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lunes, 27 de junio de 2011

Arrugas: el optimismo necesario


Escultura de Igor Mitoraj, en el Giardino di Boboli, en Florencia. Tomada de internet sin ánimo de lucro


Arrugas: el optimismo necesario


Desde que publiqué este artículo, el día uno de julio del 2007, mi body ha registrado unas cuantas nuevas arrugas. Pero es el proceso natural, no veo en ello problema ninguno. Lo que sí me ha llamado la atención y me preocupa seriamente es el envejecimiento que ha experimentado la sociedad en su conjunto, porque lo suyo no son arrugas, sino socavones, resquebrajamientos y grietas. Estamos embadurnados por un barro rígido y reseco que necesita una urgente lubricación. Y lo peor de todo es que el único remedio que se nos ha ocurrido hasta ahora es la aplicación de cosméticos, los cuales, naturalmente, no sólo se han mostrado inservibles, sino también contraproducentes. Estamos adocenados y gordos y sebosos, pero no toleramos el único alimento que le devolvería la tersura a nuestro ser, en su dimensión global de persona: un primer plato de renuncia a lo accesorio, un segundo plato de amor, de generosidad y de entrega y un postre de ancha espiritualidad. Todo ello rociado con unas gotas de aroma de jazmín, de miel de abeja, de sal de mar, de poesía… Mientras esto no ocurra, la sociedad seguirá haciéndose vieja, además de desdichada e inmensamente triste.

Un abrazo

Arrugas: el optimismo necesario

Hay dos razones por las que he querido escribir estas líneas que, si bien por un extraño nexo, están relacionadas entre sí. Una es la celebración del 50 aniversario del colegio en el que estudié, lo que me ha hecho ver sin tapujos que el tiempo se ha transformado en arrugas. Y otra es que, buceando en mis viejas fotografías, he encontrado una con Adolfo Domínguez, el modisto que se sacó de la manga esta frase “La arruga es bella”, que no sé si a algunos les sirvió  temporalmente de consuelo.

Pues bien, quiero que se me vean las arrugas, porque cada surco de mi cara es una profundización en las materias de las que está hecha la vida. A cada hendidura le corresponde una elemental carga de tiempo: un instante, un día, un lustro, un suspiro, la duración global de una amistad, de una pasión, de un matrimonio. Hay arrugas que tardan mucho en hacerse. Las de la risa son rápidas y yo no puedo negar que me he reído. Me he reído mucho, pero he tenido también mis días de llanto y de zozobra. Risas, besos, caricias, soledades, lágrimas, tristezas, preocupaciones, quebrantos, agridulzuras… Sufrimiento y felicidad. Cosas que van dejando sus huellas. Unas que te horadan. Otras que te apagan el brillo de los ojos. El resultado está ahí, como un poema que me ha costado escribir 60 años (En realidad 57, porque la foto tiene ya tres, es decir, le faltan muchas arrugas, muchos gozos y sombras, muchos buenos y muchos malos momentos)

Esta cara que veis, con 57 vueltas de tierra, tiene una riqueza mayor que la que tenía con treinta y dos, por referirme a otra foto que dejo como testimonio ¿Lo crees de verdad, Mariano? ¿Y cual es exactamente el atractivo? ¿Se ve a simple vista o hay que descubrirlo con paciencia y voluntad debido a que queda muy oculto? Porque, claro, tú te refieres a la riqueza que ha ganado, pero ¿y la que ha perdido? ¿O es que estás hablando nuevamente de trascendencias, cuerpos que se ven y no se pueden negar contra espíritus que vuelan invisibles por la noche oscura del alma? ¿Es ahí donde nuevamente nos escondemos? Tu cara, Mariano, tiene lo que todo el mundo ve. En cambio, aquella otra que muestras, tuvo el esplendor de la tersura y de la juventud, tuvo la esperanza cierta de los besos, fue imán irresistible para los ojos de las napeas, de las náyades, de las afroditas, de las nereidas, de las penélopes y, especialmente, de las rosas de carne y sus siempre deseados aromas y fragancias ¿Y ahora qué, quién te mira ya con deseo? ¿En qué consiste entonces esa riqueza que representan los surcos de tu frente, los regatones de tu cara, las arrugas pata negra de gallo de tus ojos? ¿Es bella la arruga, o fue solamente un artilugio de Adolfo Domínguez para vender el lino?

Mi querido aguafiestas: bien sabes que conozco las limitaciones que el tiempo impone a los cuerpos. En cuanto a las pérdidas y ganancias,  comprendo y acepto las fugas permanentes de la belleza, acepto la renuncia a su posesión y me conformo con mantener viva la llama, tal vez para transformarla en una nueva belleza. Pero no he renunciado aún a las caricias, ni a las miradas, ni a la admiración, ni a la placidez amorosa, ni al gozo relajado, ni al cariño paciente y sostenido, ni a la capacidad de soñar. Todas las locuras de la juventud y del corazón, que las tuve sin duda, y muchas, van tomando la forma de la serenidad y del sosiego. Y si mis ojos desean a Venus, mi cabeza sabe cómo transformar ese deseo en felicidad sin pasar por la apropiación indebida. Y entonces sigo riendo, aunque lo haga de un modo mucho más apacible. En realidad, la risa no ha faltado nunca de mi cara. Sólo algunas veces, cuando la vida saca sus látigos de piedra y azota duramente mi corazón, un rictus no deseado se me pone delante de la sonrisa, pero no dura cien años porque mi cara no aguanta mucho tiempo largas dosis de seriedad, especialmente si ésta lleva en sus aires la indicación indeseable de la amargura.

