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jueves, 21 de julio de 2016

Los montes hay que merecerlos despacio


El Puig Campana. Vista desde El Charco, Villajoyosa 


Los montes hay que merecerlos despacio

Las prisas por llegar a la cumbre no suelen ser  buenas consejeras. Esto lo aprendí de una experiencia en el Salvaguarda, Benasque, monte señero que separa España de Francia. Éramos jóvenes aún, pero los niños lo eran más y aceleraban el paso. En un momento concreto superamos a una pareja de montañeros compuesta por un señor mayor y un chico muy joven. Iban a ritmo de bypass, naturalmente. Y como vieron que nosotros corríamos con la alegría de los principiantes, el señor mayor nos dijo: “Anda como viejo y llegarás como joven”. Pero nosotros seguimos a lo nuestro y les dejamos en los vagones de cola. Tengo que decir, no obstante, que antes de llegar a la meta nos alcanzaron, pero ni ellos se cargaron de razón ni nosotros entendimos el hecho como una derrota. La disculpa la encontramos en los niños…

lunes, 10 de octubre de 2011

Amor y vida


Almendros en Relleu, Alicante. Al fondo el Puig Campana

Amor y vida

Apacentar la luz
en los inciensos del almendro
o en la mirra salobre que rezuma
el mar.

Mirar la lontananza como un
pacto de fe, un haz de lirios,
y ser con el paisaje la unidad,
no el centro.

martes, 16 de agosto de 2011

Placeres de verano: el catamarán de Pere

 Mariano, luciendo catamarán en el puerto de Villajoyosa (12-08-2011)


No me quites el mar
que el agua es vida. 


Placeres del verano: el catamarán de Pere


Mi amigo Pere Garcimartín trabaja en un banco, mejor dicho, en una caja. Y tampoco es del todo correcto, en realidad trabaja en la caja de un banco. Y más correcto aún sería decir que trabaja en dos cajas: una, la del dinero, otra, la de la vida, es decir, la que le protege de las pistolas en los eventuales casos de atraco,  una especie de urna de cristal donde discurren sus mañanas, estáticas y largas,  al compás fatigoso y dinámico de los clientes. Allí está hasta las tres, encajado en la soledad tumultuosa de quien, por imperativo laboral, recoge, reparte, cuenta y defiende el dinero. Ahora bien, cuando sale… ¡Ay, amigos! Cuando sale va derecho a la sal, que está en la mar, con la vida. La mar en femenino, claro, porque él tiene el alma marinera.
-A qué hora salimos, Pere?
-¿Te parece bien a las seis?
-Me parece muy bien.
-Pues no se hable más, a las seis. Entra por el parking del Club Náutico y allí estaré yo, a la derecha.

domingo, 12 de junio de 2011

Ruta del Morer: bellezas de la Marina Baixa

Puig Campana desde El Collado. Foto Joan Piera


RUTA DEL MORER: BELLEZAS DE LA MARINA BAIXA

Podía llamarse la ruta de los madroños, ya que este arbusto tiene una presencia constante en todo su recorrido. Claro que, por esta misma razón, podía llamarse también la ruta del enebro (càdec en valenciano), del brezo, de la aliaga... Y sobre todo del pino, cuya presencia no sólo es continua, sino felizmente abundante. Tanto es así que, de no ser por la variedad, se diría que estuviéramos en Soria, con Machado. Por la variedad y por la orografía del paisaje que, en puntos específicos, admite una honrosa comparación con los Pirineos aragoneses. Tal es el caso de la pequeña cordillera de Els Castellets, en cuyo collado se abre una puerta que nos puede introducir en la mitología con sólo soltar dos muescas la imaginación. El dios está delante, si tomamos el Mediterráneo como referencia. Su figura es imponente, majestuosa; su tamaño, descomunal; su posición, envidia de los elegidos; su nombre, Puig Campana, el vigilante del mar, el testigo impertérrito del nacimiento y de la vida, aunque también de la destrucción y de la muerte...