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miércoles, 27 de marzo de 2013

Dos historias del poema Versos, dedicado a Miguel Hernández

Foto tomada de internet sin ánimo de lucro


Dos historias del poema Versos, dedicado a Miguel Hernández

Una

La primera de estas dos historias está relatada en el libro “Paco Llorca: semblanzas del arte” y se refiere a los numerosos avatares del poema “Versos”, desde la presentación del libro al que pertenece –en la que fue recitado por primera vez -, hasta la muerte temprana e inesperada de su recitador, Paco Llorca, ocurrida el 19 de abril de1992.

Podíamos decir que “Versos” fue el poema que empezó a unirme con Paco Llorca (*) y que Paco lo adoptó como a un hijo y lo llevó por ahí para airearlo, como sólo él sabía, en sus frecuentes y espléndidos recitales. El último de los cuales tuvo lugar el día 3 de abril de 1992, es decir, unos días antes de su muerte. Dicho recital incluía un homenaje expreso a Miguel Hernández en el que, naturalmente, y, ya por última vez, volvió a recitar el poema y a poner en los oyentes una erizada carne de gallina. Con alguna que otra lágrima al socaire de la oscuridad de la sala.

El relato completo de esta historia se recoge en el primer capítulo del libro referido, en el que aparecen otros detalles interesantes.

(*) El próximo día 26 de abril, los amigos de Paco Llorca vamos a hacerle un homenaje en Benidorm, en el que no faltarán versos de Miguel Hernández.

Dos

La segunda historia es muy breve, y viene a decir que quien escribe estas líneas, en un inusual acto de atrevimiento, recitó el poema “Versos” sobre la tumba de Miguel Hernández, hecho que ocurrió en el acto final de la segunda edición de la Ruta del poeta (Orihuela-Albatera-Elche-Alicante, tres etapas, tres días, 60 km), realizada en el año 1999 y ahora felizmente consolidada.

Cuando llegamos al cementerio de Alicante, donde está enterrado el poeta, había una multitud considerable de personas que nos estaban esperando, entre las que se adivinaban muchos cargos políticos. Una vez realizadas las intervenciones pertinentes por parte de los organizadores de la Ruta, yo solicité la palabra. Concedida ésta, perforé la línea del frente y, en un impulso espontáneo, me encaramé sobre la tumba, solté lastre, tomé aliento, y, con voz entre desgarrada y atronadora, eché a volar las palomas de la libertad por encima de las cabezas de los asistentes, algunos de los cuales me miraron con verdadero interés y hasta puede que con ojos un tanto desorbitados.

Esa fue la forma, realmente inconsciente, en que un rutero de base les robó a los políticos la foto que saldría al día siguiente en los periódicos, foto que aún debo de tener por ahí, en algún lugar que no salta fácilmente a la vista.

Allí estaban también algunas  personas cercanas y queridas con las que había compartido la Ruta, tales como Fernando y Consuelo, Rosa Mari y Miguel, alguno de sus hijos, los dos míos, mi mujer, así como el escritor y poeta alicantino José Luís Ferris, que aquel mismo año ganaba el Premio Azorín de novela y tres años después, bajo el título “Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta”,  publicaría la mejor biografía que se ha escrito nunca de este oriolano universal que, ante la indignidad o la muerte, no dudó en elegir esta última. La indignidad la eligieron aquellos que, pudiendo haberlo salvado, lo dejaron morir sin ninguna misericordia.
                                                                                                                     



Versos

              
A Miguel Hernández

Trozos de cárcel y pueblo,
filos de reja y espada...
¡Cuánto es el luto del hierro
tras las paredes de España!

Uno es el santo: lo negro;
una es la seña: la patria.
Dos es la sangre del pueblo,
tres es el pueblo que sangra.

¡Qué vas a hacer, compañero,
sino llorar por España!

Llora, Miguel, llora versos,
porque los versos son armas;
porque las armas...¡Secreto!
¡Que no lo sepa el que manda!

¡Cuánta razón es un preso
que hasta la muerte lo callan!
¿Hasta la muerte? Ya muerto
van a ponerte una guardia

¡Ojo al cajón, carcelero!
¡Ojo al cajón de las almas!

- ¡Alto a las sombras! ¿Quién vive?
- Un pelotón de palabras

- Digan el santo
- Lo eterno

- Digan la seña
- ¿No basta?

Leva, Levante, los vientos:
luto, cuchillo y espada.
Toro de amor, alza el cuello;
plántale al tigre la cara.
 
Del libro “Mitad de amor, dos cuartos de querencias”, 1984.

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

3 comentarios:

  1. Que bellas las historias de tus poemas Mariano. Y que homenaje tan maravilloso a este personaje que aprendí a leer desde muy niña, por medio de su poesía afloró mi gusto por este genero. Un abrazo.
    Diana León R.

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  2. Hola, Diana: la contribución de Miguel Hernández a la causa de la poesía es también impagable, ya que además de una contrastada calidad ofrece una extremada sencillez que la hace perfectamente abordable.
    Me alegra que, después de esa introducción en la poesía, te hayas quedado dentro.
    Un fuerte abrazo

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  3. Querida L:
    Es verdad que Miguel Hernández fue, en vida, un luchador valiente y comprometido con la libertad. Y en muerte lo ha seguido siendo, porque, por más que algunos lo han intentado, nadie lo ha logrado esconder o manchar. Ni tampoco sacarle trapos sucios, porque no los tiene. Es más, en Orihuela, su pueblo y el tuyo, no se podían decir ciertas verdades. Y ahora ya sí. Lo que quiere decir que, finalmente, ha tenido más defensores que detractores. Las causas por las que luchó son encomiables y, en su caso, no estuvieron contaminadas por el egoísmo ni por el beneficio propio. La causa de la libertad y la defensa de los humildes sólo le reportó perjuicios. El más notorio de todos, la muerte.

    Yo creo que como poeta se le estima incluso en amplios sectores de la derecha, por lo menos la derecha civilizada.
    Como militante de izquierdas, cada vez es más comprendido porque, siendo visceral, fue noble, honrado, consecuente y bueno. Porque yo creo que, más allá de esa fuerza que tiene como poeta, Miguel Hernández se caía de buena persona.

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