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Poemas recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios

Foto tomada de internet sin ánimo de lucro

jueves, 23 de junio de 2011

Antiguos miedos

Foto tomada de internet sin ánimo de lucro


Antiguos miedos

Queridos amigos:

En algunos de los textos que he publicado sobre mi abuelo hago referencia a un viejo mueble de roble en el que guardaba sus libros. Era un mueble pequeño y los libros eran realmente muy pocos. Pero qué grandes misterios encerraba. Qué miedos salían de su interior para extenderse por toda la habitación e incluso por todos los rincones de la casa “Mamá, tengo miedo”. Y qué atracción ejercía sobre la mente inmaculada y tremendamente curiosa de un niño de aproximadamente 10 años…

“Sí, su cuarto era el recinto de las almas en pena, la magia que envuelve los misterios de la noche, la caja de las ánimas… Y aquel viejo mueble de rinconera, aquella dependencia mágica donde guardaba sus libros ¡Ay! Las coberturas negras de sus libros, la enlutada encuadernación de tanto misterio…”

Llegó un día, sin embargo, en que yo me decidí a abrir los cajones y las puertas, a la vez que extraía de la cabeza aquel polvo viejo. Los años habían pasado sobre mí y, naturalmente, mis pensamientos se habían racionalizado. Y aunque la curiosidad se mantenía en un grado bien alto, los miedos se habían diluido lo suficiente como para poder saltar las barreras y afrontar los peligros:

“Cruces y demonios, fantasmas y ritos, cabras y corderos. Magia, magia… Comunión con la muerte, conversaciones con las almas de los desaparecidos. Tormentos de la imaginación, persecuciones, cantos y liturgias, engendramientos de invisibles demonios…”

Así que abrí los espacios oscuros y sagrados de aquel pequeño mueble que ejercía sobre mí una atracción tan poderosa y, nada más abrirlos, respiré un gran silencio y una gran calma. Los libros estaban tan arrinconados que me parecieron completamente inofensivos, casi diría que indefensos. ¿Cómo les había atribuido yo unos poderes tan grandes que hasta se habían adueñado de mi espíritu? Supe entonces que el poder no estaba encerrado en aquel precioso mueble de roble ni en las tapas oscuras de aquellos libros temidos ni en las historias que en ellos se pudieran contar, algunas de las cuales giraban en torno a un personaje llamado Gaspar Medianoche. El poder estaba exclusivamente en mi abuelo que, dentro de la realidad en la que todos vivíamos, supo crear un mundo propio y totalmente distinto en el que yo caí como un pequeño insecto en una tela de araña, la cual, sin embargo, no estaba fabricada con segregaciones de seda, sino con una mezcla extraña de devoción, amor y fantasía.

Un abrazo


ANTIGUOS MIEDOS

A mi abuelo,
progenitor de mis miedos

El alma se me agita en los cajones
del viejo aparador de rinconera.
Antiguos miedos y tan larga espera
me encienden el tizón de las pasiones.

Misterios, magias, libros de oraciones,
pavesas vagas de una ardiente cera...
¿Qué busco? No lo sé, la antigua fiera
que siempre me esperaba en los rincones.

Mi mano, saturada de ficciones,
opone la razón a la quimera
y ataca en su terreno a los leones.

Y abiertas en canal las ilusiones
pregunto en el confín de la madera:
¿adónde estáis, espíritus burlones?

Del libro “Trozos de cazuela compartida”

Mariano Estrada, http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
Blog http://paisajes.blogcindario.com/

sábado, 18 de junio de 2011

La tristeza

Foto tomada de internet sin ánimo de lucro


Ver el PPS de Mar:

http://cid-b9547652472c3167.office.live.com/self.aspx/.Documents/Mar%5E_Tristeza%5E_C.pps


La tristeza

No me dejes aquí,
en esta noche larga,
que ha llenado mis ojos
de oscuridad, de frío, de intemperie.

No me dejes aquí, en esta sombra,
porque mi frente desconoce
los vastos territorios
de la desolación,
en los que sólo intuyo
penas, naufragios y agonías.

No me dejes en esta
aterradora soledad, en esta
brumosa encrucijada de caminos
que son, en realidad, seguras
incursiones en la desesperanza.

Si tú no estás conmigo, si decides
al fin abandonarme,
el horizonte de mi vida
tiene sólo un espacio: la tristeza.

Del libro “Gotas de hielo”

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
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Poemas recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios

domingo, 12 de junio de 2011

Ruta del Morer: bellezas de la Marina Baixa

Puig Campana desde El Collado. Foto Joan Piera


RUTA DEL MORER: BELLEZAS DE LA MARINA BAIXA

Podía llamarse la ruta de los madroños, ya que este arbusto tiene una presencia constante en todo su recorrido. Claro que, por esta misma razón, podía llamarse también la ruta del enebro (càdec en valenciano), del brezo, de la aliaga... Y sobre todo del pino, cuya presencia no sólo es continua, sino felizmente abundante. Tanto es así que, de no ser por la variedad, se diría que estuviéramos en Soria, con Machado. Por la variedad y por la orografía del paisaje que, en puntos específicos, admite una honrosa comparación con los Pirineos aragoneses. Tal es el caso de la pequeña cordillera de Els Castellets, en cuyo collado se abre una puerta que nos puede introducir en la mitología con sólo soltar dos muescas la imaginación. El dios está delante, si tomamos el Mediterráneo como referencia. Su figura es imponente, majestuosa; su tamaño, descomunal; su posición, envidia de los elegidos; su nombre, Puig Campana, el vigilante del mar, el testigo impertérrito del nacimiento y de la vida, aunque también de la destrucción y de la muerte...

