Justel, frente a la casa de la Faviana, al lado de la Iglesia. Foto. M. Estrada
Momentos biográficos
Queridos amigos:
Es cierto que a menudo
hacemos un mundo de la cosa más nimia, pero también es verdad que, en ocasiones,
la cosa más nimia se apodera de nosotros y nosotros, que distamos de ser
genios, nos hacemos la picha un lío (tal vez no debiera decir estas cosas, que
son “grande pecado”). Veréis, el lío empezó el día en que me sucedió la ventura
de tener que poner en la solapa unos apuntes biográficos, no en la solapa de la
chaqueta, por supuesto, donde en tiempos no lejanos los chulos ponían una flor,
salvo un tal José Miguel que, llegado de Buenos Aires, traía la flor en el culo.
Me refiero a la solapa de los libros, que es donde se exhibe el santoral, con
la letanía de Nuestra Señora y los misterios
gozosos del rosario. Así, me ocurrió que, tomando en las manos el bolígrafo -aún
no había llegado el tiempo de experimentar con ratones-, quise poner sobre el
papel el lugar de mi nacimiento y... mirad, mirad, amigos, cómo se complicaron
las cosas.
