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viernes, 4 de octubre de 2019

La luna, un poema de Mariano Estrada y una foto del astrofotógrafo Andrew Mccarthy.


Foto del astrofotógrafo Andrew Mccarthy. Tomada de internet sin ánimo de lucro


LA LUNA


 Ya nadie mira a la luna,
la luna ya no es de nadie;
ya no la cubren de besos,
ya no la bañan con sangre.

Ni ya le escriben poemas,
ni ya le clavan puñales;
ya no hay tragedias de amores,
ya no hay amor, no hay amantes.

jueves, 19 de abril de 2012

Las dos soledades



Foto tomada de internet sin ánimo de lucro 


La soledad es un hombre 
que se hace piedra en el alma


Visita en Facebook la página “Propósitos adversos”


Las dos soledades

Tengo dos soledades,
de noche una,
otra de día.
De las dos una es propia,
otra es ajena,
otra no es mía.

Yo no busco la ajena,
porque me niega
toda caricia.
La que busco es la propia,
que me da sueños,
que me da vida.

….

Tengo dos soledades,
una me niega,
otra me afirma.
Tengo dos soledades,
una es de cárcel,
otra de vida.

La de cárcel me llega
solo con odio,
solo en ortigas.
La de vida con ramos
de pena o gloria,
de llanto o risa.

…

Tengo dos soledades,
amada una,
otra temida.
De las dos soy la casa
donde ellas viven
sin ser amigas.

Una vive de noche,
ésa es la propia,
ésa es la mía.
Y la ajena, la otra,
siempre es al alba
cuando me habita.

…

Tengo dos soledades,
una es de muerte,
otra de vida.
Por las dos, solitaria,
corre mi sangre.
Yo soy la herida.

Del libro "Vientos de soledad"

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios


 Foto tomada de internet sin ánimo de lucro

martes, 22 de marzo de 2011

Los caminos de la inocencia


Río Fontirín, Muelas de los Caballeros (Zamora). Agosto 2010


Los caminos de la inocencia

Dos amigos se encuentran después de mucho tiempo sin verse. Ilusionados por el suceso, deciden andar un camino hermoso que ya habían andado muchas veces de niños. En el transcurso del mismo, descubren con sorpresa la gran divergencia de su pensamiento. Se muestran como son, pero saben que ya no son como eran.

…Heme aquí, carne atribulada, monte arriba, piedras arriba, Peñas Arriba. Hacia la cumbre, hacia el pezón redondeado y trémulo, hacia el solar mortificado de la nieve, que se derrite; del agua, que se filtra; de la fuente, que brota en la ladera para hacerse río de sangre y eternidad, río de flora esplendorosa, río de fertilidades multiplicadas, río de belleza, río de gacelas atardecidas, río de baños ateridos y venturosos, río de molinos y amaneceres blancos y crecidas y sones y cánticos y transparencias. Flora no afeitada, flora exuberante y floreciente. Río cercano y entrañable, río del alma que arrastra chorros de vida y bardomera hacia un ocaso de mar y corazones lentos, con mareas de vientre y de ternura. Río de sueños y de amor y de espumas evanescentes y populosas. Río de corrientes atropelladas y de truchas escurridizas. Río de barbos y de carrizos, que son barbas de río. Río elemental. Agua sin espasmos de contaminación, agua de abluciones purificadoras, agua de catarsis, borbotón, agua viva, agua constante, agua constantemente viva.

jueves, 10 de junio de 2010

Sueños de ayer, realidad del presente.

Esta parejita está en el salón de mi casa. Cosas de Rosa


Sueños de ayer, realidad del presente.


Queridos amigos:

Ahora que en esta sociedad sin educación la enseñanza está en estado de ruina, quiero ofreceros un diálogo entre dos amigos que, después de haber sido jóvenes y revolucionarios allá por los 70, se separan, viven independientemente sus vidas y, pasados unos años, vuelven a encontrarse a solas con motivo de una larga excursión. Estas son algunas de las cosas que se dicen:


Sueños de ayer, realidad del presente.
Escrito en el año 2002
....

-Pero yo me refería a nosotros –siguió diciendo Isidro, después de inspeccionar con Antonio las pisadas de la discordia-, los que poníamos la sangre en el empeño y la fidelidad en los ideales; los que leíamos a Rilke y a Neruda, los que invertíamos en el amor y en el aprendizaje porque amábamos a un plazo muy largo...