Cordillera de Els Castellets. Foto Joan Piera


Desde los mil cuatrocientos seis metros de altitud de este bello monte, medidos en el Pic Gros, el hotel Bali puede ser la reina de un enjambre de rascacielos abarrotados de turistas en bañador. O completamente desnudos. Desde esta altura, donde la vista se pierde sin que por ello se agote la lejanía, ¿qué importancia puede tener un “alma en pene”, como diría el poeta Ángel González?

Finestrat puede estar orgulloso de que en su término se yerga este gigante natural para poder ofrecerlo a los pájaros, a los hurones, a los insectos... y a esos animales inclasificables, destructivos y creadores, llamados seres humanos, que están dotados de ojos para extasiarse ante la excelsitud, de piernas para merecer despacio el camino, de oídos para escuchar a la Naturaleza en la profundidad mágica del silencio, de boca para alabar la innumerable belleza de esta Comarca que tan graciosamente se nos ha dado, y de disposición para protegerla de los enemigos, que son fuertes y muchos, y guardarla con amor y respeto para el gozo de nuestros hijos y los hijos de los hijos de nuestros hijos...

Podía, así mismo, llamarse la ruta del Sacarés, nombre que es bien conocido en los pueblos de la zona, puesto que muchos de ellos participan, directa o indirectamente, de los caminos que atraviesan la partida, o incluso se originan en ella. Me refiero a Polop, Benidorm, Villajoyosa, Finestrat, Benimantell, Guadalest, Benifato, Sella, Orcheta, Relleu. A ello hay que añadir la Masía del mismo nombre, en cuyo frente hay un pino centenario que sencillamente es “hermoso como un león al mediodía”.

También podía llamarse la ruta del Papachí, Masía que queda ya en término de Benimantell, en el camino del Sanchet, detrás del collado del Papachí y en uno de cuyos extremos terrenales se abre un generoso balcón hacia Altea, La Nucía, la Sierra de Bernia, el Peñon de Ifach, y la larga lontananza del mar que nace de los acantilados del Mascarat y de las playas de Calpe... Más allá, Nereo y las sirenas de Ulises, los reinos de la imaginación en los que una tal Penélope acaso siga tejiendo la alfombra o deshojando la margarita.

Podía llamarse incluso la ruta del Goleró (topónimo que procede de "gola", es decir, garganta). Se trata de una especie de barranco, cruzado por una escalera en zig-zag, por donde el rutero se puede comunicar con Aitana, que no es la hija de Alberti, sino la montaña más grande que las cabras de Sella han visto nunca en el mundo. Es grande y hermosa, pero ¿podía ser de otro modo con ese nombre? Aitana, la montaña, la mujer, tal vez el pie femenino del repetidamente nombrado Puig Campana, cuya cumbre, si atendemos a determinada leyenda, sufrió un tajo de espada del que procede la isla de Benidorm, L’illa, para los amigos. Ahí está la brecha, con el curioso nombre de Rolando.

Finalmente, la llamaremos la ruta del Morer ¿Por qué? Veamos. El Morer es un paraje idílico que se ubica un trecho por encima de donde al camino de Finestrat a Sella- Benimantell le sale un ramal hacia Polop. Por debajo están los barrancos de Muyalem y del Charquer. Por encima, el camino del Sanchet y el Mas del Papachí.

El centro del Morer es una pequeña fuente a la que se accede por un corto sendero que baja desde el camino mencionado, por fortuna muy poco visible. Razón por la que el paraje no sólo es idílico, sino también virginal. Ni un plástico, ni un leve recuerdo de la civilización. Sólo hierbas y juncos, sólo nogales y fresnos, sólo madroños y “perellons”. Sólo el discurso silencioso de un agua tan clara como mínima, el agua de una fuente en la que según el pastor de cabras de Sella, que tiene allí plaza, siempre han bebido los pájaros... “¿Cómo van a escondérsela?” Tal fue el razonamiento de este hombre ante determinadas pretensiones de que el agua fuera entubada...”¿Dónde van a beber entonces los pájaros, si han bebido aquí toda la vida?”.

Font del Morer. Foto Mariano Estrada

¿Por qué se llama Morer? El paraje, que es frondoso y variado, tiene muchos espinos, arbustos que también reciben el nombre de zarzamoras; sus frutos, las moras silvestres, posiblemente le han prestado el nombre al lugar. Debajo de la fuente hay unos pequeños bancales poblados por árboles de hoja caduca que, en el momento de la visita, se mostraban engalanados con los mejores colores del otoño: rosa en los fresnos, amarillo en los nogales y los manzanos, rojo en los cerezos...Por cierto, en algunos árboles, con las ramas desmochadas o quebradas, queda bien patente la presencia de los jabalíes...En las ramas, y también en las escopetas que, más o menos subrepticiamente, deambulan por trochas y senderos, y también por el monte a través.

De los minúsculos bancales del valle salen unas pequeñas laderas que, pobladas de la vegetación tradicional, van a estamparse bruscamente contra dos enormes bloques de piedra que exhibe la naturaleza con una apabullante majestuosidad y un insultante desparpajo. Se trata de la Peña del Morer, una impresionante mole que, cortada en vertical, se asoma a la minúscula fuente desde la altura mitológica de lo inalcanzable. En su parte más alta se percibe un penacho raquítico de pinos, que desde otros puntos de vista se hace más comprensible. Y el Peñón del Morer, divergente en la forma, pero próximo en la ubicación y hermano en el tamaño. Su cara septentrional, en una buena parte de su extensión, nace del mismo margen del valle, allí donde la naturaleza es más húmeda, más exuberante, más tierna...donde los nogales y los manzanos enseñan sus más lujosos vestidos.

