El Charco, Villajoyosa. Foto M. Estrada
El
otoño y el mar
Esta tarde he salido a ver el otoño y me he
encontrado con el mar. Podía decirlo de otra forma: esta tarde he salido a ver
el mar y me he encontrado con el otoño. Ellos, al igual que mi subconsciente, sabían
que los iba a ver a los dos, por eso estaban juntos y meneaban la cola. Yo no sabía
nada, pero es que, de los cuatro, yo soy el único que no se entera de la misa
la media. La media la perdí en el último atraco y en misa no me pillan, ésa es
mi disculpa. ¿Tendré que decir que he disfrutado? Pues sí, he disfrutado. Y
mucho. El mar me recibió con la palidez propia de una tarde de otoño, pero con
una cierta bravura. Tuve que fruncirle un poco el ceño. ¿Qué pasa contigo,
hombre, de dónde te viene hoy esa furia? En cambio el otoño estaba tierno y
manso. Y me dijo: soy tuyo. Y me besó. El otoño tiene los besos muy dulces,
como caramelos. Hacía un poco de viento, pero el viento se fue con el sol, a la
caída de la tarde, también se marchó mi subconsciente y yo quedé a solas con el
mar y el otoño, que es lo que trataba de conseguir.
