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jueves, 20 de septiembre de 2012

Admíteme en el cáliz




Rosa en El Vaticano, 1975


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Admíteme en el cáliz

Admíteme en el cáliz
                  donde tú te proteges de la noche,
porque estoy perdido
                      ¡Perdido!

Hay paredes vivas que se desploman,
hay apariciones que me persiguen,
alimañas, gatos, murciélagos umbrosos,
punzones recortados en lamento agudo de perros,
                              llorando quizás una desgracia.
Lamentos prolongados, tristes,
que cortan en bisel mi soledad más honda.

Lances de terror, tiemblos de carne,
memoria lacerada por los filos noctámbulos del vidrio,
una sábana blanca, un ataúd, un toro de sombra,
una vela encendida,
los alares bajos de un nicho
                              por donde asoma la muerte.

Nada ocurre, nada.
Solo el aire zumba.
Pero yo estoy muerto de miedo.

Ábreme ese cáliz venturoso
donde la noche transcurre sin pesadillas,
donde tú recibes el alba con los ojos cerrados
hasta que un hálito adulto te desdobla
después de asegurarte que se han ido los muertos.

Del libro “Azumbres de la noche”

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

2 comentarios:

  1. De acuerdo, Jorge: siempre que podamos.
    Gracias por la opinión.
    Un abrazo

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