Peña del Morer, con niebla. Foto M. Estrada

Entre estas dos peñas feroces se abre un portillo perfectamente asequible que deja ver, hacia el este, un montículo mocho cubierto de abundante vegetación, la cual viene a poner en el cuadro un bonito contraste. Un poco más abajo, y algo distanciada de estos dos colosos de piedra, emerge de forma puntiaguda una modesta roca a la que los lugareños, cariñosamente, le dan el nombre de Peñonet. Pero hay una enorme condescendencia al referirse a esta peña como integrante de una trilogía montaraz, divinamente rocosa. Más bien es el hijo huérfano de algunos familiares plebeyos de la tribu de Liliput.


DESCRIPCIÓN SOMERA DE LA RUTA.

Salida.

Se parte de la Font del Molí, en Finestrat, donde el agua está siempre presente y es abundante y fresca, donde llenar la cantimplora puede ser una necesidad, pero sobre todo es un rito. El Puig Campana está de frente, expectante y ofrecido, con su apariencia doméstica y su torrentera empinada y ciertamente engañosa.

Como la marcha es generosa en longitud, conviene acortarla con el coche. De manera que tomamos el camino hacia Els Castellets y lo aparcamos justamente donde empieza la finca del Sacarés, que es grande como el beneficio de la Banca. Esto se sabe fácilmente porque el camino está cortado por un perfil metálico, o sea una viga de hierro, de uno de cuyos extremos pende un áureo candado. Lo que quiere decir que la finca es privada. No obstante, el camino es de uso público por ser vereda real. Lo que tiene sus pros y sus contras, en los que no vamos a extendernos, por obvios. Empezamos, pues, la ruta en el llamado coche de San Fernando.

El Mas del Oficial:

A nuestra izquierda, la impresionante cordillera de Els Castellets. Subiendo unos repechos paralelos a la misma, pero asfaltados, nos encontramos, a la derecha, hundido en las umbrías faldas del Puig Campana, con el Mas del Oficial, un caserón con bello movimiento arquitectónico, de color terroso humilde y coronado por una armónica teja. El sol lo visita muy tarde, dejando sobre él, ya a última hora, la calidez de una luz pálida.

El collado

Justamente detrás del Puig Campana, se abre una gran puerta en Els Castellets, por donde discurre mansamente el camino. Muy cerca de éste, a la izquierda, se yergue una roca que es digna de contemplación, formando una de las jambas del boquete. En el replano hay un ramal que parte hacia dicha roca y, tanto el camino como el ramal, están bordeados de unos grandes cipreses dispuestos en fila y a una holgada distancia. Aparentemente no hay nada que los justifique, pero allí están, hablando tal vez de la belleza en sí de las cosas, despojados de todo utilitarismo que no sugiera el placer de un paseo en la soledad y en la calma. A continuación aparecen los primeros madroños, arbusto que está en el escudo de Madrid, donde nunca los ha habido, dejándose abrazar por el oso que va buscando unas bayas que, en su madurez, son rojas, granuladas y comestibles. A partir de aquí, los madroños ya nos acompañarán durante todo el trayecto.

El Mas del Sacarés

Seguimos el camino y, a la derecha, entre vistas generosas y variada vegetación (aparte de la ya indicada hay torviscos, lentiscos, carrascas, madreselvas, espliego, romero...), llegamos al Mas del Sacarés, que es el que le da el nombre a la partida, o lo toma de ella, que eso no lo sé. Pero antes dejamos atrás lo que sería el centro neurálgico de la ruta, donde hay una especie de encrucijada de caminos de la que uno puede salir, por piernas, en varias direcciones: a Polop, a Sella, a Benimantell, a Finestrat, al Salt, al Mas de la Carrasca, a la Casa de Dios...

El Mas del Sacarés es una antigua casa que ha perdido parte del encanto con la rehabilitación, el encanto que conserva íntegramente el Mas del Oficial, del que antes hemos hablado. Me refiero, por supuesto, a la estética exterior, a la forma, a los volúmenes, a la armonía del conjunto, a los acabados de las fachadas, a esas cosas que hablan por sí mismas de un tipo de vida o de otro y que suelen ser reflejos de sus habitantes: de sus costumbres, de sus tradiciones, de su dedicación, de su forma de ser y de vivir.
Conserva, sin embargo, el privilegio de las vistas que no le pueden quitar, puesto que está mirando hacia el sol en toda la extensión de su recorrido y tiene delante, pero suficientemente alejados, el Puig Campana, Els Castellets y el Goleró que sube hacia Aitana en un bello zig-zag...
También conserva, acotando por el Sur el patio que hay delante de la casa, un hermoso pino de pinos, quiero decir: un pino cuyas ramas son pinos cuyas ramas son pinos. Algo así como un pino eleático...O como una flor de flores, quizás la Bellis sylvestris (margarita), que es otra de las maravillas de la naturaleza que pueden verse en la zona. El pino en cuestión, parece ser que tiene entre 120 y 160 años, por lo que, a pesar de su aparente fortaleza, acaso tenga un cercano final. En ese patio extenso, que toma sombra de él, nada me cuesta imaginar que hubo un día una era en la que daban vueltas las mulas y los trillos.

