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viernes, 29 de julio de 2011

Devuelta al lugar de procedencia

Foto tomada de internet sin ánimo de lucro

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Devuelta al lugar de procedencia


A quien reparte las rosas
quiero mandarle una carta,
con una lágrima dentro
que resultó equivocada.

Caí en las mieles de un beso
porque me supo a manzana,
y me llenó de temblores
y me curó de nostalgias.

Después anduve la noche
bajo una luna mojada,
y fui bebiendo en mil tragos
el corazón de la amada.

No supe ver que vendría
la claridad con el alba,
cuando el amor fue despecho
y la dulzura fue amarga.

Lloré una vez por un beso
que me llenó de esperanza,
pero fue un beso maldito
que vino a darme la espalda.

Creí que el beso era mío,
por vanidades del alma,
pero era un beso de otro
y fue la lágrima errada.

Así, le digo al que junta
las manos palma con palma:
te la devuelvo, no es mía,
le toca al otro llorarla.

Del libro “Vientos de soledad”

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
Blog http://paisajes.blogcindario.com/
Poemas recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios

martes, 26 de julio de 2011

La emergencia

Castillo de fiestas. La Vila


La emergencia

Debido a una pequeña emergencia, he tenido que levantarme a las seis y pico de la mañana. Me he visto tan extraño, que me he dicho:

En la noche inmensa
del espacio abierto,
mientras todos duermen
¿qué hago yo despierto?

Después me he dado cuenta de que a las seis y pico de la mañana ya no es de noche exactamente, sino que el alba ha empezado a emitir sus ondas luminosas. Y mi cabeza se puso a meditar un momento:

El día, por las montañas,
qué claro viene.
La brisa mueve las cañas
del trigo verde.

¿Qué trigo, Mariano, ni qué cañas que no sean de cerveza? Lo único que aquí se mueve son las olas del mar. Y no mucho, porque hace una calma sobrecogedora.

-Se dice chicha
-De acuerdo, hace una chicha sobrecogedora.

Por otro lado, como he tenido que coger el coche en el proceso de mi pequeña emergencia, al llegar al centro de Villajoyosa he visto un buen número de sombras andantes y/o tambaleantes, que iban parsimoniosamente por el medio de las calzadas, incluso por el medio de las aceras. Claro, pensé, son las fiestas de La Vila, ayer fue el desfile cristiano, que terminó sobre las doce de la noche. Empezaron a cenar a la una y terminaron a las dos o las tres. Luego salieron a la calle y allí les dieron las cuatro y las cinco y las seis… Y desnudos al amanecer los encontró Mariano.

Fijaos, y yo creyendo que todo el mundo dormía…Pues no, aquí se duerme muy poco durante estas noches. Y mañana habrá más sombras al alba, porque hoy desfila el moro, con su séquito, durante dos horas y media… Por cierto, el cristiano ha estado muy bien, la carroza del rey ha sido realmente impresionante. Mañana habrá moros en la costa, vienen en los barcos del amanecer y serán recibidos a trabucazos por una cristiandad voluntariosa y desparramada por la playa, pero los cristianos son débiles y no podrán contener a la morisma, que acabará tomando el castillo…”Baja, cristiano, que ahora sube morito a tocarse ahí cojones. Dicen que tienes valor. Pues bien, tú traer a mí chocolate con churros”.

Solventada la emergencia, vuelvo a casa y me sumerjo otra vez en el silencio de la noche, pero ahora ya es de día. Decido no volver a acostarme, dado que a las 9 he quedado a la puerta de la chocolatería Valor. Y ya que estoy allí, tal vez me tome un chocolate con churros, no vaya a ser que el moro venga con hambre y la deje sin existencias para todo el invierno.

Bones festes

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
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Poemas recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios

viernes, 22 de julio de 2011

La importancia de las abejas

Charo y Mariano, mayo 2011. Vieja colmena de roble y losas de pizarra. Quitanilla, Zamora


LA IMPORTANCIA DE LAS ABEJAS


A Daniel Estrada y a Eli Expósito

A lomos de una yegua rojiza, Juan, padre, e Isidro, hijo, se dirigen al colmenar de Tijera (Tijera es el nombre de un paraje de Muelas de los Caballeros, en la provincia de Zamora). A la altura del cementerio, se les une una tercera persona que, en contra de lo que pudiera parecer, no es el Espíritu Santo, sino un ocasional compañero de viaje. Se llama José Antonio y lleva perro y montura.

-Los cementerios siempre me producen escalofríos –reflexionó el incorporado en voz alta.

-Hombre, en el invierno son lógicos –repuso Juan con un rictus de sorna.

-Lógicos o cronológicos, lo cierto es que la carne se me pone de gallina.

-Entonces, José Antonio, el caldo lo tienes de balde.


El lugar llamado Tijera, donde se curva el Fontirín para adentrarse, después, en territorios ignotos, es la parte más baja que Isidro anduvo nunca del río, un río cuyas aguas transparentes permiten ver a las truchas cuando salen de sus escondrijos bajo las piedras. Y es ahí, bajo las piedras, donde a veces son sorprendidas por determinados pescadores aventureros que, emulando a un gato famoso, suelen pescar con botas. Otros pescan con cañas de bambú, pasando del mosquito a la cucharilla, tal vez de la paciencia al desánimo. El trasmallo se considera un aparejo depredador y está prohibido por ley, como la nasa. No digamos las redes o los venenos.

-¿Y la lombriz? –inquirió en este punto José Antonio.

-Quien pesca con lombriz –repuso Juan- no sólo no transgrede la ley, sino que es un inocente y un cándido. A no ser que las lombrices sean las propias, porque entonces está ahorrando el ricino.

-Tan cierto es lo que acabas de decir, Juan, que incluso tiene un nombre: pescar a ojete.

-¿Con lombrices? No sé, José Antonio, la versión original venía con un garbanzo en el culo...


A pesar de la edad, o precisamente por ella, a Isidro no le impresionaban estas conversaciones de chirigota que, asumidas por la costumbre, tomaba exactamente por lo que valían. En cambio, había otras cosas que, siendo mucho más naturales, no le dejaban de impresionar:

-¿Sabes, papá?: ayer vi una culebra que estaba tragándose a una trucha.

-¡Vaya! ¿Era la primera que veías?

-Sí, la primera. La tenía engullida por la mitad y no podía moverse ¡Menuda boca, Dios, parecía que se le iba a desencajar!

-Claro, la trucha sería grande y... –razonó Juan, un tanto absurdamente- ¿Y tú qué hiciste? –concluyó.

-Nada, las empujé con un palo hasta la orilla y las estuve mirando un buen rato; luego las dejé donde estaban.

-¿Y no sentiste una especie de repelús?

-Al principio, sí, un poco. Luego las miré tranquilamente y... ¡qué quieres!, al final me dio pena.

-¿Pena? -se sorprendió Juan- ¿Por qué?

-Hombre... –razonó Isidro, tratando de justificar su sentimiento- la trucha estaba muerta, la pobre; y la culebra era inválida... ¿Cuánto le costará digerirla?

-No lo sé, Isidro, pero tiene todo el tiempo del mundo...


Al llegar a Villarrío, donde la primavera es un manto que estremece, José Antonio procede a despedirse de sus circunstanciales compañeros de viaje, pero antes se ve en la necesidad de decir:

-Virgen Santa, Juan, ¿será por flores?... Si este año no hay miel es que las abejas son zánganos.

-Así es –contestó Juan, desde una satisfacción no contenida- a finales de semana las colmenas pueden ser hervideros; además, los robles van a atiborrarse de enjambres.

-¿Enjambres? –se sorprendió José Antonio- Yo soy lego en abejas, Juan, pero si veo un enjambre lo que hago es que salgo zumbando.

-Bien se ve, José Antonio –se apresuró a decir Juan- que tu reina no es de este mundo. Pero estás en un error: las abejas de un enjambre pierden el instinto de la picadura. Mucho las tienes que cabrear para que piquen...

-¿Cabrearlas yo? ¡Ni churros, hombre! Y te digo más, Juan, acabas de conjurar el peligro de por vida...

A medida que avanzaba la mañana, la mente de Isidro se iba acabando de despejar. Máxime cuando los pensamientos, tras la última conversación de los mayores, estaban taladrados por las abejas.

-Papá –dijo, mientras miraba las espaldas de José Antonio- ¿Es verdad que las abejas son machorras?

-Sí, salvo la reina, que es la que pone los huevos.

-Pues a mí me parecen delicadas y femeninas, como las mujeres.

-Y lo son, pero también son estériles como las mulas ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

-No sé, yo me acuerdo de Justa, la hermana del pastor, ya sabes. Es una mujer pero parece un hombre. Las abejas, en cambio, jamás parecen zánganos.

-Menos mal, Isidro, así no se matan entre ellas.

-¿Y por qué los matarán, por holgazanes?

-¿A los zánganos? No creo –Contestó Juan, serena y razonadamente- Lo hacen porque, cumplida su misión, las abejas los juzgan inservibles.

-Entonces, papá, ¿por qué no matamos nosotros a los viejos?

-¡Vaya una pregunta, muchacho! –se admiró Juan, en tanto meditaba una respuesta- Las abejas –dijo finalmente- actúan por instinto. A nosotros, por fortuna, nos mueve el corazón y las razones.


Enjambre de abejas en un roble. Foto tomada de
internet sin ánimo de lucro



Cuando a Isidro le decían en la escuela que mayo era el mes de las flores, nadie le hablaba jamás de las abejas, sino de la Virgen. ¿Por qué? Es más, nadie pensaba en las abejas cuando, por indicación de maestros o de curas, salía a coger flores a los prados para ofrecérselas a La Virgen. Y para colmo, a la Virgen se la honraba con flores pero, como éstas, posteriormente, no se veían muy bien en el altar debido a que la Iglesia era oscura, entonces se iluminaban con cirios. ¿Y a alguien se le ocurría pensar que los cirios provenían de la cera donde las abejas depositaban la miel? No, la Virgen se llevaba las flores y los cirios, porque tenía de antemano la veneración, lo cual se relaciona con la fe. Y la fe mueve montañas, ciertamente, pero sugiere la sumisión de la voluntad, y la sumisión de la voluntad asume el reconocimiento de la concepción sin mancilla. Virgen y madre. Génesis misteriosa. No ha conocido varón. Para ella los cirios y las flores.

-Papá: ¿las abejas son importantes?

-No sé, Isidro, ¿es importante la miel?

A Isidro se le fueron los pensamientos a las rebanadas de pan de la merienda y reconoció gustosamente:

- Sí, la miel es importante, pero, si quitáramos la miel, ¿las abejas seguirían siendo Importantes?

-Tú dirás, muchacho, ¿son importantes las lagartijas y las mariposas?


Velilla, Muelas de los Caballeros, mayo 2011. Monte de brezo y escoba


Las colmenas eran troncos de roble vaciados interiormente, sobre los que se ponía, después, una losa plana de pizarra. Entre el vaciado de los troncos y la colocación de la losa, mediaban unos cuantos agujeros, por los que las abejas se comunicaban con el mundo, y una serie de travesaños que servían de sujeción a los panales de cera.

Las colmenas de Juan estaban en el interior de un recinto, levemente escarpado y pizarroso, en el lateral este del Fontirín, quedando hacia el oeste el agua y la vista. Las flores emergían por todas partes, ya que el monte limítrofe era un brezo profuso y extendido. Los alrededores del colmenar, incluidas las paredes y los peñascales, acogían a una hueste prolija de lagartijas. ¿Eran importantes las lagartijas? “Tú dirás, muchacho”. Las mariposas trazaban sobre las flores un número incontable de revoloteos. ¿Eran importantes las mariposas?

-¡Siiií! –gritó Isidro de pronto-. ¡Las abejas son importantes!

-Vaya –replicó Juan- ¿Y cómo lo has sabido?

-No lo sé, papá, sólo te puedo decir que estaba viendo un campo enorme de flores donde, extrañamente, no revoloteaban las abejas ni las mariposas, y pensé: esas flores no pueden ser sólo para la Virgen, porque juntas no cabrían en todas las Catedrales del mundo.... Pero las flores, cortadas por manos invisibles, llegaban en manojos a la Iglesia, amontonándose en el altar, donde crecían y crecían... Hasta tal punto crecieron que los fieles, “venid y vamos todos”, se vieron aplastados contra los muros, “con flores a porfía”, donde antes se proyectaban sus cánticos, “con flores a María”, y ahora se ahogaban sus estertores, “que Madre nuestra es”.... Ninguna mariposa, ni una triste abeja, ni un solo abejorro...

-¡Caramba! –susurró Juan, entre ahogos y enternecimientos- Sí que has ido tú lejos con los dibujos...

