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sábado, 13 de agosto de 2016

Diálogo en el peaje de la autopista



 Zona peaje autopista, Villajoyosa. Fondo Puig Campana. Foto M Estrada

Diálogo en el peaje de la autopista
Mimosas iridiscentes, Villajoyosa

Un día, no recuerdo exactamente el motivo, andaba por los entornos del peaje de la autopista. Las mimosas estaban florecidas y, aprovechando que llevaba la cámara, me dispuse a hacer unas fotos. Anduve mariposeando por la zona y pronto me di cuenta de que los paisajes más apetecibles en aquellos momentos quedaban en el recinto interior, es decir, en el área de influencia del peaje. Así que me adentré furtivamente por la zona de los accesos, que estaban realmente circundados de flores. Entusiasmado como estaba con el quehacer fotográfico, no me percaté de que se acercaba alguien por la retaguardia.
-¿Qué hace usted aquí? –me dijo con una entonación muy correcta.
-Pues ya ve usted, hago fotos.
-¿Para qué? ¿Va usted a poner alguna denuncia?
-¿Denuncia? No, no, yo hago fotos porque me gustan las mimosas, sean flores o no. ¿A usted no le gustan las flores?
-Eso no tiene nada que ver.
-Claro que tiene, amigo, ¿está usted casado?
-¿Importa mucho?
-Ya veo que sí.  ¿Tiene hijos?
-Pues sí, la parejita.
-¿Ve usted como le gustan le flores?
-Claro que sí, pero estoy en mi trabajo y no tengo tiempo para fijarme.
-Pues debería…
-¿Usted cree?


-Lo creo firmemente. Si usted mirara las flores de vez en cuando su trabajo sería más llevadero. Y no digamos ya si las oliera… ¿Por qué no las huele?
-No le digo que no, pero ahora tengo que irme. Y usted también. Ya sabe que esto es privado
-Lo sé, lo sé…
-Y que en cierto modo es usted un intruso.
-¿Cómo que en cierto modo? Soy un intruso total. Y, además, he robado unas fotos.
-Bueno, solo son unas flores.
-Pero están desnudas…
-Jajá... Eso sí que no lo había yo pensado.
-¿Sería un agravante en caso de detención?
-¿Detención? Nadie va a detenerle por esto.
-En ese caso, ¿podemos ser amigos?
-Claro que podemos.
-¿Y podemos tutearnos?
-Si lo prefieres…
-Entonces dame tu email.
-¿Para qué?
-Para mandarte las mimosas que te he robado. ¿Quieres que te las mande?
-Si no es mucha molestia…
-No es molestia ninguna. ¿Cómo te llamas?
-Jacinto.
-Vaya, ¿cómo no van a gustarte las flores? Yo me llamo Mariano, y me gusta el mar.
-Gracias, amigo.


-¿Amigo o intruso?
-Con intrusos así, ¿para qué se necesitan amigos? Vuelve cuando quieras y yo mismo te acompaño a hacer las fotos
-¿Y la propiedad privada?
-Que se joda un poquito, las flores bien lo merecen…
-¿Seguro?
-Y tanto, hoy mismo le llevo un ramo a mi mujer, verás que contenta se pone.
-Bueno, bueno… Intuyo una larga noche de juerga… Hasta la próxima.
-Que sea pronto…
Hablando y andando, nos habíamos acercado hasta mi coche. Cuando lo puse en marcha para irme, la cara de Jacinto parecía un poema. Me miraba como si estuviera en un sueño. En realidad, creo que quedaba pensando algo así: ¿de dónde habrá salido este tío?

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
13-08-2016

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