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lunes, 31 de octubre de 2011

Mementos


Torre-campanario Iglesia Muelas de los Caballeros. Foto Fernando Medrano

Sustraído a la luz
por las murallas del ocaso,
¿quién se alzará sobre el nivel
espeso de la sombra?
¿Quién se atreve a rasgar
sus tafetanes negros?

Mementos

Los altos cirios, las coronas
nimbadas de los ángeles,
las músicas de Bach y Palestrina,
los trémulos sollozos, la oración,
el negro catafalco...

domingo, 30 de octubre de 2011

Hojas de otoño para mis padres


Foto de JM Piña

Mientras cuelgo esta entrada estoy pensando en mis padres, María Vázquez y Daniel Estrada, que fueron tan buenos con nosotros.


Hojas lentas de otoño

La hojas de este libro, metáforas del dolor y del gozo y exponentes de la belleza, perviven en la Carballeda zamorana, especialmente en un rincón de la misma llamado Muelas de los Caballeros-Justel-Quintanilla-Donado, porque allí fue donde me aconteció la niñez con sus alforjas de felicidad, allí fue donde puso sus cebos la añoranza y allí fue donde al cabo me ha rozado la muerte. Mariano Estrada.

viernes, 28 de octubre de 2011

A una rama


Foto de Fernando Medrano

A una rama

Frente a esa claridad,
frente a ese monte, donde todo
es elocuente y gárrulo,
tú, árbol preterible, rama íntima,
me ofreces una flor
que desmorona el tiempo
y reconduce la mirada.

jueves, 27 de octubre de 2011

Retrospección


Otoño. Chimenea de pizarra, Quintanilla, Zamora. Foto JM Piña


Cuando yo era niño, la figura de mi madre llenaba todos los espacios de la casa. Después fui adolescente y joven y mayor, pero ella seguía llenándolo todo con su presencia. Un día se fue, como nos iremos los demás, y desde entonces me ocupa la memoria.

martes, 25 de octubre de 2011

Memorias del ahogo

Tomado de internet sin ánimo de lucro

Memorias del ahogo

La tarde son dos árboles
entrelazados que anteponen
su vista a la del mar,
que es un gozo perenne
y a menudo también una tragedia:
un barco,
un cuerpo,
un vendaval,
un oscuro presagio, la expresión
negra del agua
en la garganta del ahogo.

lunes, 24 de octubre de 2011

Reconocimiento

Figura de marfil. Foto Mariano Estrada

Reconocimiento

Te puse en pedestales
tan altos,
que alejaban de ti tu verdadera
naturaleza.

domingo, 23 de octubre de 2011

La mirada


Los ojos de Lidia

La mirada

Vosotros me diréis que acariciar con los ojos
es moneda precaria.
Pero estáis completamente equivocados.
No es moneda siquiera.
Es el más inasible de los vientos.
Pero viento.

jueves, 20 de octubre de 2011

Una bolsa de plástico


El Charco, Villajoyosa. Foto Mariano Estrada 

Una bolsa de plástico

1

Losa azul, agua
del mar, crispada por el aire. 
Playa anónima, cala recoleta
de la asediada costa levantina,
donde la luz mantiene su aposento.

lunes, 17 de octubre de 2011

Amor en alta mar


Patricia y Pablo, en la Playa de La Caleta, La Vila, sep. 2011 

Amor en alta mar
             Para Patricia y Pablo

La mañana era un gozo
deshabitado que salímos
a conquistar y a merecer
bajo la protección alegre
de un amor compartido.
Nos esperaba el mar, nos envolvía
el peso de la luz,
nos embriagaba la belleza.

sábado, 15 de octubre de 2011

Te digo amor


Foto JM Piña

Te digo amor

Te digo amor
y estoy diciendo otoño:
ocaso, lluvias, árboles desnudos...

Y no me pesa el labio por decir
amor y estar diciendo muerte.

Amor y muerte, sí,
pues digo consunción
y surge un crisantemo.

Y digo oscuridad o noche
y estoy diciendo luz de madrugada...