-Eso es lo que acaso nos perdió, Isidro –replicó Antonio-. El plazo era tan largo que amábamos siempre en el futuro. Y el futuro no llega jamás, porque, si llega, ya es vulgar presente. Amemos, pues, en presente, y amemos de una forma directa, con precisión, con garantía, sin circunloquios estúpidos.

-¿Por ejemplo?- inquirió Isidro.

-Por ejemplo –contestó Antonio-: hay que bajar de las nubes, hay que desmitificar los ideales y las revoluciones, todas las revoluciones, incluidas las buenas, si es que existen. Hay que buscar donde es seguro que haya. Hay que apear de la mirada los candores y los romanticismos. Y en la vertiente puramente amorosa ¿qué quieres?: amemos con el poeta de Sevilla “lo que ellas tienen de hospitalario”...

-Déjalo, Antonio, déjalo, porque tanta claridad es ya dolor –respondió Isidro, tergiversando un hermoso verso del poeta Claudio Rodríguez.

-¿Ah, sí? Pues “no le toques ya más, que así es la rosa” –sentenció Antonio, por su parte, desde la reconocida autoridad de Juan Ramón Jiménez.

-¿Qué rosa, Antonio? ¿la del jardinero, que la cultiva? ¿la del revolucionario, que la persigue? ¿la del poeta, que la canta? ¿la del místico, que la espiritualiza? ¿la del transido por una espada de amor, que la convierte en una baba constante y objetivamente indigesta? Es cierto, las cosas son como son y ahora pintan bastos para nosotros, los que creímos en el amor y en las revoluciones, pero ¿debemos someternos a esta tiranía que ahora nos oprime, llenando los bolsillos de comodidad y la conciencia de vanos subterfugios? ¿Debemos ser mansos hasta el punto de aceptar una derrota sin condiciones? ¿Por qué hay que ser manso para heredar la tierra? ¿Y qué tierra es ésa, que no esté ya heredada por los ricos? ¿Será acaso la tumba, sobre la que, de todos modos, hay que pagar aranceles y peajes? ¿Será quizás el huerto que siempre hemos llenado de conquistas, aun cuando fueran imaginarias? ¡Imaginaria, el búcaro! ¿Será la indignidad, será el salvoconducto de un silencio comprado?

-Los sueños de este tiempo tienen una parcela común –sentenció Antonio-, se llaman adosados y colman con holgura las aspiraciones de las mayorías. Pero yo creo que eso es realmente una conquista.

-Sí, la conquista que sigue a la claudicación.

-¿La claudicación? No, Isidro, la praxis. Qué palabra ¿eh? –Antonio giró el cuello para mirar a los ojos a su compañero-. ¿Te acuerdas? Ahora resulta repelente: la praxis... Pero la gente no es tonta, sabe hasta donde puede llegar y, a partir de ahí, no quiere meterse en honduras ni en berenjenales. Y acaso tenga razón, porque, mira, Isidro, ¿de qué nos vale soñar toda la vida si en los apuntes del alba siempre se nos rompen los cántaros con los que, emulando a la lechera, reescribimos tercamente su famoso cuento?

-¿Y si no soñamos, qué hacemos, Antonio? ¿Nos cortamos la coleta, nos hacemos eunucos, bufones de la corte? ¿Entablamos una larga amistad con los nenúfares? ¿Nos entregamos al vicio? ¿Nos damos vaselina para allanarles el camino a los verdugos? A mí me clavaron otras lanzas que me hicieron otras heridas. Y algunas aún me sangran y me duelen, Antonio, ¡qué le vamos a hacer! Me duelen los oprobios y la esclavitud, me duele la miseria y el hambre, me duele la chavacanería de las televisiones, que se traslada irremisiblemente a la sociedad, me duelen los jóvenes sin lengua, sin lenguaje, me duelen las zancadillas, el beneficio que ofende a la razón y se acomoda impunemente en la usura, las corrupciones, el mamoneo, la deshumanización, la tiranía en el trabajo, el acoso, el abuso, la sumisión de los políticos a las multinacionales, el poder de las mafias y de las drogas...

Del libro Aguablanca: caminos de ida y vuelta (2002)

Mariano Estrada http://www.mestrada.net/ Paisajes Literarios
Blog http://paisajes.blogcindario.com/