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domingo, 27 de febrero de 2011

Asfixia


Madrid, la boina poluta. Foto tomada de internet sin ánimo de lucro


Asfixia

En los años 80 ya estaba la polución instalada en nuestras ciudades y la contaminación en el ambiente. Desde entonces, y a pesar de todos los esfuerzos de los ecologistas y de todos los kiotos habidos y por haber, las cosas no han hecho más que agravarse. Ponemos como ejemplo una foto de Madrid, pero podía ser de un montón de ciudades del llamado mundo civilizado.

viernes, 25 de febrero de 2011

Poeminos de amor

Rosa y Mariano, hotel Cimbel, Benidorm, 13 de septiembre de 1975


Poeminos de amor

PPS realizado por Mar, en forma de libro
http://cid-b9547652472c3167.skydrive.live.com/self.aspx/Nueva%20carpeta/Mar%5E_Poeminosdeamo%5E_Cr.pps


Abrazo


Mi mano tiene tomada
la dimensión de tu pecho,
mi boca la de tu boca,
mi cuerpo la de tu cuerpo.

Y vengo a abrirte la arteria
por donde va el pensamiento,
para caer con el alma
alrededor de los sueños.

Que en este abrazo gigante,
alzado en barro y en viento,
mi sangre es tanto tu sangre
como mi aliento tu aliento.


El corazón de los hombres


El corazón de los hombres
tiene una arteria obstruida:
la de la sangre más densa,
la del amor y la vida.

La que en los tragos amargos
curaba siempre la herida.
Y estaba abierta a los sueños
y estaba abierta a la risa.

El corazón de los hombres
es una víscera esquiva,
quizá una fuente de mármol
con una arteria obstruida.

La del amor y la sangre,
la de la sangre y la vida.


La mano


Se me ha encogido esa mano
que tuve siempre tendida,
pues si la fe no me falta
me va faltando la vida.

Espero con los que esperan
una inminente partida,
sereno, sin hacer sombra
y con la mano encogida.

La mano que estuvo llena
de corazón y caricias,
la que regando las flores
se fue quedando marchita.


Para el amor


Para el amor he vivido.
Y para el verso.
Para prender con las manos
los alamares del viento.

Para la vida.
Porque la vida es aliento:
Abrazo, palma con palma,
y corazón y requiebro.

Para el amor he vivido,
para el amor estoy hecho.
Para agotar con los labios
el hontanar de los besos.


La orilla


Desde esta orilla del verso
quiero volver a la vida,
para meterme en tus ojos
que son dos fuerzas que tiran.

Yo soy la leña del árbol,
la cicatriz de la herida,
la voz ahogada del alma,
la parte en sombra del día.

Pero a esta orilla del verso
es el amor quien me guía.
Mi libertad, que fue fiera,
está a tu puerta rendida.

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
Blog http://paisajes.blogcindario.com
Poemas
recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios

lunes, 21 de febrero de 2011

Labradores

Foto tomada de internet sin ánimo de lucro


Labradores

Por el camino vienen
desde la era.
ellos son labradores;
sus cuerpos, tierra.

Con la mirada ausente,
la lengua seca,
el espinazo corvo,
las piernas rencas.

Por el camino vienen,
sudor y pena;
lo que sus hombros cargan,
albarda y yegua.

De las lejanas nubes
la noche cuelga;
sus cuerpos andan al paso
de las estrellas.

Por el camino vienen
desde la era;
por el camino eterno
que a casa lleva.

Recorrerán mañana
la misma senda;
ellos son labradores,
sus cuerpos, tierra.

Del libro “Tierra conmovida”

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
Blog http://paisajes.blogcindario.com/


Arado. Foto de M. Estrada, Codesal, Zamora, agosto del 2010

jueves, 17 de febrero de 2011

Era sólo un almendro

Foto tomada en Relleu, 14-02-2011


Ver el PPS de Mar:
http://cid-b9547652472c3167.office.live.com/self.aspx/.Documents/Mar%5E_Erasolounalmendro.pps


Era sólo un almendro

A Lidia,
que estuvo en el origen del poema

Era sólo un almendro,
junto al camino,
pero yo me topé
de frente con la dicha.
Era sólo un puñado
frágil de flores luminosas,
sin embargo, la sangre
se me puso de golpe alborozada.

