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viernes, 11 de enero de 2013

Sueño

Muelas de los Caballeros, foto de Fernando Medrano




Sueño

No sé si volverán las golondrinas a los balcones, pero hay cosas que es difícil que vuelvan a aquellos viejos pueblos en los que, a pesar de la humildad y la dureza del trabajo, imperaba la ilusión, la buena convivencia, el amor, la alegría, el bullicio, la esperanza, la vida.

Al escribir este poema, yo estaba viendo a una mujer que, amorosamente, encendía  el fogón de la mañana, a un hombre entregado al exigente reclamo de los animales, a un niño que enfrentaba sus ojos soñolientos al inmenso tazón del desayuno.

De pronto, el aire se poblaba de sonidos, entre los que destacaban los variados repiques de las campanas. Las calles se poblaban de ganados y de personas, las escuelas de uniformes y de niños. El día era un incesante hervidero de ocupaciones. Las chimeneas humeaban. En la cocina, un caldero colgaba de las caramilleras que había sobre la lumbre. En la calle, un hombre salía hacia sus tierras detrás de una pareja de vacas, otro cargaba a sus espaldas un mañizo de hierba. Este iba a los prados con una azada, aquel iba al molino con un burro y un costal de centeno, el otro iba al pajar con una vieja talega…

El pastor empujaba a las reses ataviado con un morral, unas polainas y una cacha. A su lado caminaban mansamente los perros.

Cacareaban las gallinas en los corrales, gruñían los cerdos en los cubiles, los gatos se paseaban por los tejados y, como música de fondo, sonaban los cencerros y las esquilas…

Dos hombres cruzaban sus alegres saludos en la calle:
-Madrugas mucho, Justino, no se te pegan las mantas.
-Pues tú me vas por delante, Genaro, que al rabo no andas.

No, no creo que todo aquello vuelva. ¿Cómo va a volver algo que en puridad ya no existe? A día de hoy nos quedan unos leves recuerdos que, dentro de unos años, no podrán ser avalados por un solo testigo.

Sin embargo, es bonito soñar. Y además es gratis.

Sueño

Vuelve el fuego a encender la chimenea
de la vieja cocina abandonada.
Vuelve el lustre a las hoces y a la azada,
vuelve al pozo el caldero y la polea.

En las calles humildes de la aldea,
donde puso el silencio su calzada,
se ha erigido una voz ilimitada
que en los pies de los niños corretea.

En los ojos del hombre se percibe
una luz ancestral que lo ilumina,
un destello feliz que lo transforma.

Es el sueño de un alma, que recibe
su legado de paz, su medicina
y el zapato a medida de su horma.

Del libro Trozos de cazuela compartida

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

5 comentarios:

  1. Gracias, Anablel: espero que dure ese entusiasmo. Que tengas un feliz año nuevo.
    Un abrazo

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  2. Lindo como todo lo que escribes. Mariano este fenómeno es mundial, las nuevas generaciones no tendrán estas reliquias

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  3. Lindo como todo lo que escribes. Mariano este fenómeno es mundial, las nuevas generaciones no tendrán estas reliquias

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    Respuestas
    1. Hola, shofar: lo que hoy prima en el mundo es el cosmopolitismo. Y me temo que el amor a la naturaleza es un poco de salón, salvando todo lo que haya que salvar, naturalmente. Gracias y un abrazo

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