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miércoles, 28 de noviembre de 2012

Violencias, un artículo de 1997




Foto tomada de internet sin ánimo de lucro

Violencias, un artículo de 1997

Si se acepta la coexistencia del bien y del mal en la radical esencia del hombre, por decirlo en un lenguaje orteguiano, también hay que aceptar que ésta no puede eliminarse de su comportamiento mediante un simple acto de voluntarismo. Es cierto que la cultura, asimilada con verdad y con tiempo, va dulcificando el componente meramente instintivo en beneficio de una progresiva racionalidad, de la que suele derivarse una disposición intelectual hacia el bien (comportamiento ético), pero no es menos verdad que un gato acorralado pierde en un instante su más civilizada mansedumbre. Con menor justificación, a veces sin ninguna, un futbolista puede plantar los tacos de sus botas en la cara de un contrincante o un profesor de ética liarse a bofetadas, ya que no a tiros, en la tensa desesperación de un semáforo.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Momentos biográficos




Justel, frente a la casa de la Faviana, al lado de la Iglesia. Foto. M. Estrada

Momentos biográficos

Queridos amigos:

Es cierto que a menudo hacemos un mundo de la cosa más nimia, pero también es verdad que, en ocasiones, la cosa más nimia se apodera de nosotros y nosotros, que distamos de ser genios, nos hacemos la picha un lío (tal vez no debiera decir estas cosas, que son “grande pecado”). Veréis, el lío empezó el día en que me sucedió la ventura de tener que poner en la solapa unos apuntes biográficos, no en la solapa de la chaqueta, por supuesto, donde en tiempos no lejanos los chulos ponían una flor, salvo un tal José Miguel que, llegado de Buenos Aires, traía la flor en el culo. Me refiero a la solapa de los libros, que es donde se exhibe el santoral, con la letanía de Nuestra Señora y  los misterios gozosos del rosario. Así, me ocurrió que, tomando en las manos el bolígrafo -aún no había llegado el tiempo de experimentar con ratones-, quise poner sobre el papel el lugar de mi nacimiento y... mirad, mirad, amigos, cómo se complicaron las cosas.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Postración




Foto tomada de internet sin ánimo de lucro


Postración

También se limitaron los jilgueros
                                   a mirar su pluma,
a esperar la muerte bajo el triste tilo
                                   donde estaba su mazmorra.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Poesía, amor, felicidad, corrupción, desahucios…



Foto tomada de internet sin ánimo de lucro


Poesía, amor, felicidad, corrupción, desahucios…

Frases y versos jirones de la vida 7

1.- No importa al lugar al que vayas, lo que importa es que lleves los ojos abiertos y el corazón receptivo.

2.- Lo que Eva no pudo imaginarse es que la serpiente iba a dar tanto juego: vestidos, cinturones, bolsos, zapatos... Tentaciones muy grandes para la mujer.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Boda de Carola y Marcos, azafata y piloto


Tomada de internet sin ánimo de lucro


Boda de Carola y Marcos, azafata y piloto

Queridos pasajeros:

No vayáis a creer que estáis en un avión por el hecho de tener enfrente a una azafata y a un piloto, los dos de altos vuelos. Tan altos tan altos que le han dado alcance a la caza. ¿Qué caza, diréis algunos, si esto no es un avión y mucho menos de guerra o de combate? Otros, en cambio, pensaréis abiertamente en San Juan de la Cruz:

sábado, 17 de noviembre de 2012

El racimo y la Paradoja



Rosa, desfile en el hotel Montiboli, Villajoyosa


El racimo y la Paradoja

…En alguna otra ocasión he hablado de la poesía como de un ejercicio personal, proclive a la autorreferencia, que germina en la soledad y no pocas veces se cierra en un solipsismo centrípeto, como un remolino que se abisma en su interior. Y a tenor de lo que he dicho más atrás, parecería que nos encontramos ante una poesía ensimismada, salvo en la imprescindible orientación hacia la otra persona que, en cuanto poesía amorosa que es, tiene. Pero no estoy nada seguro de que ello sea realmente así cuando hablamos de “esta “ poesía. Aunque temáticamente estamos ante una poesía de amor, éste no actúa como otro componente del mundo, al que someterse con olvido de los restantes. Al contrario: el amor, lejos de todo autismo, unce los elementos todos de una naturaleza esplendente, de un entorno asombrado, poblado de espadas y hojas de laurel, cántaros y labios, colores de cielo o de miel. Es ésta una poesía, aunque amorosa, de la naturaleza global, en la que pueden sentirse acogidos cuantos sean capaces de apreciar, si no el sentimiento personal del autor, sí el universo en que éste se aposenta. Quizás no sea tan importante, en la poesía de Mariano Estrada, el tema de un poema o de un libro, como la contundencia vital de su expresión poética, que no conoce ni la reserva sentimental ni la frialdad aséptica. Aunque los poemas de este autor –y me refiero a las composiciones de cualquiera de sus libros- no son siempre poemas de amor, son, en todos los casos, poemas amorosos. Démosles paso ya.

domingo, 11 de noviembre de 2012

¿Todos los poetas están muertos?