Te digo amor, te digo tierra,
y acaso estoy diciendo
            eternidad o lirio.

Del libro Hojas lentas de otoño (1997)

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

viernes, 14 de octubre de 2011

Puente en ruinas

Puente de San Andrés, río Fontirín, Muelas de los Caballeros. Foto M. Estrada


Me ha causado tristeza contemplar los despojos de un viejo puente de madera por el que yo pasé tantas veces. De niño, de joven e incluso de mayor. Sin embargo, soy consciente de que este derrumbamiento deplorable, causado por la desidia y el abandono de los hombres, es apenas una metáfora de algunos otros puentes que lamentablemente ha roto la crisis. Me refiero a los que ponían en contacto a la pobreza con las orillas del bienestar.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Ocaso

Ocaso en El Charco, Villajoyosa

La tarde es un racimo 
de luz periclitada, casi
un territorio de la noche.

M. Estrada.

Ocaso

En este justo instante
(pasado ya, pero a la vez eterno),
mis ojos participan de una luz
que, accidentada,
roza los lindes de la noche
donde abreva la paz y
despereza sus ascuas la memoria.

lunes, 10 de octubre de 2011

Amor y vida


Almendros en Relleu, Alicante. Al fondo el Puig Campana

Amor y vida

Apacentar la luz
en los inciensos del almendro
o en la mirra salobre que rezuma
el mar.

Mirar la lontananza como un
pacto de fe, un haz de lirios,
y ser con el paisaje la unidad,
no el centro.

sábado, 8 de octubre de 2011

Aliagas de marzo


Sierra de Aitana. Font de l'Arbre. Confrides, Alicante.

Aliagas de marzo

Me reconcilio, al fin, con el soporte
oscuro del paisaje o con el
agrio punzón de la maleza,
porque he aprendido a amar en el dolor
y a levantar en el cauterio
la miel desestimada de la vista.

jueves, 6 de octubre de 2011

Reversión


      Otoño en La Carballeda zamorana. Foto de JM Piña

Reversión

Un frío intestinal
se contrapone a esta belleza
de lenguas vegetales
que arropan el dolor
con los colores del otoño.

miércoles, 5 de octubre de 2011

La librería de Jonás


     Busqué en la librería de Jonás, pero El Buscón estaba en la mía.

La librería de Jonás

Queridos amigos:

Cada vez que publico en este Blog un texto viejo, siento la necesidad de explicarlo a los lectores: “queridos lectores, este es un texto viejo” ¿Será con la idea de orientarles o, por el contrario, será para que lo lean con benevolencia? Pues bien, estamos ante un texto que, sin ser de la época de Maricastaña,  tiene ya sus años. Al igual que algunos otros que he colgado aquí anteriormente, pertenece al libro “Vindicación de JL Borges”, del que sólo se han publicado en Internet algunos fragmentos ¿Fale la splicación? Esfero que sí, forque no hay otra.

La librería de Jonás

-Mira, Riki, o coges al toro por los cuernos o no harás nada en la vida. Las flores están bien como adorno, pero, si quieres cortar el bacalao, hay que olvidarse de florituras.
-¿Y qué me dices del arte?
-¿De qué te sirve el arte, si te crecen los papeles en los rincones? Déjate de monsergas, vete al grano, empieza de una vez, abandona esa actitud de divo perfeccionista. Nadie es la sal de la tierra, nadie está tocado de divinidad, somos puros mortales.

martes, 4 de octubre de 2011

Evocación de Carlos Llamas

      Carlos Llamas, foto tomada de internet sin ánimo de lucro

Evocación de Carlos Llamas

Queridos amigos:

Estos últimos días he vuelto a sumirme en los otoños esplendorosos de Muelas de los Caballeros e inevitablemente me ha acabado atrapando el recuerdo de Carlos Llamas. Ya hace cuatro años que murió, pero aquella mañana triste del día 4 de octubre del año 2007 me ha quedado grabada en la memoria como una foto hipnótica, descarnada y viva. Si es verdad que nadie muere del todo mientras haya alguien que le recuerde, a Carlos aún le quedan muchísimos años de vida. Yo estoy recordando ahora aquella sonrisa ancha y agradable que siempre llevaba dispuesta bajo la protección de aquellos ojos grandes y de aquel flequillo rebelde y negro.
Querido Carlos, como paisano y como amigo, te mando un fuerte abrazo desde este día de octubre del 2011, en el que los árboles de tu pueblo y el mío se van vistiendo de otoño.