Pino en el Mas del Sacarés. Foto Mariano Estrada

Hacia la Fuente del Morer

Un trecho después de la Masía se acaba la finca del Sacarés y los holandeses que actualmente la ocupan. Se repite la viga y el candado, como se repite la historia y el pepino. A partir de aquí, y hasta la fuente del Morer, el camino se convierte en maravilla, no tanto por el estado del firme, que es de tierra elemental, como por la tupida y frondosa vegetación que lo bordea y que, en la bajada hacia el barranco de
Muyalem es un bosque de pino joven y esbelto, afortunadamente despojado de la maleza, de la cual podemos decir que, si bien es belleza subsidiaria, puede convertirse en incendio y provocar el desastre. Treinta años son demasiados y antes no se produciría la regeneración. Y cuando un bosque se quema, especialmente en esta zona, no se quema nada de ningún conde, sino una parte de nuestros órganos vitales, esas fuentes de la naturaleza a través de las que todavía podemos respirar.


Fin de la ruta

La fuente del Morer, de la que ya hemos hablado anteriormente, es el fin teórico de la ruta. Claro que la ruta puede seguir, al menos, hasta la Masía del Papachí, donde quedan las marcas de un pequeño helipuerto que mandó construir la persona que rehabilitó la edificación, una emprendedora mujer que vive en Alicante. No obstante, lo dejamos en este punto porque es un espléndido final y porque, de otro modo, la excursión puede hacerse muy larga.

ADDENDAS ESENCIALES.

Cuando el rutero observe unas pequeñas excavaciones en la tierra o unas huellas frescas en la humedad del camino y alguien le diga que es del "porc senglar", que sepa que se están refiriendo al jabalí, ya que ése es su nombre en valenciano. Y si ve un insecto amarillo revoloteando sobre la madreselva (Lonicera implexa, "lligabosc") o sobre el torvisco (Dapne gnidium) o sobre el durillo (marfull), puede que se haya topado con la Gonepteryx cleopatra, que es una mariposa de grandísimo fuste. Pero si es un observador empedernido o un naturalista avispado, puede que encuentre una araña devorando a un saltamontes (o sea inoculándole los enzimas digestivos), y quizás esté delante de la Araneus diadematus.

También es muy posible que el rutero se tope con un todoterreno blanco que baja hacia Sella o que sube hacia Polop, cuyo conductor es un calvo hasta las cejas... Que sepa de antemano que no es Yul Brynner, sino un integrante de la Comunidad Budista Guhyaloka, en viaje de servicio. Esta Comunidad lleva implantada varios años frente a las peñas del Morer, donde dicen que tiene ocho o diez casas estratégicamente distribuidas.

Las flores del madroño o Arbutus unedo (Arbocer en valenciano)

Al igual que las del brezo, las flores del madroño son urceoladas. ¿Qué quiere esto decir? Veamos. En las provincias castellanoleonesas de Zamora y León, al brezo se le da el nombre de urz o urce (urces en plural). La derivación viene a ser lógica, pero yo no me atrevería a darla por buena, ni sé tampoco si los estudiosos lo han hecho.

Madroño (Arbutus unedo, "arbocer"). Foto Joan Piera


El pastor y la cabra valenciana

Tenía un rebaño de cabras que no podía atender, noventa en total. Se trata de una cabra blanca, de la especie autóctona valenciana, cuyo destino es exclusivamente la carne. Tenía que vender y vendió. “La ciática, amigo, puede más que la mejor voluntad” Xátiva es el nuevo destino del rebaño.

Se llama Pepito, es de Sella, vive en el pueblo, pero sus auténticas raíces se hunden aquí, frente a la Fuente del Morer, frente a las rocas inabarcables y mágicas de este pequeño paraíso, donde tiene una caseta y un corral y unos almendros y unas parras y unas higueras. Y también tiene unas brañas o prados donde pastan los diez ejemplares de cabra que aún viven con él. Uno de ellos es macho. Apuesto, galán, donoso, mayestático, mandón... Exhibe una barba blanca que apunta directamente hacia el suelo y una cornamenta horizontal, retorcida y larguísima, que lo saca del presente y lo convierte en un cabrón mitológico...

Macho de cabra valenciana. Foto Joan Piera

Del otro lado del valle, del centro geométrico del Peñón, sale el balido de una cabra....¿Cómo ha subido hasta allí? Las paredes del Peñón no son verticales, pero casi. Ni hacia arriba, ni hacia abajo. Ni a la derecha ni a la izquierda. Se va a despeñar...Sólo berrea, la pobre, mirando con pena a sus hermanas que, además de estar juntas, gozan de mayor libertad...
- Ya se habrá dado cuenta de dónde está esa cabra...
- ¿Qué si me he dado cuenta? La he encerrado yo allí, lleva seis meses... Tenía una pata rota y las otras le pegaban ¿Escapar? ¿Por dónde va a escapar? ¿No ves aquel somier? Es la única puerta... ¿Despeñarse? ¿No le he dicho ya que lleva allí seis meses? Eso sí, agua, ni gota, sólo la del rocío, la que tiene la hierba por las mañanas...Se sube por allí, mira... (Yo no veo nada, ni siquiera lo adivino). Por allí, por una franja de unos cincuenta centímetros. Para vértigos no es, desde luego...

Escrito por: Mariano Estrada Vázquez
Jefe de ruta: Gaspar Sellés Ortigosa
Rutero y asesor científico: Joan Piera Olives.

jueves, 9 de junio de 2011

Primavera

Quintanilla, 29-05-2011. Foto JMP


Primavera



La primavera es fuego encendido, carne viva, llama viva, llama de amor viva…


Hace algunos años, acosado por un poderoso brote de añoranza, planifiqué un viaje a Muelas de los Caballeros que pretendía ser una excursión por su fantástica primavera de color, pero entre el deseo y la realidad se interpusieron determinados acontecimientos que truncaron el viaje. Han pasado los años y no he tenido ocasión de contemplarla en su integridad, para lo que hace falta quedarse allí algún tiempo, ya que la primavera tiene sus etapas. Hace dos semanas estuve allí y pude recrearme en una de sus últimas fases, la de los brillantes amarillos de las escobas y los codesos.