Pero Isidro, que estaba como ausente, no dio muestras de oír el comentario de su padre, de modo que prosiguió con la linde:

-Entonces miré hacia el exterior y vi la escuela sin niños, los aleros sin golondrinas, las calles sin gatos y sin perros. Y de pronto me vi sólo en el mundo: sin padres, sin hermanos, sin amigos, sin sonrisas... Por eso temblaba cuando grité. ¿Te diste cuenta? Por eso te he cogido la mano...

-Pues ahora me la tienes que soltar, amigo, porque acabas de reencontrarte con el mundo y porque, mira, ya nos están esperando las abejas.

Quintanilla, mayo 2011


Cuando llegaron al colmenar, al que Isidro accedió con el respeto conveniente y, por lo tanto, con la debida protección, Juan se dirigió a la colmena más próxima a la entrada y, remangándose la camisa, metió dentro los brazos y los dejó a merced de las abejas durante algunos segundos. Cinco, diez, quince, veinte... Isidro miraba a su padre desde una confianza absoluta, por supuesto, pero también con el corazón asombrado y encogido. Veinticinco, treinta, treinta y cinco... Un tiempo, en todo caso, que a Isidro le pareció la eternidad.

-Ya sabes, Isidro, que con esto se me quita el reúma –le aclaró su padre, mientras sacaba los brazos de la colmena.

-¿Y no sientes dolor? –le preguntó Isidro.

-Claro que lo siento...

-¿Y por qué no se te tuerce la cara?

-¿A ti se te torcería?

-Ya lo creo, incluso si me picara una sola.

-No sé, a lo mejor quiero hacerme el valiente...

-Sí, sí, el valiente...

Se quedó pensativo unos momentos y, sin dejar de mirar a su padre, prosiguió con el interrogatorio:

-¿Y por qué no se te hinchan los brazos, vamos a ver?

-No lo sé, Isidro, quizás por la costumbre –contestó Juan, casi desmigando las palabras- Pero quiero decirte una cosa: las picaduras de abeja no son malas en sí, siempre que no sean excesivas. Y, lo que es más importante, siempre que no tengas alergias. ¿Tú tienes alergias, Isidro?

-¿Alergias? No las conozco ni de nombre, papá, pero, si son como el miedo, se me van a juntar con las lombrices...

-Son peor que el miedo, Isidro; tanto es así que “alergia y picadura pueden acabar en sepultura”.

De Tijera hacia arriba, el río tiene parajes intransitables que a Isidro le parecen particularmente maravillosos. Hay zonas abruptas y peñascosas, que están cubiertas de ramas enmarañadas en un mestizaje selvático: salgueras, urces, carrizos, escobas, helechos, zarzamoras, escaramujos... Hasta los robles se acercan a la orilla a compartir la humedad con los humeros, árboles genuinos y definitorios, formas vegetales, acaso trascendencias del agua.


Río Fontirín, Muelas de los Caballeros

De vuelta hacia el pueblo, montado en su alazán y con su padre al lado, Isidro va recreándose en un río cuyo cauce no se deja ver, pero que puede imaginar perfectamente, porque él ha estado allí, por dentro, en esa soledad íntima y sonora, en esa insospechada magnificencia, donde los árboles hacen arco al agua y ésta se estanca o se derrama, caprichosa y libremente, en repentinos saltos de espuma.

Y en medio de esa nube, a Isidro se le va asomando a los ojos una sonrisa tranquila ¿Es feliz? Sin duda. Pero él no tiene conciencia de su felicidad, ni siquiera de una forma remota, sino que se limita a vivir cada momento, involucrado en su vida no sólo a sus padres, a sus hermanos y a sus amigos, sino también a las culebras, a las truchas, a las lagartijas... y especialmente a los árboles, a los que se sube tan a menudo, a los que abraza y a los que quiere, sintiéndose savia de sus savias, hoja de sus hojas, madera de sus maderas. Desde esa dimensión, en ese espacio ancho de naturaleza compartida, ¿no iban a ser importantes las abejas y las mariposas?

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
Blog: http://paisajes.blogcindario.com/

martes, 12 de julio de 2011

Feliz cumpleaños, Patricia

Patricia Estrada Corrales. Foto Pablo Climent


Feliz cumpleaños, Patricia


Hola, Patricia, hoy es tu cumple. Quiero desearte felicidad, quiero desearte salud, quiero que

Quede en el arcano tu rasgada pena,
pero no en tus ojos.
Que huya el huracán, que cese el llanto,
que la guerra intestinal disponga olor a victoria
y el seno calmo del alba traiga luz a las criptas.

