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¿Somos contradictorios?
No es la primera vez, ni creo que sea la última, que una persona se define a sí
misma con términos contradictorios. Yo lo he hecho así: Soy astilla de fuego
/ copo de nieve / pelo cano de hombre / risa de nene. Sin embargo,
paradójicamente, a menudo me he expresado de manera absolutamente categórica,
sin asomos de duda, con palabras contundentes y precisas, con ideas suficientes
y acabadas.
Fue Walt Whitman, el autor de Hojas de hierba y poeta de la naturaleza y
de la libertad, quien dejó este asunto muy claro: ¿Me contradigo? Muy bien,
entonces me contradigo (Soy enorme, contengo multitudes). Que es un modo de
darle la vuelta a las cosas, es decir, reconocer la contradicción en la que uno
se desenvuelve todos los días, pero no como desdoro, sino como enriquecimiento
o grandeza; no como denigración, sino como alabanza. Aglutinar es mejor que
separar. Ser esto y aquello es mejor que ser esto o aquello.
Y aunque no aceptamos con gusto que nos lo echen a la cara, lo cierto es que
somos un manojo de contradicciones. La naturaleza humana se empeña en afirmar
lo que antes ha negado, a veces, incluso, negando al mismo tiempo que afirma. Donde
ahora me afirmo / vuelvo a negarme / Y pendulo entre extremos / equidistantes.
Porque, al fin y al cabo, la afirmación y la negación, ¿no son dos caras de una
misma moneda? La razón nos dicta una cosa, pero el corazón no se atiene a
razones, sino que va por libre ¿Por qué, si no, amamos a una persona cuando la
razón nos está diciendo, a veces con meridiana claridad, que esa persona no nos
conviene?
Sabemos que no es bueno excederse con el alcohol, pero nos excedemos. Sabemos
que no es bueno fumar, pero fumamos. … ¿Por qué fumamos, señora Ministra? “¿Fu
man chú?” “Yo chí ¿y chú?” Reconocemos que “No es más rico quien más tiene,
sino quien menos necesita”, pero todos nos empeñamos en acumular y rodearnos de
un montón de servidumbres y de necesidades ¿No es verdad, queridos notarios y
registradores? ¿No es verdad, agentes inmobiliarios, fabricantes de
automóviles, propietarios de grandes almacenes y de pequeña bisutería? ¿No es
verdad, productores de potingues interminables y de cosmética vana? ¿No es
verdad, señores banqueros? ¿No sois vosotros beneficiarios de tanto
atesoramiento con hipoteca?
En fin, no creo que sea necesario insistir en algo que parece tan obvio. Yo
tiendo a creer que, en la intimidad de cada uno, todos hablamos catalán y
comprendemos a Whitman. Dejo aquí una muestra explícita de que quien esto
escribe reconoce sus contradicciones, si no en las discusiones acaloradas -en
las que llegamos a ser excesivamente apodícticos-, sí en los reposados momentos
que empleamos en escribir una reflexión o un poema. Éste, por ejemplo:
Flor y hueso
Del libro “Vientos de soledad” (1984)
Por una parte flor, por otra hueso,
a veces cocodrilo, otras venado,
mantengo entre lo seco y lo mojado,
un labio en el mordisco, otro en el beso.
Y voy, como la duda, libre y preso,
lo mismo a lo banal que a lo sagrado;
un paso de mi andar a cada lado
del linde entre la vida y el deceso.
Un ojo a la carencia, otro al exceso,
tan pronto libertad como candado,
lo espeso por aquí, allí lo adrado.
Que soy, como la vida, pluma y peso,
orgullo y humildad, virtud, pecado
y lobo en la mitad, mitad ganado.
Mariano Estrada
www.mestrada.net
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