¿Qué somos?

¿Qué somos, sino viento
indomeñable, transitorio
barro o efímera memoria?
¿O somos, además,
                            mareas invisibles
que no registra el tiempo ni el espacio?
¿Vivimos al morir, perdemos
en la muerte la causa de la muerte?
¿Qué seremos, entonces,
en ese almario inane
o luna exceptuada de la
                            gravitación universal?

Del libro Hojas lentas de otoño (1997)


Reproduzco aquí el artículo que le dediqué el día de su muerte.


Carlos Llamas

Nació, hace 52 años, en Muelas de los Caballeros, Zamora, donde iba con regularidad. Era de la pandilla de mi hermana Charo, que es un poco más joven. Porque cuando él nació, en Muelas aún había pandillas, aún había niños. Pero ahora, cuando vuelve por última vez, y ya para quedarse, sólo hay soledad y sólo hay muerte.

Porque Carlos Llamas ha muerto.

A uno se le encoge un poco la piel al pensar en aquella vitalidad morena que él siempre exhibía, aquella voz grave y hermosa, aquella risa dulce y abierta, aquella descarada juventud que, al madurar, tropezó con esta hidra insaciable que le ha mordido por dentro. Por Dios, si yo te veía aún como a un niño. Perdona, Carlos, sé que eras mayor y bien mayor, y que llamabas a las cosas por sus nombres y que plantabas cara al mundo cada día, y que asumías una gran responsabilidad en la sociedad de los hombres y que tenías un puesto y una marca y un bien ganado prestigio, pero yo te sigo teniendo en los ojos como al niño que fuiste, tal vez como al joven que eras en aquellas tardes de agosto en que subíamos andando del río, o en aquellas noches cálidas de verano en las que charlábamos hasta las tantas en la Plaza del Ayuntamiento, junto a las viejas escuelas, junto a la fuente…O en aquellas más cercanas en las que, acodados sobre la barra de la cafetería, hablábamos un poco de todo, de los viejos tiempos, del paisaje, de amores, de política, de literatura, de nuestro querido y admirado poeta zamorano Claudio Rodríguez…

Y aunque suene mucho a tópico, aquí en Villajoyosa, donde recibí la noticia esta mañana, todo me parece mentira. No sé, todo ha sido tan rápido y se ve todo tan lejos…De modo que he llamado a mi hermana, tu amiga, que regresaba del tanatorio en el que ahora te encuentras, y me ha dicho que sí, que has muerto, y que los tuyos, tu padre, tu madre, tu hermano Paco, estaban hechos polvo ¿Cómo no iban a estar después de este mazazo? Y ella, mi hermana, como yo notaba en su voz, también estaba apenada. Pero, claro, es que crecisteis juntos de niños…

Maldita sea, Carlos, nada puedo hacer por ti, sino escribir estas líneas, con las que quisiera transmitirles a los tuyos, tanto familiares como amigos, que tú te vas, pero que tu huella queda en nosotros mientras vivamos, porque tanto tus palabras como tu sonrisa serán ya indestructibles. Escucha, estés donde estés, quiero enviarte un abrazo sereno. Como tú eras. Adiós, amigo.

Descansa en paz.

Mariano Estrada


…Nadie la invita, ella sola
se mete por las grietas insondables
de la fontanería corporal
y, lentamente, va quemando astillas
del poblado almacén de las neuronas.