Cementerio de los poetas, Roma. Foto tomada de internet sin ánimo de lucro


Los poetas en la sociedad del bienestar

Al releer este artículo he chocado de frente con la expresión “Sociedad del bienestar” y he sentido un cierto desasosiego, ya que está insertada en el texto con la naturalidad de quien habla de un bien acabado, perfecto e inalterable. Y hasta cierto punto es lógico: estábamos en el año 2006, es decir, en el cenit de la bonanza económica más grande de la historia reciente de España. El dinero corría con fluidez, abundaba el trabajo y no había mayor  preocupación.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Cabo de año



Panorámica de Muelas de los Caballeros. Foto Fernando Medrano


Cabo de año

Muelas de los Caballeros, hora incierta de la tarde, octubre de 1995.

La tierra está mojada y satisfecha, el cielo va del claro al oscuro, hace frío, el cuerpo tirita levemente. Una lluvia serena y minuciosa ha dejado sus gotas en la hierba y en las hojas maduras de los árboles. Sobre este paisaje de belleza reconocible, en el que abundan los robles y brillan las pizarras de los tejados, se depositan de golpe las vivencias acumuladas en los anchos almacenes de la memoria. Y de pronto se percibe una paz que emana con dulzura de las profundidades del espíritu. La tarde camina hacia la noche, pero ya los ojos, que han mirado hacia adentro y hacia afuera, se sienten plenamente reconfortados.

martes, 6 de noviembre de 2012

Independencia de Cataluña: un problema añadido




Foto tomada de internet sin ánimo de lucro


Independencia de Cataluña: un problema añadido

El molt Honorable President de la Generalitat de Catalunya, el señor Artur Mas (apoyado por el PP, no lo olvidemos), hace apenas dos meses era el paladín de los recortes en esta España de chichinabo que, a finales del 2007, fue  cogida por el toro de la especulación, la corrupción y el despilfarro que él y su partido  han contribuido a alimentar de una manera importante (Solo en TV3 se han gastado 1.100.000 de euros en los últimos 4 años). Y, la verdad,  se le estaban poniendo las cosas muy negras, muy duras y muy difíciles. En realidad, se podía decir que se le habían echado los catalanes encima. Sin embargo, en lugar de ser valiente y afrontar los problemas con rigor, perseverancia y  seriedad, como teóricamente le corresponde, se ha limitado a ser astuto, a darle la vuelta a la tortilla y a desviar la atención, es decir: en vez de ser el muñeco que recibe todos  los palos de los sufridores y agraviados por la situación económica, ha pasado a ser el implacable rejoneador que hurga con la lanza del enfrentamiento allí donde ya estaba abierta la herida. Le ha bastado ponerse al frente de la irresponsabilidad.

domingo, 4 de noviembre de 2012

El otoño y el mar



El Charco, Villajoyosa. Foto M. Estrada


El otoño y el mar

Esta tarde he salido a ver el otoño y me he encontrado con el mar. Podía decirlo de otra forma: esta tarde he salido a ver el mar y me he encontrado con el otoño. Ellos, al igual que mi subconsciente, sabían que los iba a ver a los dos, por eso estaban juntos y meneaban la cola. Yo no sabía nada, pero es que, de los cuatro, yo soy el único que no se entera de la misa la media. La media la perdí en el último atraco y en misa no me pillan, ésa es mi disculpa. ¿Tendré que decir que he disfrutado? Pues sí, he disfrutado. Y mucho. El mar me recibió con la palidez propia de una tarde de otoño, pero con una cierta bravura. Tuve que fruncirle un poco el ceño. ¿Qué pasa contigo, hombre, de dónde te viene hoy esa furia? En cambio el otoño estaba tierno y manso. Y me dijo: soy tuyo. Y me besó. El otoño tiene los besos muy dulces, como caramelos. Hacía un poco de viento, pero el viento se fue con el sol, a la caída de la tarde, también se marchó mi subconsciente y yo quedé a solas con el mar y el otoño, que es lo que trataba de conseguir.

El mar no se va nunca, claro. ¿Cómo se va a ir, el pobre, y adónde, si nadie puede meterlo en su casa? Yo lo metería, pero ahogaría todas las plantas y mi mujer no quiere. Además, se iba a aburrir mucho, porque ya no está la Noah para ladrarle. Los gatitos sí están, pero solo de vez en cuando. Además,  se ahogan en un vaso de agua. Los que no se ahogan son los picudos, los bichos que se ceban en las palmeras, a ésos no hay forma de ahogarlos, tampoco el mar los ahogaría, seguro, aunque yo lo trajera a mi casa. Son como dioses emergentes: aspiran a la inmortalidad. O tal vez como reyes, que se conforman con los privilegios de Palacio, intocables y muchos.