En aquella ocasión no pudo ser, pero el deseo quedó recogido en un artículo que dejo hoy aquí:


Primavera


Un asiduo lector de esta columna y, por encima de ello, amigo, me sugiere la posibilidad de componer un canto de primavera. Bien sabe él que para mí, antes que un canto, la primavera es una ardiente necesidad, como tantas otras cosas que, de uno u otro modo, han formado parte de mi felicidad y mi infancia. Si algo se puede comparar a la belleza rotunda de esa primavera recordada -tan real sin embargo-, es la urgente blancura del almendro en este enclave de luz de La Marina, su belleza fugaz y procelosa, su asomo desbocado al infinito azul que, en una fimbria lejana, une al cielo y al mar...

Y esa flor profusa del recuerdo, que nadie ha destronado todavía y voy a oler en mayo, nuevamente, se sitúa en un rincón querido de La Carballeda (Zamora), comarca cuyo hecho diferencial, además de relincho de caballo, es aullido de lobo. Allí hay un viaje pendiente que, con tristeza resignada, quedó atrapado en mis sueños de hace un año y es inspirador de estas líneas, las cuáles, a sugerencia de parte -pero ciertamente con gusto-, ofrezco a mis amables lectores y, de una forma especial, a los que tienen contubernios con la lírica. Son éstas:


Muelas de los Caballeros, 29-05-2011

"En la rabiosa actualidad de mis cuarenta y nueve años cumplidos, uno de mis íntimos deseos, tal vez el mayor, es el de sumirme en el paisaje vigoroso de la niñez, que es de felicidad y de roble. Y no hablo en un sentido literario, que puede estar regido por la ficción y conllevar un afectado apasionamiento, sino en un sentido auténtico de realidad y de vida. Y más concretamente, desde este mayo lírico y azul -que el mar impregna de músicas-, no voy a evocar el invierno o el otoño, la desnudez y la calma, el dolor, el frío, la seroja..., porque hoy, a la distancia de un llanto contenido, mi pensamiento está lejos de la muerte, mi sangre es un río de inocencia, mi compromiso es la vida. Tampoco evoco el verano, que es amor maduro, favorecido y reciente...

En este ahora preciso -reflexivo instante de un tiempo insatisfecho-, necesito la erupción primaveral, con su explosión de júbilo y de yemas; la ternura del árbol y sus lenguas de candor y de virginidad; la abeja encaramada en sus montañas de libación, la miel, su olor premonitorio... Necesito las hierbas de los prados, sus aguas subyacentes, como mares de ensoñación; las faldas de los montes, que vierten arroyuelos de cristal y enternecimiento... Y la flor, la intensa plenitud de una belleza indescriptible, pero múltiple y generalizada, ante la cuál me reclino, largamente, con la humildad del que sabe que es depositario de un gozo".

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
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Poemas recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios
Muelas de los Caballeros, 29-05-2011. Foto JMP

martes, 7 de junio de 2011

España ahora


Foto tomada de internet sin ánimo de lucro


España ahora

Desde que hace 15 meses publiqué el soneto que dejo más abajo, España ha ido a peor, a mucho peor ¿Y todo por la crisis, como dice Zapatero? Sí, claro, por la crisis, pero también por el indecente e inadmisible egoísmo de los políticos, empezando por el propio Presidente del Gobierno, que no la reconoció hasta año y medio después de estar instalada, un tiempo en el que se podían haber tomado muchas medidas. Y aparte de la crisis, que es realmente peliaguda, El PSOE es en buena parte responsable de la actual situación, pero también el PP, que lo único que ha hecho es contemplar como su adversario se pudre y, de paso, como se pudre la ya podrida España. E igualmente son responsables el PNV y CIU, que han apoyado y apoyan a un cadáver político, consciente y alevosamente, a cambio de unas cuantas prebendas territoriales.

¿Está fragmentada España? Por supuesto que sí. Lo malo no es que esté fragmentada, lo malo es que sus fragmentos no tienen una buena organización político-administrativa ¿Por qué diablos no se reforma de una vez la Constitución y vamos a un federalismo como el de Alemania, por ejemplo? Entre el “España se rompe” de Rajoy y el intento de confederalismo por la puerta de atrás de Zapatero, no se ve otra cosa que ganancia de pescadores a río revuelto. Y no sólo por parte de los partidos nacionalistas tradicionales y tradicionalmente endogámicos y excluyentes, cuyos nombres no es necesario exponer. Ahí está el caso de Cascos, que de pronto es tan nacionalista como el que más, pero asturiano. Y esto ya es tan absurdo que a mí me da la risa ¿Cascos nacionalista asturiano? Vamos, anda, si cuando se enfunda el traje de pescar parece una clonación del mismísimo Franco, ese hombre.

¿Y qué decir de la bandera española, que en algunas autonomías hay que esconder de las iras de determinados vientos políticos, incluso si va estampada en una camiseta de fútbol? ¿Un sueño alrededor de una bandera? No, una espina clavada, un hueso atragantado, un problema sin resolver ¿Y cómo es que otros países lo tienen resuelto con entera satisfacción? Porque son mayores de edad ¿También de dignidad y gobierno? Pues, mire, en esta materia, sí. No hay más que ver el orgullo de todos y cada uno de los Estados que conforman la unión federal y presidencialista de los EE.UU o de todos y cada uno de los Landers que conforman la Alemania Federal, por poner dos ejemplos.

Y lo peor de todo es que, después de 72 años de acabada la Guerra Civil, los siempre irresponsables políticos siguen azuzando a unos perros que estaban ya calmados y conviviendo en una paz sosegada. La memoria histórica debe dirigirse a facilitar el encuentro y recuperación de los familiares perdidos durante la guerra y, en su caso, la restitución de los derechos y el resarcimiento de los daños causados. Pero nunca como arma de confrontación ¿Es que no tuvimos bastante? Pues parece ser que no, porque unos y otros se han puesto como energúmenos a tirarse los trastos a la cabeza. Esperemos que, al menos en esto, se imponga la cordura y que la sangre derramada a borbotones durante una guerra de hermanos haya valido para entender que los conflictos no deben resolverse por la vía irracional de las armas, sino por el cauce civilizado del diálogo y del entendimiento. Y si los políticos son tan obscenos y egoístas como están demostrando últimamente, que crezcan y florezcan en la calle los movimientos de indignación contra ellos, no “hasta enterrarlos en el mar”, como diría Alberti, sino hasta bajarlos de los pedestales a los que se han subido sin previa autorización, haciendo un uso indebido del expreso mandato de las urnas. Es decir, traicionando a unos electores a los que, ciertamente, han pillado en la inopia porque hemos sido inocentes, ignorantes, confiados o consentidores.

Ayer leí en un artículo, no recuerdo de quien, que en España se ha instalado la creencia de que las cosas nos vienen regaladas, como un maná divino, pero que Nadal ha demostrado en París que los éxitos solo nos vienen con el esfuerzo. Y el caso es que España no tiene bosques ingentes como algunos países ni petróleo como otros. Ni una industria fuerte y desarrollada ni una poderosa investigación ni un tejido social organizado. Tiene sol y playas, eso sí, pero ha quedado patente que con ello tan solo, y aun siendo de vital importancia, no puede afrontar el futuro ¿De dónde hemos sacado la idea de que se puede vivir de bóbilis, bóbilis? ¿Tal vez del explosivo e incendiario movimiento del urbanismo y la construcción? Sí, tal vez. En el urbanismo de los últimos años ha estado el germen de nuestra actual circunstancia de ruina, porque el urbanismo traía pegadas a sus manos innumerables maletas de especulación. Y la especulación, que hace millonarios a unos pocos, no engendra riqueza colectiva. Y, desde luego, no da trabajo estable. Al contrario, la especulación engendra burbujas que, cuando se pinchan, como ahora, nos dejan a todos salpicados y con cara de incredulidad. Por otra parte, la especulación arrasa un montón de valores y, además del bolsillo, deja empobrecido el espíritu.

En estos momentos, España es generadora de corrupción, de paro y de miseria, deficitaria en dineros, pobre en valores y alicaída en espíritu.

Un abrazo


España

España es una idea fragmentada
un sueño alrededor de una bandera,
un guirigay profuso, una quimera,
una conciencia siempre mutilada.

España es una cruz y es una espada,
un árbol florecido en primavera,
una razón de estado, una caldera
de sangre inútilmente derramada.

España es un deseo insatisfecho,
un campo de batallas permanente,
un círculo con forma de cuadrado.

Un nudo de amarguras en el pecho,
un haz de fantasías en la frente,
una perpetua herida en el costado.

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
Blog http://paisajes.blogcindario.com/
Poemas recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios

viernes, 3 de junio de 2011

El intruso

Foto tomada de internet sin ánimo de lucro


El intruso

Mi amigo Pepefran, de Benidorm, a quien tengo en gran estima, ha escrito en algún lugar de este Blog en el que yo he trazado unos rasgos sobre mi abuelo, que éste le parecía un tipo genial. Añade que él no tuvo la suerte de conocer a ninguno de los suyos y que ahora percibe con claridad esa carencia que, al menos en parte, ha podido ser remediada gracias a que su hija sí tiene abuelos maternos. Finalmente me pide que cuente algo más sobre la figura entrañable de este hombre que, teniendo una estatura física pequeña, alcanzó para mí unas proporciones de gigante.
La historia que dejo a continuación está basada en un hecho real que, sin embargo, ocurrió cuando yo tenía diez años. Lo que quiere decir que, aunque la esencia sea cierta, que lo es, los exteriores están rodados con el tomavistas de la memoria puesto sobre el entendimiento de un niño. Un niño que adoraba a sus padres y a su abuelo.

Coda:
Hace un par de meses colgué en este blog un artículo compuesto por fragmentos de un cuento llamado “El abuelo” y un poema titulado “El abuelo, el nieto y el cura”, que tal vez mi amigo Pepefran no haya leído. Dejo aquí el enlace:
http://marianoestradavazquez.blogspot.com/2011/04/el-abuelo-el-nieto-y-el-cura.html

Un abrazo

El intruso

Cierto día –ya lejano en el tiempo, pero no en la memoria-, llegó un desconocido a la casa de mis padres, en la que entró con la excusa de no sé qué raro parentesco. En base a esta premisa, y con un evidente desparpajo, se instaló en la mejor habitación, lo que obligó a algunos cambios en las costumbres de la familia. Que yo recuerde, no rechazó ni uno sólo de los privilegios dimanantes de la buena hospitalidad, que son más de los que pueda parecer. Por él se sacrificaron dos chivos, veinte o treinta pollos y al menos otros tantos conejos. Por no mentar los chorizos, los lomos, los jamones, o aquellos pedazos de tocino que, a decir de mi abuelo, no los saltaba un gitano.

