantes,
que la dejasteis sin versos,
que sin amor la dejasteis?

Ya no es de nadie, ni es luna,
la luna que ahora nos sale;
porque es un círculo sólo,
y sólo un círculo errante.

Solo un castillo arrumbado,
solo un recuerdo distante;
solo una historia en un libro,
solo una estatua en un parque.

La luna no será luna
sin corazones que amen;
sin pensamientos que vuelen
y sin poetas que canten.

Y es esa luna, lunero,
la misma luna, no obstante,
que tú metiste en los versos
porque era tuya una parte

Pero los hombres son otros
y otras las cosas que valen;
y otros los ojos que miran
y otras las formas de amarse.

La luna no será luna,
porque la luna es mirarse:
asesinar con los ojos
hasta el dolor de la sangre.


Del libro “El cielo se hizo de amor”

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios