Buscar este blog

miércoles, 17 de marzo de 2010

Quiero ser árbol

Roble en Muelas de los Caballeros


Quiero ser árbol

Antes de que los llantos
incontenibles
de mis seres queridos
recorran por mi causa
los caminos de la amargura
y caigan como ríos
por sus mejillas desoladas
hasta mojar la tierra,
ya estaré yo fundido
en extensos abrazos con los árboles.

Ningún otro lugar
me ofrece un parabién
más oportuno y atractivo
ni unas vistas más amplias
ni una mejor respiración.

Que sepan las futuras
generaciones de los sueños,
de las aves y de las mariposas,
que ahí voy a esperar, sin prisas,
el tiempo necesario
para poder formar un bosque
de hermosos ejemplares vegetales
y de perenne humanidad.

Y, siendo más preciso,
quiero ser insertado
en la frondosidad
salvaje de los robles
cuando la hoja es tierna
y en la feraz exuberancia
de los almendros cuando
la desnudez florece.

Pero quiero también
ser rama del otoño,
para vestirme de belleza
y de esplendor, para sembrar
los montes de colores vivos
y  recibir después
-ya en el tronco desnudo-
los callados rigores del invierno:
esos potros de nieve.

Deseo percibir en las futuras
miradas que recaigan sobre mí,
alegrías  y gozos
en lugar de lamentos y tristezas
Y que mis seres más queridos
abandonen los gestos apenados
en beneficio de las
sonrisas animosas.

Y ya cuando la pena se mitigue
y quede en la trastienda
una memoria sin dolor,
yo estaré en el principio
de mi propio deseo.

Quiero ser árbol
para poder ser bosque.
Quiero llegar al corazón
de la madera, donde está
-como alimento irrenunciable-
la procelosa fuente de la lluvia.

Y quiero, finalmente,
pertenecer a una familia
humana y vegetal,
con la vejez dorada
y los retoños trémulos.

Del libro Poemas huérfanos

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

18 comentarios:

  1. Que tal Mariano! un hermoso poema y un bello contenido: trascender! mas soy apenas una sencilla flor nutriendose de la savia de usted
    ( poeta ) arbol... y ya ha trascendido! gracias por compartirla, un abrazo!

    isella valencia

    ResponderEliminar
  2. Entrando en el surrealismo de una forma certera y buena. Bien por estos versos. Te felicito.

    Un placer leerte. Saludos.

    ResponderEliminar
  3. Una sencilla flor nutriéndose de la savia de un árbol. Una preciosa expresión poética. Me ha remitido a una fotografía de mi amigo el fotógrafo Fernando Medrano, aunque no es exactamente una flor, sino una pequeña rama nutriéndose de un tronco seco. Dejaré la foto en tu muro.
    Gracias y un fuerte abrazo

    ResponderEliminar
  4. Gracias, Salvador: un surrealismo bastante comprensible, como sugieres. Sin que por ello haya una contradicción insalvable en los términos que lo definen: automatismo psíquico, superración de lo real...
    Gracias por las flores (para seguir con la jerga).
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  5. Después de haber dado lectura en voz alta a este magnífico poema, percibí algo intenso, la innegable metamorfosis del poeta.

    Hermoso en verdad.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  6. ¿Sabes, María? Me hubiera gustado oírte leer el poema. Y percibir la metamorfosis en tus golpes de voz.
    Gracias por tus generosas palabras.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  7. Casi me hace llorar Mariano,cuanta belleza ,es el poema que yo quisiera saber escribir ,lo entiendo como mi deseo de cuando llegue mi adios ser incinerada y ser parte de un árbol ,en mi caso un olivo ...gracias por compartir esta belleza de palabras..me llega hasta los tobillos ,si.no suena muy poetico pero así me nace ,besos

    ResponderEliminar
  8. Bueno, María Luisa, los tobillos son parte de nuestro cuerpo, una parte que, por cierto, puede ser bien bonita...Y no todas las palabras que utilizamos para expresarnos tienen que ser poéticas, basta con que que digan claramente lo que quieren decir.
    Gracias por este comentario tan sentido. Un fuerte abrazo

    ResponderEliminar
  9. Muda...

    Mis lágrimas son lluvia torrencial,

    ResponderEliminar
  10. Hola, Sillercita:
    Ya desde niño, los árboles han ejercido sobre mí una gran atracción. El roble es el árbol al que yo me subía de niño con frecuencia, casi como "El Barón rampante" de Italo Calvino. Y digo casi porque aquel se subió un día a los árboles y no volvió a bajar...
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  11. Sin palabras !!! En tus hombros a distancia...

    ResponderEliminar
  12. Si me hubiera quedado en los árboles sería un pájaro. Tampoco estaría mal. Lo que pasa es que me dan miedo las escopetas...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Con este poema yo me siento "Sauce Llorón"!Es un poema precioso Mariano.
      Ah! te brotan esos sueños y deseos porque eres un hombre, un poeta de corazón enorme y la sensibilidad a flor de piel.... Sí de la piel que se me enchina....
      Como dice la canción: Gracias por Coincidir en éste mundo! Lo que no me acuerdo es cómo te localicé en la red,jamás había entrado a un blog. Desde entonces te leo, aunque al principio no me atrevía a ponerte algún comentario sabes? Un abrazo que llegue con el cariño que te lo envio.

      Eliminar
    2. Pues los sauces llorones son bien bonitos. En realidad son bonitos todos los árboles. La naturaleza, en general, es realmente hermosa, solo nosotros la hacemos fea a veces.
      Gracias por tus generosas y cariñosas palabras.

      Eliminar
  13. Soy poco amigo de "navegar". Esta vez no me resisto. Me ha entusiasmado tu poema. Precisamente esta tarde caminé entre hayas, robles, abedules y castaños, algunos centenarios:
    Castaño, viejo Castaño
    agotado de subir
    los peldaños de los años.
    Huérfano el pájaro lleva
    la tristeza en su canto.

    Y me emocionaba la policromía del paisaje.

    En otoño se despide
    la savia de primavera
    sin lágrimas en los ojos
    y con colores de fiesta.

    Después de leerte, quisiera que mis cenizas se mezclen con la tierra para asomarme con las rosas para veros.
    Perdona, me he vuelto un poco tontorrón.

    ResponderEliminar
  14. Soy poco amigo de "navegar". Esta vez no me resisto. Me ha entusiasmado tu poema. Precisamente esta tarde caminé entre hayas, robles, abedules y castaños, algunos centenarios:
    Castaño, viejo Castaño
    agotado de subir
    los peldaños de los años.
    Huérfano el pájaro lleva
    la tristeza en su canto.

    Y me emocionaba la policromía del paisaje.

    En otoño se despide
    la savia de primavera
    sin lágrimas en los ojos
    y con colores de fiesta.

    Después de leerte, quisiera que mis cenizas se mezclen con la tierra para asomarme con las rosas para veros.
    Perdona, me he vuelto un poco tontorrón.

    ResponderEliminar
  15. Hola, José Luis: profundos sentimientos los tuyos. A mí, en tu caso, me hubiera pasado lo mismo. Pasear entre todos esos árboles añosos y otoñañes... ¿Habrá mayor delicia en la tierra? Ahí es donde las cenizas adquieren su mayor sentido: abonando las raíces de los árboles y de las rosas. Hermosas reflexiones, bonitos poemas. Un fuerte abrazo desde la suave brisa del mar. Mariano

    ResponderEliminar