Y de la piel, que se resiente,
y de la carne, que se humilla,
y de todas aquellas ilusiones
de la ardorosa juventud
que, resignadas, buscan junto al fuego
un tranquilo rincón para dormir”


Fragmento de un poema titulado La inexorable, del libro Gotas de hielo (2011)

Mariano Estrada, Paisajes Literarios

domingo, 2 de octubre de 2011

Otoño, del esplendor a la soledad

 
Quintanilla, La Carballeza, Zamora. Foto JM Piña



Otoño, del esplendor a la soledad

Los otoños de la Carballeda zamorana siempre me sugieren la palabra esplendor, sin que nada pueda hacer para evitarlo. A su vez, la palabra Esplendor, aposentada en lo concreto, me lleva a una figura inasible en el lejano camino de Galta, Rajastán,  donde Octavio Paz erigió un poema de ruinas y de manchas  y de filología, cuyo nombre es El Mono Gramático y cuya forma es un libro; pero también me transporta, y créanme que ignoro las razones,  al ya lejano Esplendor en la Hierba, título de una película con guión de William Inge que, sin querer, me acerca mucho a Whitman, el maestro,  y éste a la Estatua de la Libertad,  y también a unas hojas rebeldes/revolucionarias que, terca y lentamente, se tiñen de colores otoñales y me llevan  de nuevo al esplendor. Y entonces me pregunto si estoy condenado a repetirme, pero concluyo que no, porque esta vez el otoño no me conduce solamente al lirismo que emana de las hojas esplendorosas de la Carballeda zamorana, con las que mi ombligo se comunica,  sino también a los círculos nietzscheanos del eterno retorno, que otros creen espirales sin término y sin vuelta. Aunque esto no encaja demasiado con los secretos a voces del lenguaje, en cuyos labios, de una forma o de otra,  todo parece que vuelve: uno por sus fueros, otro por donde solía, otro a tus brazos otra vez, algunos a casa por Navidad... De hecho, toda rectificación suele ser una “vuelta a empezar”. Y toda insistencia en el error es una “vuelta la burra al trigo”. No obstante, el hecho de volver a empezar, que implica seguir una pauta, tener un desarrollo ¿requiere una identidad real con el pasado, con lo pasado, o sugiere solamente un camino de aproximación, concomitante, paralelo? Con respecto al punto inicial, del que se parte, al que se vuelve ¿es realmente el mismo cada vez o es esencialmente otro? La vuelta  a los orígenes, pongamos por caso, es una vuelta simbólica,  porque ¿cómo volver materialmente a la cuna, a la niñez, al útero? En cuanto al regreso al territorio o a la patria...

Se vuelve, sí, pero ¿cómo volver al mismo sitio si uno no es el  que fue y la patria es completamente distinta?
Vuelta. Título que insiste en remitirme a Octavio Paz, apoyando, tal vez, la referida teoría de las espirales, que asegura que no hay repeticiones, sino giros en planos superpuestos...

Huelga decir que El Mono Gramático y Vuelta quedan en planos superpuestos, a pesar de que no falta quien dice -y Borges no es el único- que, por prolífico que sea un escritor, en realidad no hace otra cosa que escribir el mismo libro durante toda su vida.

Mariano Estrada
Fragmento del libro “Aguablanca, caminos de ida y vuelta”

Vientos de otoño

Cuando las hojas, maduras,
se dan al dios otoñal,
cuando los vientos le dictan
al árbol su soledad…

Le busco al alma un refugio
para ponerla a invernar,
y de las ramas de un árbol
le pongo leña al hogar.

Así me paso el otoño,
oyendo al viento silbar,
desnudo, como ese árbol
que me he atrevido a quemar.

El frío dios del otoño
nos ha azotado a la par:
a mí con melancolías,
al árbol con huracán.

Y viendo cómo las ramas
se acaban de desnudar,
mi corazón se desnuda
para ponerse a pensar

¿Por qué se alejan los sueños
y queda la soledad?
¿Por qué se agostan las hojas?
¿Adónde irán a parar?

Entonces miro hacia adentro
y se me ocurre al mirar
que el árbol es como el hombre,
la misma su soledad.

Que el corazón en otoño
es rama que han de dejar
las hojas, que son los sueños
y con el viento se van.

Del libro “Vientos de soledad” (1984)

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Blog http://paisajes.blogcindario.com