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sábado, 24 de diciembre de 2016

Nochebuena con humor


Foto tomada en Villajoyosa, M Estrada


La crisis, las prisas y la cena de Nochebuena

Con la confianza con la que uno se dirige a los amigos, empecé a escribir unas líneas de felicitación de Navidad en un correo electrónico, pero al ver que se me iban de las manos las convertí  en este artículo vaporoso en el que no debe buscarse ninguna tierra  profunda, sino solo un poco de humor. No es la primera vez que la literatura hace de mí un esclavo, pero a mí me va la marcha de la sumisión literaria y me he dejado querer con alarmante gusto.

“Querido amigo:
carta te escribo:
si no estás muerto estás vivo”.
     (Anónimo popular que aprendí de mi padre)

Mi padre solía decir que no entendía muy bien las prisas con que se hacían “ahora” las cosas. (Ahora, adverbio del tiempo de mi padre que ha durado hasta hoy, adverbio del tiempo de su hijo que sin duda se extenderá por el mañana, adverbio de un tiempo que no nos pertenece y que tiene vocación de eternidad).
   -No corras tanto, muchacho –remataba mi padre-, que el día de Nochebuena vamos a cenar todos a la misma hora.
   -Solo aproximadamente, Daniel –le respondió un buen día el filósofo local, que era experto en cábalas y en responsos y entendido en latines de los que el cura mascullaba en la misa de los domingos-. El que cena en el norte –prosiguió- no es como el que cena en el sur, el este o el oeste. Unos tienen sol cuando otros tienen sombra. Y cuando unos se acuestan, otros se levantan. Eso sí, todos por la gracia de Dios, de “cuius nomen non volo calentare cascos”.
   -Dices bien, Avelino, pero, pica más o menos, junto al culo lo tenemos, sea aquí o en Flandes.
   -Cierto, cierto… El tiempo no solo es relativo sino también elástico y flexible, como el esfInter de Milán. ¿Qué más da una muesca antes que una brizna después, el luego que el ahora?
   -Ahora, adverbio que nos lleva nuevamente al principio.
   -No, no, en el principio era el verbo. Y el verbo era la palabra. Y la palabra era Dios. Y Dios dijo que se abrieran las aguas, añadiendo: “Creced y multiplicaos”. ¿Comprendes? Así que se abren las aguas, como ríos que anuncian el nacimiento.
   -¿El nacimiento de quién, Ave Lino?
   -Pues el tuyo, leche, el de tu tía la de Burgos o el del alcalde de Consuegra, Toledo.
   -¿Y no dijo nada de la cena de Nochebuena?
   -Sí dijo, escucha: “Uno de vosotros me traicionará”.
   -¿Estás seguro?
   -Completamente.
   -¿No te confundes de cena?
   -De cena, puede, pero no de palabras.
   -¿Y no habló de la prisa?
   -También habló, sí.
   - ¿Y qué dijo?
   -“Lo que tengas que hacer, hazlo pronto”.
   -Ah, pues entonces el mundo no es culpable de su carrera loca. A lo mejor fue el mismísimo Dios el inventor de la prisa…
   -De la prisa y de la pausa, porque inventó también los ronzales, los bocados y los grillos. Para que sirvieran de freno, como las zapatillas de los pobres que van en bicicleta. Un día dijo arre y otro dijo so. En cuanto a las vacas, antes fueron las gordas y luego las flacas. El toro vino después, con Osborne.
   -Vaya, muchacho, no eres tan tonto como nos quieres dar a entender.
   -Ni tú tan sabio, Daniel, ni tú tan sabio. El único sabio que existe es el que es en sí mismo sabiduría, ya que conoce los misterios de los hombres, sus necesidades y sus desequilibrios y les va quitando a unos para dárselo a otros.
   -Eso también lo hemos hecho nosotros, los mortales.
   -Sí, hasta que descubrimos los beneficios de quedárnoslo en casa y fuimos derrotados por el egoísmo y la avaricia. Dentro de poco no quedan ni los bosques…
   -Cierto, ni siquiera el seleccionador nacional.
   Pues eso, hermano. Primero le llamaron Trinidad y luego le llamaron Aleluya. Ahora le llaman crisis y tal vez sea este su mejor nombre. Pero son las mismas vacas bíblicas que pastaron a su antojo en las  praderas del amanecer y que luego, en el ocaso,  se les secaron las ubres y perdieron la exuberancia y el oremus. Ya sabes que, en los años de la niñez, la leche nos la dieron en polvo.
   -Sí, sí, cuando yo era pequeñito me daban la leche en bote…
   -Pues a mí me la daban con guay, chiribí man-guay.
   -Claro, y encima dormías con la criada.
   -Así es, pero no tenía malicia ninguna.
   -Vamos, que eras tonto de capirote…
   Y hablando de la crisis, el otro día le oí decir a una persona sensata: hemos tenido arranque de caballo y parada de burro. Y es verdad. ¿Puede decirme alguien para qué corríamos tanto? Porque yo sí lo sé: nos pusieron delante un balón con forma de zanahoria irresistible, es decir, de oro líquido, de becerro cebón, de pasta gansa, de dinero fácil, de troncho de lechuga salida, de melocotón aterciopelado y prometedores almíbares, de empalagoso zumo de felicidad. Y ya ves, todo era un vulgar castillo de arena, “el cuento de sal y pimiento: la burra preñada y el burro contento”.
   En fin, querido amigo: espero que los turrones de Carremi, que se fabrican en Villajoyosa y son afrodisíacos y reconstituyentes, no se vuelvan pedruscos de la cantera de Sierra Helada, que son fríos como aquella nieve ardiente del Principado de Asturias, en la que resbalaban los cantores de Covadonga, con sus dientes de oro. Los helados de la Sierra son para el verano playero de Benidorm, como las bicicletas de Jaime Chávarri fueron para el Verano azul de Chanquete.
   Que tengas unas gozosas navidades de mazapán y una Nochevieja con jugo transformado de bellota y húmedos salpicones de uva fermentada, que no es otra cosa que el mosto del corazón. Do you, darling? La próxima vez que nos veamos te invito a unas ingles de gamba, que es lo que ahora se toma en Tanganica. Tú pagas y yo te bailo el agua que no has de beber, porque los peces como tú no tienen río propio, salvo en aquellas ocasiones en las que se arriman a un poste de la luz, mean la cerveza y se rascan los cueros como las vacas de la crisis.
   Un abrazo y felices fiestas
   PD: cuando el mundo no tenía televisión, los dichos sobre la Nochebuena no eran mancos ni pocos. Este es de los que más me encandilaban:

Esta noche es Nochebuena,
noche de comer patatas,
que ha parido la Estanquera
un burro con siete patas.

17-12-2011

2 comentarios:

  1. Los ajos por Navidad, ni nacidos ni por sembrar.
    El frío puede entrar de repente, entre Navidad y los Inocentes .
    Hasta el día de Navidad no es invierno de verdad.
    Algún refrán más para que te encandiles, rabadán!
    Abrazotes... y Feliz Navidad!!!

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  2. Gracias, Julito: por un momento me has recordado a Sancho, que siempre replicaba con refranes. Y a mi abuelo, que tenía más de uno para cada ocasión. Sin embargo, no me cuadra nada el personaje de Sancho en tu figura, que tira más bien a la estilizada configuración de don Quijote. ¿Serás acaso un compendio de estos dos personajes, que son las dos caras del inigualable Manco de Lepanto? Un fuerte abrazo, feliz Navidad y afortunado año 2017.

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