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jueves, 20 de octubre de 2011

Una bolsa de plástico


El Charco, Villajoyosa. Foto Mariano Estrada 

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Una bolsa de plástico

1

Losa azul, agua
del mar, crispada por el aire. 
Playa anónima, cala recoleta
de la asediada costa levantina,
donde la luz mantiene su aposento.

Naturaleza viva y cruda,
verdad, belleza, transparencia,
realidad sin oprobio,
ausencia de profanación,
pureza evolutiva,
mismidad en el tiempo,
ser en sí, cuerpo sano y
constantemente limpio.

Claridad inmanente, vieja
materia transitiva, estado puro,
sonoridad gozosa, música
de bramas naturales
sin batuta y sin límite.
Principio largo,
desarrollo impoluto, verso
de poema jamás interrumpido.

Renovación continua, alegoría
cierta de la soñada eternidad,
esencia permanente,
legado sin propósito o destino
que no sea su proyección
celosa en el futuro
vital del universo,
que es el agua y los peces,
que es el aire y las aves,
que es el sol y la luz y la armonía
sagrada del espacio y de la tierra.

El Charco, Villajoyosa. Foto Mariano Estrada


2

En este cuadro idílico
de persistencia virginal,
comparece de golpe
una bolsa de plástico, una simple
mancha que apenas es un punto
minúsculo del territorio
universal urbanizado.
¿Por qué está usted aquí, despojo
de materia perturbadora,
y no en el almacén de reciclaje?

¡Cómo se desdibuja el panorama
del entorno por esta causa mínima!
¡Cómo incide en la vista y el espíritu!
Y cómo palidece la belleza
ante la espada de un guerrero
de apariencia tan leve
que no alcanza siquiera la minucia.
Una bolsa corriente del mercado mundano,
una sustancia inerte, intrusa, náufraga,
inoperante y sola, casi
del tamaño de la ridiculez.

¿Por qué el temor, entonces?
¿Por qué el desasosiego?

¡Ah! ¿Por qué Troya?
¿Por qué belfos y vientres y metáforas?
Todo es pureza en este mundo
traidor, en esta carne débil,
en esta vida efímera,
hasta que una pequeña bolsa
de plástico aparece
de pronto en el pulmón
más sano y más oculto
de la naturaleza viva,
e interrumpe, matiza y condiciona
la uniformidad gris
de una radiografía rutinaria.

Una radiografía del instante
que, con ley o sin ley
-y puede que al amparo de la ley-,
sufrirá los estragos
insaciables de la codicia,
hasta integrarse en la comunidad
territorial de los enfermos
de lesa civilización.

¿Cuántos años le quedan
para cambiar el escenario
de la salud, de la pasión,
de la belleza,
por el mugriento estercolero
del interés, del beneficio,
de la basura?


Foto tomada de internet sin ánimo de lucro

Del libro "Las orillas del mar"

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

4 comentarios:

  1. Por qué está usted aquí, despojo
    de materia perturbadora,
    y no en el almacén de reciclaje?
    BOLSA DE PLASTICO :
    Hermosas frases poéticas, casi hechas canción para este mundo contaminado...ojalá los que estén ciegos algún día vean y los sordos escuchen

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  2. Hola, Anónimo:
    La vista tolera muy mal los plásticos abandonados a su suerte, tanto los que caen al mar como los que ruedan con asquerosa libertad por algunos parajes de la tierra, sean montes, valles, ríos o llanuras. En ese sentido, tal vez el plástico sea el mayor símbolo de la degradación de nuestra civilización.
    Un abrazo

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  3. ¡Hola Mariano! ¡Qué crudo pasar del suave embeleso de la contemplación de un paisaje idílico al basurero que muestran algunos rincones de nuestra naturaleza! Somos un país de guarros y, a pesar de los esfuerzos de los políticos y sus contenedores por mantener limpito el territorio, aún nos cuesta trabajo el asunto del reciclaje. No me refiero sólo a los que habitan las grandes urbes, también los campesinos se muestran reacios a separar lo orgánico de lo que no lo es. Antes quemaban en el hogar de la cocina leña, cartones o lo que fuera, lo orgánico para estiércol o para el cerdo; ahora, merced a las modernas cocinas eléctricas, todo se embucha en la bolsa de plástico perturbadora. ¡Bonito planeta plastificado legamos a las futuras generaciones!
    Un abrazo, poeta.
    Ascensión

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  4. Hola, Ascensión:
    Sí, suena un poco mal, pero lo cierto es que somos bastante guarretes. Últimamente, todas las culpas se las echamos a los políticos, y muchas de ellas se las echamos con razón. Pero rara vez reconocemos que nosotros también somos culpables de muchas cosas. Y ésta es una de ellas, pocos se atreverán a negarlo.
    Los ciudadanos no somos muy conscientes de la gravedad de este problema, pero es realmente grave. A lo mejor la Administración no tiene más remedio que "mentalizarnos" con medidas de naturaleza económica. Parece ser que la concienciación se adquiere más fácil cuando nos rascan inmisericordemente el bolsillo.
    Claro que la Administración es la primera que tiene que dar ejemplo. Y no solo haciendo las leyes, sino cumpliéndolas.
    Tu comentario es muy oportuno.
    Un abrazo

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