¡Felicidades! ¡Muchas felicidades! ¡Muchísimas felicidades!

Me gustaría ser músico para decírtelo con acordes de guitarras y laúdes y pianos y con delicadas melodías de violines, pero, ya sabes, lo mío son las letras, las palabras, los versos, las estrofas, los poemas. Así que, de entre todos los que tengo, que no son pocos, voy a dejarte el que podrás leer más abajo. No sé si es bueno, malo o regular. No creo que sea el mejor ni el peor. No sé siquiera si es el apropiado para este día que, con independencia del tiempo que haga en la tierra, en el aire o en el mar, será profundamente hermoso. Lo que sí sé es que ha sido el propio poema el que se ha puesto delante de mí y ha dicho: “Oye esta palabra” Y yo he pensado: bien, ya la he oído. Ahora que la oiga Patricia cuando se levante con la luz y vea que el 13 de julio es un día que nadie le puede robar, porque es suyo y muy suyo y completamente suyo.
De manera que: óyelo y atiéndelo, Patricia, como si fuera un pajarillo que, para llevarte dulzuras a los oídos, se posa en la clara ventana del amanecer, en las ramas florecidas de tu corazón y en los umbrales hospitalarios y limpios de tus ojos.

Un beso de todos para ti.

Tus papis y Dani


Foto de Fernando Medrano


OYE ESTA PALABRA

Oye esta palabra mínima,
ala de ave, apenas mariposa,
que vuelve sobre ti
en un arpegio tenue.

Óyela, concíbela otra vez,
como si fuera el halo
de nuestra lírica luna: la primera.

Deposítala en la flor que tuvo el alma
sobre el pecho herido,
recortado en el papel
y el viento.

Óyela temblar.
atiéndela en regazo de paloma,
con calor de niño,
con caricia suave
desprendida de la yerba.

Mira este potrillo desherrado,
esta gota de agua
caída de una lluvia incontenible.
Ámala otra vez en el camino
lento
que nos dio la tarde.

Pruébala, recíbela,
tómala en tu vientre enamorado
y apártale esa nube procelosa, mala,
en la que ¡ay!, sin darse cuenta,
huyó de tu candor
para dejar de ser ángel.

Del libro “Azumbres de la noche”

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
Blog http://paisajes.blogcindario.com/
Poemas recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios

sábado, 9 de julio de 2011

Te sé

Lisi Piña Estrada, en el Faro de Calpe. Foto Fernado Medrano


Te sé. Con este título, y en verano, es problable que alguien crea que me ha picado la mosca del sueño, pero no: es la del conocimiento mutuo de la pareja. ¿Pretencioso? Sí. ¿Es vana la pretensión? Probablemente. ¿Por la inconsistencia del hombre? Es posible. ¿Por los anacolutos de la mujer? No me atrevo a afirmarlo...

martes, 5 de julio de 2011

Inquilinos de noche

Foto tomada de internet sin ánimo de lucro



INQUILINOS DE NOCHE

Hubiera dado un cuarto de mi vida
porque una mano tuya me rozara
y el fósforo cayera sobre ti
hasta encenderte los ojos
y quemarme.

Otra llama fue, que no la luna,
la que alumbró mi camino
por la noche ciega.

Y bebí mi rabia a pasos, de farola a farola,
hasta que el cielo dispuso un horizonte
con destellos de día.

Una aurora lenta dinamitó los carbones.
Amanecieron los campos, los árboles, las casas,
los olores pulcros de la leña
y estos ojos míos,
penetrados de vino y mordedura.


Del libro “Azumbres de la noche”

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
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Poemas recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios

sábado, 2 de julio de 2011

¿En qué me apoyaré?


Rosa



¿En qué me apoyaré?

¿En qué me apoyaré, mujer,
cuando el olvido prorrumpa en la memoria
y no haya un vendaval
que me alimente la brasa?

¿Adónde he de beber
si las arenas me pretenden
y el hontanar está seco?

¿De se llenarán mis pensamientos vacíos?

¿Y quién me escuchará
cuando mis labios ya no tengan preguntas?

¿Tal vez me dejarás a la intemperie
si no construyo otra casa?

¿Y cómo, cómo hacerlo?
¿Ignoras que el amor, si no es amor,
es fuego que destruye la madera?

Del libro "Azumbres de la noche"

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios