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martes, 19 de julio de 2016

Una casa desvencijada


Casa situada en El Charco, Villajoyosa. Foto M Estrada


Una casa desvencijada
El Charco, Villajoyosa

Manuel Mújica Lainez (1910-1984) tiene un libro soberbio cuyo título es Bomarzo. Se sitúa en el Renacimiento italiano, por si a alguien le interesa leerlo. No obstante, y a pesar de lo dicho, el autor declaró en alguna entrevista que su mejor libro era “La casa”, que trata sobre la decadencia de una clase social argentina. Yo he leído ambos libros y difiero de esa opinión. Es cierto que “La casa” es un libro imaginativo, creativo y poético, pero Bomarzo es uno de los mejores libros que uno pueda echarse a los ojos.
     La casa, personificada (es ella quien habla), evoca su época de esplendor mientras la desocupan y derriban, cosa que ocurre a finales del siglo XIX:
     “Yo, que he sido una de las casas más hermosas de Buenos Aires, contemplo cómo me despedazan después de avergonzarme”.
     Pues bien, al hacer la fotografía que os dejo hoy aquí no he podido evitar acordarme de la casa aludida, la de Manuel Mújica Lainez, la que albergó a personajes tan poderosos que los muros se cuadraban ante ellos.
     Por contra, ¿quién habitó esta casa de El Charco de Villajoyosa? No lo sé. ¿De qué vivían los miembros de esa o esas familias? Evidentemente, se pueden imaginar ciertas cosas. Por ejemplo, hay vestigios de una era en el suroeste, delante de la entrada, por lo que cabe deducir que en algún tiempo hubo cultivo de cereales en la finca. En cambio, poco se puede colegir de lo que uno ha visto por dentro, ya que está todo hecho polvo. A pesar de lo cual, creo que se podría concluir que era una casa humilde en la que habitaba gente humilde, al contrario que la de Manuel Mújica Lainez.
     En cuanto al aspecto exterior… Bueno, ya veis cómo están los tejados: desvencijados o derruidos. Alguien se ha llevado las tejas y la pobre, solitaria e indefensa, padece los estragos inevitables de la lluvia y del frío. Lo único que se mantiene de pie son los árboles. Y no todos. Bueno, y los muros. ¡Ay, si esos muros hablaran! ¡Las cosas que tendrían que decir!... Yo me atrevo a asegurar, sin miedo a equivocarme demasiado, que serían unas cosas realmente extraordinarias, pero normales. Esenciales, pero sencillas y domésticas. Vamos, que me juego los cuartos a que en esta pequeña casa mediterránea no vivió jamás don Rodrigo Díaz de Vivar.
     Creo que conozco a sus actuales dueños.

     Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios (19-07-2016)

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