Ya desde el principio, y en concordancia con lo anterior, tuvo un puesto preferencial en la mesa, su plato fue servido con magro y generosidad, su desayuno estuvo siempre a su hora y nunca supo de cierto cuándo le habían hecho la cama.

Ante tantas atenciones, el hombre no sólo se olvidó de marcharse, como resulta comprensible, sino que fue adquiriendo raíz y echando lustre y barriga. Tanto es así que las ropas se le quedaron estrechas y hubo que proveerle de un nuevo vestuario (Da la casualidad de que el pariente, además de presunto, era pobre). Por su parte, y como contraprestación, ni siquiera tuvo el gesto de aclarar aquellos vínculos por los que, presumiblemente, entroncaba con nuestra familia. El día que llegó, aparte de exhumar una proclama genealógica basada en el primer apellido, dijo escuetamente que procedía de Bilbao, ciudad en la que mi abuelo, que vivía con nosotros, había estado de joven, hacía ya muchos años.

Mis padres, que siempre han sido prudentes, callaban, concediendo a aquel señor el beneficio de la duda y dándole a mi abuelo la oportunidad de enderezar aquel tuerto. Pero mi abuelo, supuesto conocedor de la esotérica historia, había hecho de su boca una tumba, lo que no encajaba muy bien con su naturaleza dicharachera.

Mientras tanto, el acomodado ya empezaba a ser un incordio para mis padres, pues no sólo vivía como un rey, sino que, a juzgar por las apariencias, no tenía la intención de cambiar. Para colmo de males, debo decir que jamás se le ocurrió echar una mano en las tareas de la casa, que no eran mancas ni pocas (Téngase presente que mis padres han sido labradores durante toda la vida). Pues no, señor, ni hacía nada ni se esmeraba tampoco en disimulos. Eso sí, se daba largos paseos, dormía cómodas siestas, oía muchas misas, fumaba interminables cigarros y, de remate, a mí me mandaba a menudo a comprar confituras. Naturalmente, a él le importaba bien poco que mermara la alcancía familiar, de la que se proveía; le importaba mucho más que yo cobrara en especies por el camino.

No he sabido jamás la relación que, anteriormente, mi abuelo había tenido con él. Lo que sé es que, durante el tiempo que convivió con nosotros, ésta no fue demasiada. Al contrario, mi abuelo andaba cohibido en su presencia y no perdía ocasión para evitarla en cuanto le era posible. No obstante, un día le vi de nuevo animado; creo recordar que, a la hora de la comida, le llegó a gastar incluso una broma. Por la tarde estuvieron enzarzados en una conversación aparentemente apacible; sin duda fue también importante, pero yo nada oí, por desgracia, para dar aquí testimonio. Es más, probablemente hubiera pasado al olvido de no ser por lo que ocurrió por la noche ¿Que qué ocurrió por la noche? Nada que, en sí mismo, desvelara el intríngulis de la propia conversación, pero que, con toda seguridad, era su gratificante resultado. Eso lo podría hasta jurar, pero no lo voy a hacer porque, como Borges dejó escrito, todo juramento es un énfasis.

Recuerdo que, como ya iba siendo costumbre en aquellos últimos días, estábamos cenando en la incomodidad de un picajoso silencio cuando mi abuelo, ante la sorpresa de todos, se dirigió a la parroquia con estas reveladoras palabras:

-Bien, querida familia, parece ser que el huésped ya ha salido de cuentas.

-En efecto, en efecto –se apresuró a decir el intruso- En el tiempo vivido con vosotros, que no es poco sin duda, he estado haciendo mis cálculos. Hasta ahora, los astros me lo habían puesto difícil, pues se daba un lamentable desajuste en su natural conjunción. Pero hoy han ido a su sitio, finalmente, y su mensaje es rotundo:”Ite, missa est”. Sobre esta base, y ayudado por los signos de la Biblia, de la que soy humilde hermeneuta, he formado el engrudo con el que he rehecho mis cábalas. Según éstas, la lógica es absurda hasta el punto en que tan pronto nos niega como nos bendice. Los hechos ocurridos esta tarde no sólo han destruido mi savia genealógica, sino que me han dejado en la duda de mi real existencia. La conclusión, a todas luces confusa, reza más o menos así: “Mil y mil ciento veinte; diecinueve y tres, quince; el que debe nueve y paga diez, queda a deber once”

Mis padres intercambiaron con los ojos una común extrañeza, pero no dijeron nada porque vieron que mi abuelo reía. A la mañana siguiente, cuando el sol desplegaba sus rayos, despedimos al intruso con la misma hospitalidad con la que un día fue recibido, pero con mucho más alborozo. Especialmente por parte de mi padre que, con un gesto jovial, le tendió una mano ancha y endurecida donde el intruso depositó confiadamente la suya. Luego se dio cuenta -y sigo refiriéndome al intruso-, de que en realidad había metido la pata. Pero ya era tarde: mi padre rebatía su confusa conclusión, con un estremecimiento de huesos:

-El que debe nueve y paga diez –aseguró, mientras le apretaba con fuerza- no sólo queda saldado, sino que se hace acreedor de una elocuente propina ¿No es verdad, amigo? Dicho de otro modo:
“Si prieto me debe una deuda
si yo se la debo a Prieto,
si Prieto me aprieta a mí,
yo le aprieto a Prieto.”

-Comprendo, señor –sollozó el pobre hombre con una voz suplicante- Si un día vuelvo por estos pagos, cosa que jamás ocurrirá, tendré mucho gusto de no pararme en visitas.

Mariano Estrada, http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
Blog http://paisajes.blogcindario.com/