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sábado, 18 de junio de 2016

El carro



                                                                                  Foto de Fernando Medrano
El carro

Queridos amigos: hasta hace unos años, pero no muchos más de la mitad de los que yo tengo ahora, en cada casa de Muelas de los Caballeros había un carro como el que aparece en la foto. A día de hoy, para ver uno de ellos hay que recurrir a Fernando Medrano, que vive en Benidorm, cerca de la casa de Manolo Escobar... ¿Será Manolo Escobar el que se ha llevado todos los carros de Muelas, como un día se llevó el corazón de algunos de sus habitantes?

   A mi padre, por ejemplo, le gustaba Manolo Escobar, no por el carro, naturalmente, ni tampoco por las rosas de su cortijo, sino porque le daba la impresión de que cantaba sin excesivos esfuerzos: vamos, que “no se cansaba”, para decirlo de la forma en que él lo diría. En el otro platillo de la balanza, podíamos poner a Dyango, del que algunos dicen que canta como si estuviera estreñido. Dicho sea con todos los respetos del mundo porque la verdad es que Dyango canta muy bien. Me refiero solo a ese modo suyo de empujar hacia el viento la música.
   Lo de mi hermano, que se llamaba Lisardo, era mucho más grave. Para él no había otro cantante en el mundo. Ni en el mundo había dinero para comprar los quereres ni para hacerle cambiar de opinión. Decías Manolo y los ojos se le volvían castañuelas. Decías Escobar y el aire se poblaba de murmullos y de canciones. Yo creo que hasta doblaban su rama los limoneros, y eso que, en Muelas, donde los árboles abundan, limoneros no había ninguno.
   Pero volviendo a los carros, por culpa de uno de ellos, pasé yo el miedo más grande que pueda pasar un niño en la vida. Atravesado en una pequeña ladera o pendiente de la cantera del Llojadal, donde había sido aparcado para cargar unas losas de pizarra, al tirar de él las vacas para devolverlo al camino, empezó a hundirse ostensiblemente una rueda, la cual se asentaba sobre cascotes. Al fondo había un precipicio al que parecía abocado sin remisión. Y si el carro se iba, detrás se iban las vacas. Pero a mi padre, consciente de la gravedad, no se le ocurrió otra cosa que ponerse a empujar con el hombro, justamente por donde el carro vencía. O sea, que podía haberse ido él también, como a mí se me iba en temblores el corazón.
   Finalmente, cuando el carro pudo salir del atolladero, los ojos se me ahogaron en un proceloso río de lágrimas. Y esto no es una metáfora hueca. ¿Tendré que decir que yo quería mucho a mi padre? Son muchos los años transcurridos desde el incidente, pero el recuerdo me sigue produciendo escalofríos. Naturalmente que quería mucho a mi padre.

15-11-2007 
                                                                                                       
Posdata: curiosidades:

Una
   -El carro también recibía el nombre de carreta.
   -La tabla blanca donde iba la matrícula se llamaba tablilla. Los números y las letras se escribían a pulso. O sea a mano.
   -Los laterales se llamaban costanas, en otros sitios se les llamaba teleras (y costanas a las tablas con las que están construidas).
  
Dos
   -Para dejar el carro en posición horizontal, cuando está parado, se utiliza un palo cilíndrico que va sujeto debajo de la bracera. Se llama tentemozo.
   -La estructura sobre la que se arma el carro es una viga de roble que se abre en horquilla, como un tirachinas. La pieza entera se llama icesa en algunos lugares. La parte delantera, que es a la que se sujetan las vacas, se llama bracera.
   -La parte de la rueda más alejada del eje, sobre la que se apoya la llanta, está formada por unas piezas de madera en arco que se llaman pinazas.

Tres
   -Para que las ruedas no se salgan, hay una pieza de hierro que atraviesa el eje perpendicularmente. Se llama pina.
   -La parte central de la rueda se llama cubo.
   -El eje se apoya en una pieza que se llama buje o cojinete.
   -Del cubo parten unas piezas de madera que van hacia las pinazas. Se llaman radios
   -La parte donde se pone la carga se llama meseta. En algunos sitios la llaman desojao.
  - Los refuerzos de las costanas se llaman traviesas.
   En fin, creo que se puede montar en el carro sin saber estos y otros nombres de sus partes. Lo que sí conviene saber, sin embargo, es que todos los golpes que se dé el carro contra las piedras van a repercutir directamente en tu culo, si es que vas sentado.

10-06-2012

Del libro La dimensión poética del mundo (2016)
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

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