Y yo cerré los ojos
para atrapar la miel,
para guardar en la retina
la imagen del instante,
que ya era también de las abejas.

Al volver a la luz
supe que todo era un ensueño…
Pero ¿qué importa?, sé también que un día
cualquiera de mi vida,
el ensueño tendrá su realidad
en un recodo íntimo,
junto al camino.

Y yo seré la savia de ese árbol
en cuyas flores, hoy,
dieciocho de febrero
del dos mil siete,
a las doce del mediodía,
hundo con gozo la mirada.

Y siento una emoción
que me desborda
y se deshace en llanto.

¿Qué ha ocurrido? No sé,
era sólo un almendro
junto al camino.
Sus flores,
vigorosas de luz,
derramaban sonrisas de belleza.

Del libro "Gotas de hielo"

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
Blog http://paisajes.blogcindario.com/
Poemas recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios

El Charco, Villajoyosa, febrero del 2010

martes, 15 de febrero de 2011

Desde la flor del almendro

Relleu, 14-02-2011. Foto Mariano Estrada


Desde la flor del almendro

Cada vez que escribo un libro, cosa que no ocurre todos los días, tiendo a situarme mentalmente en un punto concreto del escenario que pretendo abarcar. Y es desde ese punto desde el que luego realizo las excursiones que requiera cada poema, si es que hablamos de un libro de poesía. Por ejemplo, en el libro “Hojas lentas de otoño”, ese punto era el cementerio de Muelas de los Caballeros. Cosa natural, si partimos de la base de que allí está enterrada mi madre y el libro es un canto de amor y de muerte.

El libro “Desde la flor del almendro”, cuya inspiración procede de ese maravilloso valle que, pasando por Guadalest, va de Altea a Confrides, tiene su centro neurálgico en los alrededores del Trestellador, en el término municipal de Benimantell. Y, más concretamente, en una masía extraída directamente del libro Años y Leguas, que, para mí, es el mayor prodigio literario de Gabriel Miró.

Pues bien, mañana –ciertamente muy bien acompañado-, voy al lugar exacto del crimen, donde espero que, a pesar del frío de este invierno, ya habrán florecido algunos almendros. De momento, he cargado las pilas. Las de la cámara, digo. Porque, para ir a ese valle –hubo un tiempo en que iba muy a menudo- las mías están siempre cargadas.

Ignoro lo que vamos a comer, porque no he sido yo quien se ha ocupado de la reserva, pero juraría sin temor a equivocarme que comeremos olleta de blat. Previamente, andaremos sin prisa los caminos de luz que bordean los almendros. Y así, envueltos en calma y en belleza, ganaremos la comida despacio.

Dejo aquí los dos prólogos que encabezan el libro de marras. Uno de ellos es mío. El otro es de Miguel Ángel Lozano Marco, Catedrático de Literatura Española de la Universidad de Alicante, especialista en Azorín y, seguramente, el hombre que más sabe de Gabriel Miró.

Ah, y también os dejo un pequeño poema ¿Cómo iba a faltar? Sería un poco raro, dado que la poesía es mi revolución particular, perenne y voluntariosa.