El otoño está ahí hasta diciembre, pero dicen que del 21 no pasa. Para entonces ya será viejo y morirá. A partir de ese momento, el mar quedará  frío y empezarán a rechinarle los dientes, que los tiene dispuestos y afilados.  Por eso viene el invierno, porque el mar se siente abandonado, triste y solo. El 21 se lanzará a la piscina, si es que no lo hace antes. Los árboles quedarán completamente  desnudos, como el corazón de los que han dejado de amar, y las olas se batirán en duelo contra las rocas de los acantilados, hasta que se despierte nuevamente la primavera. Y es entonces, solo entonces y nada más que entonces, cuando surgirán de verdad los brotes verdes. Que ningún gobierno se empeñe en decir otra cosa.

Jinjoler (azufaifo) y almendro, sobre alfombra de trébol. El Charco, Villajoyosa. Foto M. Estrada


Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

jueves, 1 de noviembre de 2012

Del dolor de la muerte: van cayendo las hojas




Lago de Sanabria. Foto tomada en internet sin ánimo de lucro


Del dolor de la muerte: van cayendo las hojas

Fluye de lumbres recordadas
un sahumerio de amor, un vaho
dulce que brota en la ceniza...

Del dolor de la muerte

La relativización, la temperancia, el desapego... son algunas cosas que, a cambio de juventud, nos van dando los años. Desde ellas, y llegado el momento, se puede razonar el dolor de la muerte, aceptando con serenidad que nada es del todo.

Desde ese punto de vista, la muerte va del quebranto a la consunción, moderándose, escalonándose, soltando gravedad y sombra. De este modo podemos entenderla, pues la verticalidad, que es desgarro y precipicio, se va volviendo declive, que es ya sólo pesadumbre y distancia. Es decir, el sentimiento (amor-dolor), trasciende la exclusividad y se desbrava pero al mismo tiempo se expande y se universaliza. Ya no se ama a un ser, sino a una vida. Ya no duele un ser, sino una vida. Y la vida es el curso de los años, de las cosas: el espacio y el tiempo.

Yo creo, además, que el dolor de la muerte es el desbordamiento, más o menos incontrolado, de la capacidad amorosa, y un amor de lustros jamás se desborda totalmente porque tiene mucho de arraigo y de poso: hogar, familia, paisaje, paisanaje... De ahí la racionalidad del dolor y de ahí también la panteización de la muerte, si así puede decirse; pues si bien es cierto que nada muere del todo, también es verdad que todo muere algo o, al menos, que todo es afectado algo de muerte.

En cualquier caso, el concreto dolor que ha dado origen a este libro, devenido de una muerte concreta, se ha transformado en una lluvia ancha que cae del amor y va hacia el amor, que mana de la tierra y va hacia la tierra. Espero que en ella fructifique porque es ahí, abundando en el barro, sobre el lomo gozoso del paisaje, donde ha volcado sus bayas la memoria. ME

                                                      Foto tomada de internet sin ánimo de lucro

Van cayendo las hojas

Ahora que la ausencia
es vegetal abierto
que alcanza en esta luz
su dimensión madura,
te abrazo con la voz
y con la ley
te doy estirpe y sangre.

             --o--

El poso de la luz, la sinfonía
seca del árbol y el matojo,
el mar imperceptible, la templanza
del sol en el mantillo...

¿Quién se atreve a rasgar
este dosel de lunas, esta
yedra de líquenes y sangre?

             --o--

El árbol se derrama
en temblores de otoño y decadencia,
y ya mi corazón
habita la seroja.

             --o—

Mis recuerdos de amor
regresan a este otoño donde
rompen las olas de la vida.

Donde ha roto la vida.

Sobre un suelo maduro
-que aún recubre el barro-
se agolpan la niñez y la hojarasca,
el fuego elemental, el pan
con levadura, la certeza
callada de los besos...

                                                     Muelas de los caballeros. Foto JM Piña


La tarde es un racimo
de luz periclitada, casi
un territorio de la noche.

Los árboles perfilan en sus hojas
lentas lluvias de otoño.

             --o--

Van cayendo las hojas
sobre el barro vencido del crepúsculo,
en tanto que el dolor,
entrecortado y lento,
responde a un interludio de campanas
gravitadas en muerte.

             --o--

Agito el corazón, sacudo el frío.
Y de nuevo retumban en mi pecho
los temblores de sangre:
los torrentes, los ríos, las cisternas...

Y los ojos me vuelven a esa luz
de otoño y vida
que hoy aparta las hojas
y se posa en un barro de ternura.

             --o--

Y el día recupera los perdidos
temblores del otoño:
esos vastos paisajes, esas
hojas prestadas que reclama el barro.

             --o--

Que un racimo de malvas
florezca junto al mármol
y abone las raíces de esta paz
que testifica el roble.

Pues roble es, y duro,
el paisaje gozoso de esta muerte.


Del libro “Hojas lentas de otoño”, Premio Ciudad de Torrevieja 1997