Pantaley, el gato que tiene una estatua en la Puerta de oro de Kiev
...Es
verdad que a Antonia la vimos poco antes en Villajoyosa, donde estuvo unos días
con nosotros. De haber sabido ella que a Martina le gustaban tanto los gatos,
sin duda le hubiera hablado de uno muy
famoso que hay en Kiev.
-¿Está en un zoológico, abuelito?
-No, es una estatua de bronce que
está en la Puerta de oro de la ciudad.
-¿Le han hecho un monumento a un
gato? ¿Por qué?
-Porque el dueño y los vecinos lo querían mucho, se ve que era
precioso y simpático.
-¿Y cómo se llamaba?
-Pantaley, Pantaleimon, Pantaleón...
Algo así. Era un gato persa. Y el restaurante se llamaba Pantagruel. Y creo que
el dueño se llamaba Kota… ¿Quieres saber su pequeña historia?
-Sí, abuelito, quiero saberla.
-Pues verás: el dueño tenía un restaurante en un local que estaba enfrente de donde ahora está el monumento. El gato entraba y salía a su voluntad y era tan apuesto y cariñoso que los clientes lo adoraban. Y los vecinos también, claro. Pero un día… un día…
-¿Qué? Me estás intrigando.
-Que un día el restaurante se incendió y Pantaley murió asfixiado por el humo.
-Vaya, pobrecito.
-Sí, y pobrecito Kota, el dueño del restaurante, que perdió en el incendio todo lo que tenía.
-¿Y qué pasó después?
-Pues verás, los clientes y los vecinos, que eran buenas personas y estaban muy contentas con el gato y con su dueño, se compadecieron de este y le dieron mucho dinero para arreglar el local y abrir otra vez el restaurante.
-Qué buenos, abuelito, así deberíamos ser todos.
-Estoy de acuerdo, Martina.
-¿Y abrió el restaurante? Es que te quedas a medias, abuelito.
-Pues claro que lo abrió. Y como estaba muy contento con las personas que le ayudaron, quiso agradecérselo de algún modo y, con una parte del dinero que le dieron, encargó una estatua de bronce para que todo volviera a ser como antes y no faltara ni el gato.
-Qué historia más bonita, abuelito. Le tenemos que decir a Antonia que nos mande una foto.
-Ya la tenemos, se la hice yo cuando estuvimos en Kiev. Y no solo está el gato en ella, también están Antonia y la abuelita Rosa. Cuando volvamos a casa te la enseño. Es un gato fantástico. Y mucho más con tan buena compañía…
-Claro, porque las chicas lo hacen todo más bonito. Seguro que el gato también era chica.
-No sé, Martina. En torno a esta historia corren muchas leyendas. Algunas de ellas dicen que el gato salvó a no sé cuántos vecinos. Y que es un héroe.
-Yo quiero ir a verlo, abuelito, ¿Cuándo vamos a Kiev? ¿No hay allí un poeta famoso para pasar por su pueblo?
-Pues sí, mira, hay uno muy conocido, se llama Taras Shevchenko y también tiene una estatua en la plaza que lleva su nombre y que está en frente de la Universidad Roja. Antes se llamaba así, porque está pintada de ese color. Ahora creo que lleva también el nombre del poeta. Fíjate si es famoso en Ucrania. Seguro que un día vas a hacerle una visita. Y si yo puedo vamos juntos…Martina sigue estando al corriente de los gatos de Muelas, especialmente de Rayo, que ya es tan grande que no sabe si llamarle Rayito, como entonces. Charo y Jose le mandan fotografías por Whatsapp para que no se le acabe volviendo irreconocible. Y también se las mandan de Luna, su mamá, que ahora vuelve a serlo de cinco hermosos gatitos, tan pequeños y tan monos que Martina se embelesa mirándolos. “Es que son tan bonitos. Me encantan”. La ternura que siente por ellos queda reflejada en sus mensajes de voz. Una voz tan dulce y tan melosa que te hace reír y llorar al mismo tiempo. Porque ante cosas tan auténticas y tan hermosas no hay corazas que impidan que el corazón se parta de risa y se resquebraje de llanto.
Mariano Estrada
Del libro Tierra de Robles, la novela de Martina (2021)

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