Un abrazo

Relleu, 14-02-2011. Al fondo, el Puig Campana. Foto M. Estrada



Prólogo del autor

En las breves líneas que ilustran la solapa de mi último libro publicado, "Azumbres de la noche", manifiesto que fue escrito donde tiene su aposento la luz, entre las brisas salobres de este undoso Mar llamado Mediterráneo. Lo que entonces no sabía es que el mediterráneo lo llevaba yo dentro, al menos en alguna de sus formas o interpretaciones. Lo supe al esbozar otro libro: el que ahora está en tus manos, lector, pues aparte de la luz o el mar, tan tópicos como ineludibles (tan propicios, por tanto, para la impregnación, la subyugación e incluso la dulía), aparte de "esas cosas", digo, se deja ver el paisaje: ése que yo he aprendido a amar en los 21 últimos años de mi vida: pinos y palmeras, hortales y collados, regatones, trochas, cambroneras... Y especialmente el almendro, con su tronco de vieja soledad, con su flor de luna.
Ni que decir tiene que el paisaje de mi niñez, tan otro, tan distinto, queda preservado amorosamente en los claros sin tacha de mi alma. Frente a él, y a pesar de tan honda caladura, el mediterráneo es un beso reciente. No se excluyen, no obstante; quizás se complementan; los dos habitan en mí de una forma civilizada y enriquecedora. Eso sí, me duelen ambos porque ambos corren peligro: uno por obligadas incurias, otro por excesivos hormigones.
Y entre estos dos azúcares de amor, yo, amante pródigo, confieso que un paisaje de almendros -especialmente en un lugar adecuado, como lo son ciertos valles de la Marina (Alicante)-, es de tal belleza que a mí me arrastra a las fimbrias nebulosas de la realidad o íntima frontera del ensueño. Es decir, me deja boquiabierto, desverbado, humildemente desnudo.
Lo penoso es pensar que sobre estos enclaves milenarios, cargados ya de lastres insufribles, pero bellos aún, pueda alzarse una sentencia última de mutilación o varias más sutiles de velada muerte. Por lo cuál, desde esa flor dulce de luna, cárdena o albina, con toda la belleza subsidiaria del paisaje, yo vindico el almendro no sólo como exaltación de un pasado, sino también y, sobre todo, como parte inexcusable de nuestro destino.

Mariano Estrada

Relleu, 14-02-2011. Al fondo el Puig Campana. Foto M. Estrada


Prólogo de Miguel Ángel Lozano

De entre los temas poéticos privilegiados por la tradición es posible que el del paisaje sea el que requiera, para su adecuada expresión, una lograda madurez en el poeta. El paisaje no es superficie, sino hondura y densidad, y sólo una prolongada convivencia con él -como sucede en los matrimonios bien avenidos- propicia las claves para su comprensión. Se conoce sólo a costa de entregas, porque no estaremos en el camino adecuado hasta que no comprendamos que el paisaje es el que nos va haciendo a su medida, a fuerza de costumbre.
Mariano Estrada ha penetrado en el secreto del paisaje. Ha sabido ver que las formas detenidas en un momento no son más que un engaño; que en cada instante todo participa del flujo de la vida; que todo está conmovido por radical dinamismo en un ejercicio de “presunta eternidad”. El poeta como vidente que ha “aprendido a ver en las heridas / su más oculto fondo”, ha calado en ese fondo dionisíaco, eterno y dinámico: en la germinación vegetal, en el aliento del mar y en las tiernas violencias del amor, en la savia y la sangre que se acompasan con un eterno ritmo ignorante de días.
Y al fin me reconozco en el paisaje, dice en uno de sus versos. La conciencia de sí mismo se resuelve en palabras, y éstas realizan el prodigio de diferenciar en medio de tanta confusión, de re-ordenar un caos primigenio sin traicionar la verdad de los enlaces. Para lograr el prodigio de la diferenciación es imprescindible, además de la conciencia, un lenguaje rico, variado y expresivo. El lenguaje intenta poner orden en esta fusión total del tiempo y la materia. El lenguaje es así vida destilada de los días, de los años vividos, y de las leguas recorridas con atenta mirada; vida destilada que preserva los instantes en que se ha palpitado, no para dar la medida del tiempo, sino para acompasar su ritmo con la eterna pulsación del mundo.

Miguel Ángel Lozano

Relleu, 14-02-2011. Al fondo, el Puig Campana y Els Castellets. Foto Mariano Estrada


Caía una lumbre mojada en las
copas de los almendros...

Gabriel Miró (Años y Leguas)


Decurso

Cuando me tiemble el corazón
en las cenizas de la tarde,
mi luz será un cayado
de mareas en
constante mar.

Sobre ellas andaré,
por cuérnagos de luna,
oliendo a intimidad y a epifanía,
gozando en el jazmín
los atributos de la sombra
o el espeso decurso de la noche
hacia un amanecer
claro de almendros.

Del libro "Desde la flor del almendro"

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
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Relleu, 14-02-2011. Paisaje con casa, ente Relleu y el pantano de Villajoyosa. Foto de M. Estrada

lunes, 14 de febrero de 2011

Como tú

Daniel Estrada Corrales. Felicitación que le ha mandado su tía Antonia, desde Kiev. La foto es del día de la Primera Comunión. Yo pongo el poema


Como tú

A Daniel Estrada Corrales

Como tú fui niño, niño.
como tú tenía
cara de ángel bueno.

Y era igual de rubio,
rizo sobre rizo,
todo mi cabello.

Como tú tenía
ojos inocentes,
pícaros y bellos.

¡Cómo tú, pequeño!

Como tú tenía
la caricia honda
de unos padres buenos.

Me cuidaban ellos.
Sé que me querían
como yo te quiero.

Yo era muy pequeño.
Tan pequeño era
como tú lo eres.

Pero bien me acuerdo.
Sé que me querían
como tú me quieres.

Tú no lo comprendes.

Pero yo fui niño, niño,
con tu mismo encanto,
como tú de pillo.

Y rasgué las ropas
y llevé escalabros
por el mismo sitio.

Como tú, chiquillo.

Y era igual el llanto,
y era igual la risa,
y era igual el mimo.

Te pareces tanto
que me digo a veces:
¿no serás yo mismo?

Corazón de potro,
tanto de pareces...
¡Tanto y tanto en todo...!

Del libro "Tierra Conmovida"

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
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Daniel Estrada. Trabajando en el Hotel Bali de Benidorm

sábado, 12 de febrero de 2011

14 de febrero: cumpleaños de Daniel

Daniel Estrada Corrales, Dani


14 de febrero: cumpleaños de Daniel


Este poema no está publicado en ninguna revista o periódico ni forma parte de ningún libro. Desde un punto de vista técnico, no es que sea una cosa del otro jueves, al contrario, es más bien del montón. Sin embargo, desde el ángulo de los sentimientos, es un poema realmente entrañable. De hecho, a mí me ha hecho revivir unos tiempos que fueron extraordinariamente felices. Un padre a cuatro patas, haciendo el perro, desmelenándose, desgañitándose a ladridos, arriesgándose incluso a la eventualidad de una que otra patada: “Qué jodío, me quería morder”

Realmente un gustazo. Quien haya estado en una situación parecida me entenderá perfectamente ¿Y qué padre o madre no ha estado alguna vez en una situación parecida? O sea, que cuento con la seguridad de que seré perfectamente entendido ¿Avez-vous comprís, monsieur? Of course, amic meu, todos los padres hacen las mismas monadas y todos los hijos las mismas perrerías.

Ni que decir tiene que los hijos son siempre adorables, pero a cierta edad resultan incluso comestibles. Más aún, yo declaro que en algunos momentos de la evolución amorosa mantenida con mi hijo, estuve muy a punto de hacerme un consumado antropófago.

Un abrazo

Cumpleaños feliz



Daniel

1

Erizo de mil púas,
pequeño bicho,
tú pones mis cimientos
en entredicho.

Conoces mi secreto,
tirano imberbe,
pequeño renacuajo,
cagón de leche.

A ver, sanguijuelilla,
trocito de hombre,
persona chiquitita,
capullo en brote.

A ver si te reportas
y me respetas,
que aquí soy yo quien manda
y no a la inversa.

Que siempre en esta casa
yo he sido el jefe,
y tú ni te das cuenta
ni me obedeces.

¿O no tienes bastante
con dar la lata:
los mocos, las llantinas,
el pis, la caca...?

¿Qué quieres, taponcito,
aparte de eso,
que me hinque de rodillas
y te haga el perro?

¿Qué te haga mil zalemas
a cuatro patas,
en tanto me echas huesos
si tienes ganas?

Pues no verás tal cosa,
dictadorzuelo,
por más que tus ojillos
me miren tiernos.

De modo que no me hagas
más pucheritos,
ni me eches más el ojo
por el rabillo.


2

Así, respetuoso,
tranquilo y bueno,
callado, quietecito
y obedeciendo.

Si quieres, un poquito
podrás moverte,
o hacer alguna gracia
como haces siempre.

¿Y ahora qué te ocurre
que tanto callas?
¿No quieres que juguemos
ni dices nada?

No vayas a enfadarte
por lo que he dicho,
que aquí tú eres el jefe,
yo soy el niño.

Yo soy tu niño, niño,
yo soy tu siervo,
y te hago una jauría
no sólo un perro.

Mariano Estrada
Cuando Dani tenía ¿3 años?

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Cumpleaños feliz

jueves, 10 de febrero de 2011

Por la calle abajo o el secreto amor de una niña

Rosa

Ver PPS de Mar:

Por la calle abajo o el secreto amor de una niña

En un pequeño pueblo de la provincia de Zamora hubo una vez una niña que, montada en el caballo de su corazón, pasaba ochenta veces al día por el mismo tramo de la misma calle. El hecho de que viviera en ella el príncipe del que estaba perdidamente enamorada no tenía nada que ver, por supuesto. Es verdad que amaba a aquel muchacho hasta el delirio, y que lo hacía con ese amor tremendo de los quince años, pero ella pasaba por su puerta ochenta veces al día por pura casualidad. Sólo por pura casualidad. Y si miraba un poco hacia arriba, hacia el lugar donde estaba la ventana de su habitación, lo hacía solamente con el rabillo del ojo. Vamos, que no se le notaba en absoluto. Además, ¿quién se lo iba a notar, si llevaba su amor secretamente y sólo las amigas verdaderas estaban al tanto del secreto y ninguna de ellas había repicado las campanas? Madre de Dios, la vergüenza que ella hubiera pasado de saber que alguien lo sabía. Pero no sé, puede que alguien lo supiera...


Por la calle abajo

Por la calle abajo,
por la calle arriba,
una vez y otra,
¿dónde va la niña?

A las fuentes claras
de mi tierna vida,
donde está la flecha
del amor metida.

¿Y qué flecha es ésa
de tan honda herida?
Todos los preguntan,
nadie lo adivina.

Son los ojos tiernos
de alguien que me mira;
alguien que es más claro
que la luz del día.

Por la calle abajo,
por la calle arriba,
con sus pasos cortos,
con su larga risa.

Y en el punto medio
de la calle misma,
un muchacho esconde
su mirada tímida.

¡Si él supiera que ella
sabe que la mira...!
Pero no lo sabe.
¡Ni aun se lo imagina!

Por la calle abajo,
por la calle arriba,
vueltas y más vueltas,
viene y va la niña.

Del libro “Trozos de cazuela compartida”

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios

martes, 8 de febrero de 2011

Aterriza en mi ser

Foto tomada de internet sin ánimo de lucro


Aterriza en mi ser

De la serie que hemos llamado “poe-canciones”, tal vez sea ésta la que tiene una mayor carga amorosa desde el punto de vista pasional. Es más, yo creo que jamás había extraído de las profundidades telúricas una pasión tan aparatosa. Y hasta creo que tampoco sabía muy bien que podía tener dentro esta fiera, por lo que yo soy el primer sorprendido ¿Sorprendido? Vamos, Vulcano, ¿no has sido tú el que ha dejado en el monte esta estela de ramas encendidas?:

Explora las oquedades ciegas de la carne con los impulsos incontenibles del deseo. Apaga los volcanes de la piel con la humedad dulce de la lengua y de los labios mojados y carnosos

¿Qué es lo que te sorprende, entonces? ¡No nos vendrás ahora con remilgos de alondra alicaída o de azucena tronchada!

Y lo más sorprendente de todo es que lo he hecho desde la óptica femenina, o sea que me he metido en la piel de la mujer ¿Por qué motivo? Pues no lo sé, pero tampoco es la primera vez que lo hago. Tal vez crea que es en la mujer donde el fuego se materializa con más intensidad y de forma más elocuente ¿Intuición, enciclopedismo, experiencia personal y personificada? ¡Ah! Eso lo mantendremos como incógnita, que siempre deja un halo perturbador (Ahora se dice morbo). Lo único que quiero añadir es que, cuando arde una mujer, todo un universo se quema: los muebles, los adornos, las braguetas liberales y progresistas, el puritanismo de garrafón y las charreteras de Marte. Por ejemplo.

Un abrazo


Aterriza en mi ser.

Muere de amor y borrachera
Arrójate en el fuego de esta hoguera
en la que arde mi piel.

Muere sin fin y resucita
mil veces, para amarme
mil veces cada vez.

Ahógate de mí, muere de vida,
disuélvete en la herida
del querer.

¡Aterriza en mi ser!

Ofrécete con alma irracional
y enloquecida,
dilúyete en la lumbre del placer.

Derróchate en un beso permanente,
entiérrate en mi vientre
de mujer.

¡Aterriza en mi ser!

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viernes, 4 de febrero de 2011

Qué polvo tiene el camino...

Pequeño molino harinero en Muelas de los Caballeros, Zamora. Foto de Fernando Medrano


Qué polvo tiene el camino

Queridos amigos: he leído un artículo de María del Carmen Ugarte titulado “Molineras, molineros y molinos en el cancionero popular”, que entre otras cosas, dice:

... En toda España, pero sobre todo en la zona norte, en Castilla y en León encontramos gran variedad de canciones que van perfilando un modo de ser de los habitantes del molino. ¿Qué puede haber de verdad en esto?, ¿son las molineras tan ligeras de cascos como las pintan?, ¿es, por el contrario, una mera habladuría? ¿Son los molineros agarrados y propensos a quedarse con más de lo que les corresponde? ¿Son los molinos lugares frescos y amenos que invitan al amor?...

Empecemos por las molineras, a las que el cancionero describe por lo general como buenas amantes y algo libertinas en sus costumbres dispuestas a hacer favores a todo aquel que pisa el molino. Recordemos a este fin una de las rondas más populares:

Vengo de moler, morena,
de los molinos de arriba,
duermo con la molinera, olé, olé,
no me cobra la maquila,
que vengo de moler, morena.

(Hasta aquí, fragmentos del artículo)

La maquila es el pago por la molienda, solía hacerse en especie.

Más adelante, la autora se refiere a otra conocida canción, de la que yo, un día ya lejano, tomé el primer verso para ponerlo de título a un poema, éste que dejo hoy aquí:


Qué polvo tiene el camino...

Ha cerrado sus puertas el molino
que a la vera del río regentaba
una dama vetusta y afamada
por el polvo gozoso del camino.

Molinera de pan, cuyo tocino
traspasó en una copla la hondonada;
que llegó a la ciudad y fue cantada
por juglares de canto y dame vino.

A la buena mujer, cuyo destino
fue pasar por los años empolvada,
se le echaron las cuentas: era honrada.

No hay un hombre, foráneo ni vecino
que atestigüe maquila más reglada
ni más polvo que harina, ni más nada.

Del libro “Trozos de cazuela compartida”

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Coda:

Dice un conocido refrán que “Cuando el río suena / agua lleva”. Pero en el caso que nos ocupa nada se pudo demostrar, o más bien se demostró lo contrario... Habría que ver hasta qué punto la leyenda de las molineras era una simple bravuconada de los hombres. No sé, pero a lo mejor es que sí.

jueves, 3 de febrero de 2011

La trascendencia

Foto tomada de internen sin ánimo de lucro


La trascendencia

Queridos amigos:

Vosotros, que resistís en este Blog como el Dúo Dinámico en la vida y en el tiempo, bien sabéis el Dilema ante el que

Un buen día me detuve
con pensamiento confuso:
¿Adónde voy, a qué nube,
a qué universo difuso?

Mi interrogante fue obtuso,
mi pensamiento fue vano:
Hay medio mundo que es ruso
y otro medio americano.

Pero esto fue antes de la caída del muro de Berlín (de Berlín, porque vergüenzas hay muchas), a consecuencia de lo cual se produjo una

Revisión a la baja:

El mundo tuvo un dilema
pero encontró solución.
La de juntar pensamientos:
dos en uno, tres en Dios.

Y en Dios quedó la cosa, de momento. Pero yo soy de mente febril (demente febril, qué poca distancia hay entre la lucidez y la locura) y decidí seguir pensando hasta llegar a la frontera de los sentidos y aun asomar la cocorota al otro lado Y eso, amigos míos, ya iba mucho

Más allá del mundo,
más allá del tiempo,
más allá del barro,
más allá, más lejos.

Y entonces caí en un estado de alelada ensimismación, acaso de estúpida idiotez, que llevó a mis familiares a pensar que aquel era el principio del fin. Y fantasearon con un inminente desenlace:

-Ahí está el roble que cortamos el otro día. Iba para leña del hogar, pero hará una buena caja de muerto.
- Está muy verde aún, y a lo mejor revira y tuerce.
- Eso no le quita ni pone…
- Ya, querido, pero la caja ha de ser del comercio. Porque lo digo yo. Y el roble que arda a sus anchas en la chimenea… ¿No ves que este año no tenemos orujo y necesitamos la leña para calentarnos la vida?

Roble, caja, leña, fuego… ¿Y después del fuego, qué? El humo ¿Y luego? Luego la dilución en el espacio, el vacío y, finalmente,


La trascendencia

Llegar a ser aquello que uno fuera,
llegar, y trascender lo que se ha sido,
y ser después no-ser, como el latido
de un dios arrinconado en la quimera.

¿Qué es ello, sino el ser de la madera
de un árbol que en los años ha crecido
y en ellos por el hacha es abatido
pasando a trascender en una hoguera?

El árbol subirá por la escalera
de viento, donde el humo va vertido.
Mas, ¿qué será después de trascendido?

¿Un árbol reencarnado, repetido?
¿Un alma, un vendaval, una bandera?
¿Algún lejano punto de la esfera?

Del libro "Vientos de soledad"

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
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Foto tomada de internet sin ánimo de lucro

martes, 1 de febrero de 2011

Pillado por la obsesión

Foto tomada de internet sin ánimo de lucro


Pillado por la obsesión.

De la serie “poe-canciones”, que tal como entraron en el archivo están saliendo ahora. Nadie las ha visitado en este tiempo de oscuridad y mazmorra, lo que me remite a aquel famoso romance de Gerardo Diego: “Río Duero, río Duero / nadie a acompañarte baja” “Sino los enamorados / que preguntan por sus almas / y siembran en tus espumas / palabras de amor, palabras”. Pues bien, con los enamorados vamos ahora, precisamente.

¿Os imagináis a un tío que, al menos durante un tiempo, no tiene otro oficio en la vida que el de estar plantado como un gladiolo en el balcón de su casa, sólo para ver si se le ocurre pasar por allí a la mujer que le ha reducido absolutamente las miras? Pues parece ser que hay quien lo hace. Yo mismo, por los años setenta, me colgué tanto de una mujer que, siendo el mío un culo intranquilo, no tenía inconveniente en esperarla durante horas cuando ella así me lo pedía: “Espérame en tal sitio a partir de tal hora. Yo llegaré lo antes posible, ya que tengo una reunión y no puedo dejarla cuando quiera, sino cuando pueda ¿Lo harás?”

Vamos que si lo haré, muchacha, lo haré con muchísimo gusto, ya me las maravillaré con el tiempo, ya contaré coches o motos o personas, ya me montaré mis entretenimientos y fantasías y libaré anticipadamente las mieles. Cuando el premio es tan grande como el reguero de tus labios y tan apetecible como el estremecido deseo de tus ojos, bien merece la pena esperar no ya dos horas, sino dos días, dos meses, dos años, dos centurias, una señora eternidad…

Es verdad que, cuando el amor se vuelve obsesión, uno se hace pelele a su servicio, además de estar encantado, por supuesto. Parece hasta mentira, con lo que cuesta esperar a un amigo cuando éste se retrasa tan sólo unos minutos “Joder, ¿es que no valgo siquiera un cuarto de hora?”… En cambio a ella, a la ocupante de tu cuerpo y de tu alma, la esperarás hasta que se cansen los relojes: “¿Se te ha hecho pesado, cariño mío?” “No, no, si sólo han sido tres horitas de nada” “Gracias, amor, tu espera es un estímulo para mí. No sabes hasta qué punto. Aparca el coche, mi vida, que a partir de ahora entramos en una zona de besos”

Pues… si esto es así, muchachas y muchachos, tendré que poneros un cartel con la indicación de prohibido. Y deciros con encarecida seriedad: “Silencio, se rueda”.

Un abrazo

Pillado por la obsesión.

Desde el balcón de mi casa
miro a la gente que pasa
y no la veo pasar.

Lo que veo es la quimera
de tus pasos en la acera
y de tu forma de andar.

Sobre las losas del suelo
tan sólo veo un señuelo
metido en cada tacón.

Como una lava creciente,
con moño, con permanente
con falda o con pantalón.

Y ya me duelen los ojos
de recoger los abrojos
amargos de esta mirada.

Que tiene luz en el día,
que tiene noche, y es fría,
que es llanto de madrugada.

Por más que no estés en nada,
tal como acabas de ver,
estás en todo mi ser.

Como una lluvia constante
que se me pone delante
y no me deja mover.

Aquí me tienes, mujer,
anclado, triste y llorón,
a lomos de una obsesión.

Entre macetas frondosas,
mirando para las losas
por ver si pasa un tacón.

De la serie "poe-canciones"

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
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